Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 15 de noviembre, 2019

Ernesto Tironi: ¿Yo, nada que hacer?

Economista Ernesto Tironi

¿Estamos haciéndonos cargo como ciudadanos, papás, mamás, abuelos, trabajador, profesor, del sistema que estamos con-formando? ¿No habremos estado compensando con cosas materiales nuestras ausencias; el no haber estado suficientemente presentes en la crianza de nuestros hijos? ¿Será que por haber recibido tanta cosa material mal regalada, ellos no valoran lo que están destruyendo, incluida la imperfecta democracia que tenemos todavía?

Ernesto Tironi Economista
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Mucha gente dice, ante lo que nos ha ocurrido en Chile desde octubre, “Ando con una pena”….Y algunos agregan: “¡Qué impotencia!, ver tanta destrucción de cosas que ha costado tanto lograr”. Y desde allí la conversa se va rápidamente a criticar la ineptitud del Presidente, de los políticos, del sistema económico, los abusos de las empresas, y por ese camino seguimos. Todo está fuera de nosotros mismos, de todo tienen la culpa los demás. ¿Y nosotros? ¿Yo, no tengo ninguna responsabilidad de lo que nos ha llegado a pasar? La respuesta convencional que todos nos damos es: “Por supuesto que no tengo responsabilidad; soy un simple ciudadano sin cargo alguno de autoridad”.

¿Será tan así? ¿Será verdad que en lo que ocurrido los simples ciudadanos no hemos tenido responsabilidad alguna? Mi respuesta es que sí la hemos tenido y tenemos todavía mucha responsabilidad sobre el desenlace de esta crisis: para bien o para mal. Digo más todavía: la salida depende fundamentalmente de una decisión que cada uno de nosotros como persona libre y capaz de reflexionar tomemos en los próximos siete días. Veamos, empezando por mirar un poco hacia atrás.

El Estallido Social de Octubre comenzó como un incendio que se produce en una pequeña estufa. Esta fue la evasión del pago del Metro que iniciaron los estudiantes. Podría haberse apagado con un extintor. Pero no; apareció en vez el soplido de mil bocas como fue el aplauso de los pasajeros en la estación. ¿Existe un ciudadano más de a pie que un pasajero del Metro? Pero la cosa no quedó ahí. El fuego se expandió a la cocina entera cuando todavía más pasajeros celebraron la violencia con que los estudiantes destruyeron los torniquetes. ¿Ustedes creen que no influyó en ellos el aplauso anterior (a la evasión) para atreverse a romper torniquetes? Y de allí, el paso a quemar las estaciones fue muy corto y todavía había aplausos y justificaciones por el malestar ante el alza del pasaje, los abusos de las empresas, el gobierno insensible que no escucha, etc. El resultado fue la etapa siguiente: saqueos, incendio de supermercados, destrucción de semáforos, oficinas públicas. Y eso, justificado por la opinión de muchos, especialmente por políticos irresponsables de centroizquierda, que era un costo menor y necesario para que el gobierno escuchara a la gente, mejorara más las pensiones, cerrara las AFPs, terminara el CAE, el TAG, etc. Lo descrito es una simple comprobación más de que las sociedades somos un sistema interconectado de individuos y grupos impulsados por ideas, emociones e impulsos que se influyen y contagian unos a otros.

Al principio de este proceso, incluida la Marcha del Millón de personas en Santiago (el día 8), esas reacciones de la gente en general y sus motivos para realizarlas parecían atendibles. Pero desde el retiro de las Fuerzas Armadas de la calle, la eliminación del alza del Metro y electricidad, la presentación de una sustantiva Agenda Social, el cambio de gabinete, y otras importantes concesiones del gobierno, cambió profundamente el contexto hace ya diez días. Sin embargo la violencia no disminuyó. Al contrario, se extendió en amplitud a regiones y en grado de violencia. ¿Por qué?

La respuesta frecuente ha sido que la mantención de la violencia se debe a que sería un plan organizado por ciertas fuerzas políticas o que la gente no confía en los ofrecimientos del gobierno ni de otras instituciones. Son un engaño más. También se argumenta que los políticos, parlamentarios y altas autoridades de gobierno son unos ineptos. Quisiera proponer otra interpretación para que reflexionemos sobre ella.

Postulo que a lo largo de estos 27 días, millones de ciudadanos nos hemos planteado y respondido de determinada manera una gran pregunta: ¿Sigo saliendo a la calle, a las manifestaciones, me sumo a la huelga de mi sector, salgo a tocar cacerolas? ¿O no? A los millares que han salido, los otros les dicen en voz baja o alta: “¡Ustedes están promoviendo la violencia, al amparar con sus salidas a la calle a los que ocultándose detrás tiran piedras, incendian, saquean y destruyen!”.  “¡No!”, responden ofendidos los de la marcha del millón y muchos otros: “¡No amparamos la violencia, la condenamos, pero no por lo que hacen otros debería dejar de salir a la calle por lo que considero justo y nos deben este sistema, el gobierno y la sociedad entera!”. Legítima respuesta.

Pero mi punto es el siguiente: ¿Seguirá siendo válida esta respuesta HOY, después de las medidas tomadas y prometidas por el gobierno (algunas ya acordadas por el Congreso) y de los destrozos ocurridos la última semana? ¿Acaso el contexto no ha variado? ¿Acaso los motivos para salir a la calle ayer no podrán tener menos fundamento al observar lo ya conseguido, por un lado, y la destrucción que he visto realizarse, por otro lado? ¿Acaso, si reflexionamos, el cambio de circunstancias permitiría cambiar mi conducta de seguir saliendo a la calle?

De esta crisis, salimos solamente conversando; con diálogo. ¿Queremos seguir conviviendo todos en este país, con respeto y en democracia, como nos pregunta de nuevo el gran Humberto Maturana, uno de los sabios más prominentes de esta tribu/país? Pero no es con conversaciones sólo en el Congreso o en La Moneda. Es también con conversaciones significativas en nuestras casas, en la familia, con los jóvenes –incluso los que tiran piedras e incendian– con nuestros hijos, nietas y colegas. Y también con nosotros mismos. ¿Estamos haciéndonos cargo como ciudadanos, papás, mamás, abuelos, trabajador, profesor, del sistema que estamos con-formando? ¿No habremos estado compensando con cosas materiales nuestras ausencias; el no haber estado suficientemente presentes en la crianza de nuestros hijos? ¿Será que por haber recibido tanta cosa material mal regalada, ellos no valoran lo que están destruyendo, incluida la imperfecta democracia que tenemos todavía?

La gran pregunta de hoy –14 de noviembre de 2019– creo que es personal: ¿Será conveniente que salga de nuevo a la calle a protestar, con todos los riesgos de destrucción que conlleva, o mejor le doy una tregua al gobierno, aunque sea por tres meses, para ver si realmente cumple y concreta las promesas que ha hecho? Esto sería un acto personal de abstenerme de seguir empujando, no porque otros me dan ese argumento de que contribuyo indirectamente a la violencia. Es porque yo decido regalar mi confianza a algunos otros como el simple ser humano que soy. La dignidad de este acto es que asumo mi responsabilidad de construir junto con los demás el país que queremos ser. Dejo de que sean los políticos (del lado que sean) quienes me vengan a decir después que ELLOS salvaron al país. Dejo también de sentirme impotente frente a lo que pasa y construyo la posibilidad que salgamos de esta crisis como un mejor país.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: