El sistema de partidos en España ha sufrido cambios importantes durante la última década. En un principio, y desde que se consumó la transición a la democracia a finales de los años 70 del siglo XX —cuando se estableció una nueva constitución en 1978 y volvieron a realizarse elecciones libres—, el sistema se fue orientando hacia un bipartidismo bastante marcado. Dicha tendencia fue deliberadamente alimentada durante los pactos de la transición mediante un sistema electoral diseñado ex profeso para otorgar una sobrerrepresentación parlamentaria a los partidos con mayor presencia nacional, aminorando así el peso de las fuerzas centrífugas del separatismo vasco y catalán o de las minorías antisistema.

En virtud de este diseño institucional, el histórico Partido Socialista Obrero Español (PSOE) aglutinó mayoritariamente el voto de las izquierdas, mientras que por el lado de las fuerzas conservadoras el joven partido Alianza Popular se refundó bajo el nombre de Partido Popular (PP), con un perfil más centrista y liberal pero claramente enfocado en el objetivo de captar “todo lo que esté a la derecha de la izquierda”. El carismático Felipe González y el metódico José María Aznar fueron, durante un par de décadas, las figuras principales de este nuevo panorama político, durante el cual España pudo dejar atrás los tiempos de la dictadura e insertarse de lleno en una Europa democrática, moderna y próspera, adhiriéndose tanto a la Unión Europea (UE) como a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Grosso modo, durante tres décadas la función desempeñada por el PSOE ha sido la de ampliar los márgenes de acción del Estado con el propósito de incidir con mayor fuerza en la redistribución de la riqueza, mientras que el PP se ha centrado en equilibrar las cuentas públicas cuando la situación económica empeora como consecuencia del endeudamiento del Estado, el aumento del paro y la desaceleración del crecimiento. Otros factores coyunturales también han ejercido un peso crucial en momentos puntuales (atentado de Atocha en 2004, convocatoria anticipada por José Luis Rodríguez Zapatero durante la crisis financiera en 2011, procés catalán y moción de censura a Mariano Rajoy en 2018, etc.), pero la dinámica general ha tendido a ser la señalada en líneas anteriores.

Ahora bien, durante la última década ese bipartidismo controlado durante 30 años por PSOE y PP ha sufrido cambios importantes. El sistema ha tendido a funcionar recientemente como un multipartidismo moderado con el surgimiento de tres organizaciones partidistas de alcance nacional que respectivamente se orientan hacia la izquierda, el centro y la derecha: Unidas Podemos, Ciudadanos y Vox (relevante a escala nacional a partir de 2015). El desgaste experimentado por los dos grandes partidos tradicionales tras unas tres décadas en democracia, aunado al surgimiento de jóvenes liderazgos alternativos (Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Albert Rivera, Inés Arrimadas, Isabel Díaz Ayuso, Irene Montero, Begoña Villacís, Santiago Abascal, etc.) y al cambio generacional en España, han hecho que la ciudadanía le brinde la oportunidad a nuevas opciones políticas. En parte, los también jóvenes Pablo Casado y Pedro Sánchez fueron electos en su momento como líderes sus partidos en el maraco de esta tendencia general.

Pero ¿ha llegado para quedarse esta tendencia al multipartidismo? Durante varios años muchos han pensado que sí, llegando a comparar el sistema de partidos en España al enormemente fragmentado que tradicionalmente ha funcionado en Italia durante las últimas décadas. No obstante, la dinámica observada durante los últimos dos años parece apuntar en otra dirección.

Por un lado, en las tres elecciones autonómicas que se han celebrado anticipadamente durante los últimos 14 meses por iniciativa del PP (Madrid, Castilla y León, Andalucía), el partido liberal-conservador ha logrado evidenciar una clara tendencia hacia su recuperación como principal opción de la centroderecha. En estas tres ocasiones, un partido como Ciudadanos (en el que a Inés Arrimadas le ha costado mucho subsanar el declive que ya había motivado la dimisión de Albert Rivera) ha sido prácticamente barrido del mapa. Por su parte, Vox registró un fuerte avance en Castilla y León al pasar de 1 a 13 escaños, forzando así al PP a sellar un pacto de gobierno y entrando en la legislatura, pero en los casos de Madrid y Andalucía apenas logró crecer, y sin impedir en este último caso a los populares alcanzar la mayoría absoluta en el feudo histórico del PSOE.

Tanto Isabel Díaz Ayuso en Madrid como Juan Manuel Moreno en el sur han sabido interpretar los momentos y el sentir del electorado para hacerse con grandes victorias. Por su parte, el nuevo presidente del partido, Alberto Núñez Feijoo, ha impreso en la organización un tono más moderado y pragmático que el de su predecesor Pablo Casado; un movimiento que, a pesar de haberse producido de modo bastante traumático, parece haber beneficiado mucho al PP en un país que, como tantos otros tras la pandemia, se muestra ahora muy preocupado con el avance de la inflación.

Por su parte, el PSOE de Pedro Sánchez sigue dependiendo de sus socios de la izquierda y los separatistas vascos y catalanes para poder gobernar. No obstante, y a pesar de los malos resultados obtenidos en las últimas tres elecciones autonómicas, también parece recuperar terreno ante sus competidores de izquierda. Las recurrentes pugnas que vienen teniendo lugar en el seno de Unidas Podemos, propiciadas por la falta de consenso en materias fundamentales, han incidido negativamente en los resultados de dichas elecciones autonómicas, para las cuales emergieron nuevas marcas como Más Madrid, Adelante Andalucía o Más Andalucía.

En este caso, y en una senda parecida a la seguida por Ciudadanos, a la emergente Yolanda Díaz le ha costado mucho subsanar la caída que se ratificó con la dimisión de Pablo Iglesias tras su fracaso como cabeza de lista en las elecciones madrileñas de mayo de 2021. Frente a este declive, el electorado de izquierdas, cuando no ha decidido abstenerse, parece haberse vuelto a inclinar por el PSOE como opción preferente, y ello a pesar de que la actual legislatura, encabezada por Pedro Sánchez, evidencia ya claros signos de desgaste. Todo parece indicar que el talante más moderado y la actitud más constante del presidente socialdemócrata convencen más, a pesar de los pesares, que la corta pero ya muy errática trayectoria de Unidas Podemos y asociados.

De momento es pronto para afirmar que se está consumando el retorno del bipartidismo en España. No obstante, el rápido declive de organizaciones como Ciudadanos y Unidas Podemos, unido al frenazo experimentado por Vox en Andalucía, permite inferir que a los partidos tradicionales PP y PSOE aún les quedan muchas vidas. Ventajas importantes como su gran implantación territorial y marca bien consolidada siguen pesando mucho, especialmente cuando dichas organizaciones demuestran contar también con los reflejos necesarios para renovar a tiempo sus ofertas políticas.

*Miguel Ángel Martínez es Doctor en Conflicto político y Procesos de Pacificación. @martinezmeucci

Deja un comentario

Cancelar la respuesta