En principio, cuando la economía va mal, lo que se hace urgente es simplemente sobrevivir, es decir, hacer lo que se pueda para evitar una quiebra. Sin embargo, las decisiones empresariales y profesionales que vayan en esa línea no son necesariamente homogéneas, porque sobrevivir en tiempos difíciles no es sencillamente apuntar a la reducción de costos. Esto se debe a que unas decisiones empresariales asociadas a la eficiencia de costos pueden hacer perder valor y otras, en cambio, logran conservarlo y apuntar al largo plazo. Pensemos, por ejemplo, que el despido de un trabajador no es simplemente una reducción del costo en materia de compensaciones, sino también un capital humano que se pierde para esa misma empresa y que, muchas veces, será difícil de recuperar. En este sentido, el despido u otras decisiones empresariales que apunten a resistir de mejor manera el temporal, pueden ir progresivamente hipotecando el futuro de las industrias y del trabajo. 

Es precisamente en este sentido en el que la ética empresarial juega un rol que no es sólo normativo (en cuanto que recomienda que no se comentan injusticias o se infrinja la ley), sino también estratégico. Esto se debe al hecho de que la narrativa de la ética empresarial resguarda precisamente la conveniencia de velar el largo plazo en la medida de lo posible. Ahora bien, para que esto no sea un simple discurso (wishful thinking), la cuestión debe abordarse con la siguiente pregunta: ¿qué debemos hacer todos para salir adelante? En otras palabras, cómo resguardamos la integridad de la empresa, con todos sus miembros, aún cuando sea que todos ganemos menos y corramos los mismos riesgos. El largo plazo suele resguardarse a través de las decisiones que apuntan a mantener la integridad de la empresa, al reforzamiento del espíritu de cuerpo, no a su desmembramiento. Pero, ¿es esto fácil? No, al contrario, es de seguro más difícil que la simple reducción de costos. Sin embargo, como ocurre en los asuntos humanos, lo que es más importante requiere más trabajo e inteligencia; que es precisamente lo que exige una buena ética para tiempos difíciles.   

*Javier Pinto es profesor del Centro de Ética Empresarial, ESE Business School.

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