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Publicado el 06 de junio, 2020

Ernesto Tironi: Ventiladores y voluntades

Economista Ernesto Tironi

¿Qué no estamos viendo nosotros que ha hecho que la gravedad de la epidemia se haya disparado muy por sobre lo esperado? ¿Qué habrá que reforzar de la estrategia usada para ganarle al virus?

Ernesto Tironi Economista

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Entre los tantos mensajes que uno recibe y lee por el WhatsApp en estos tiempos, me llegó uno que me parece una buena metáfora para entender algo de lo tanto que nos pasa con esta pandemia. Se trata de una historia (no sé si verídica) de la Segunda Guerra Mundial. Cuentan que los aliados estudiaron qué partes de sus aviones recibían más orificios de balas nazis, para así reforzar las partes más golpeadas. Era una deducción lógica; allí tenían que concentrarse para proteger los aviones. Pero un matemático, A.S. Wald, llegó a una conclusión diferente: los puntos mapeados reflejaban las partes más dañadas sólo de los aviones que regresaban. Las áreas que se debieran reforzar son las no marcadas, dijo, porque esos son los lugares que, al ser golpeados, hacen que el avión no pueda regresar. El final de la historia ya lo sabemos y mi pregunta es: ¿Qué no estamos viendo nosotros que ha hecho que la gravedad de la epidemia se haya disparado muy por sobre lo esperado? ¿Qué habrá que reforzar de la estrategia usada para ganarle al virus?

Mi explicación es que no estamos considerando lo suficiente el comportamiento de las personas de carne y hueso, especialmente de la mayoría más modesta de nuestro país. ¿Qué entienden y cómo interpretan lo que está pasando, lo que le piden las autoridades, lo que tienen que hacer? Porque una cosa es la “torpeza comunicacional de la autoridad” y otra qué escucha y entiende la gente en concreto, especialmente la más sencilla y humilde. ¿Entenderán los anuncios y recomendaciones de las autoridades igual como lo espera el vocero? ¿O como las entienden o interpretan los abogados, los economistas con postgrados, los doctores, los funcionarios públicos, los dirigentes, parlamentarios, etc., que viven en Las Condes, Ñuñoa, Providencia o Jardines del Sur de Antofagasta? ¿En quiénes estarán pensando o teniendo en mente los responsables de La Moneda cuando diseñan sus estrategias? Estas últimas semanas va apareciendo que aquí estaría el problema principal… ¿no se estarán reforzando las partes del fuselaje equivocadas, y por eso se están cayendo tantos aviones?

Respecto a las estrategias y formas de enfrentar esta pandemia, uno puede distinguir dos tipos. Una, centrada en los ventiladores mecánicos o los respiradores artificiales para impedir que se muera la gente enferma. La otra es la centrada en la voluntad y las conductas de las personas individuales, en sus comportamientos para favorecer o evitar contagiarse a sí mismas y a otros. Esto que digo no es ninguna novedad. Además tengo claro que son dos estrategias que no sólo pueden, sino que deberían usarse simultáneamente y complementarse. El ministro Mañalich y muchos médicos y autoridades lo han señalado o trasmitido insistentemente. ¿Pero cuánto lo habrán entendido bien la mayoría de los chilenos? ¿Cuánta atención han puesto los voceros en la persona que los está escuchando; en lo que está o no está entendiendo de lo que dicen? Este es el punto central que sugiero considerar.

Gobernar no es sólo diseñar las estrategias y políticas correctas. Es también considerar a las personas a quienes están dirigidas, para asegurarse que se comporten en la forma esperada para conseguir lo buscado. Esto implica que la política correcta es la que toma en cuenta cómo la gente tiende a comportarse, tanto antes, durante y después de la aplicación de la norma. Son dos lados de una misma moneda: medida técnica y comportamiento de personas.

En el caso de esta pandemia en Chile, la gran omisión de la estrategia de Gobierno hasta ahora ha sido centrarse poco en las personas y su comportamiento para evitar o reducir contagios. Tanto como se debe haber gastado en tiempo, dinero, llamadas telefónicas, teleconferencias e investigaciones para identificar quién vendía los mejores ventiladores mecánicos en China, podría haberse gastado en encuestas para saber mejor qué estaban y están entendiendo que son las formas de no contagiarse con el famoso virus las personas viviendo en Lo Espejo, Pudahuel, Población Dávila, La Bandera, Alto Hospicio, Angelmó, etc.

Gobernar es educar. El lema del gobierno de Pedro Aguirre Cerda en los años 40 del siglo pasado sigue más vigente que nunca en Chile y especialmente a raíz de esta pandemia. Tenemos que educar a tres niveles, muy interrelacionados: primero, a nivel de nuestras autoridades y sus formas de comportarse, de hablar, de actuar. Ellas dan el ejemplo, y la gente, especialmente más sencilla, aprende más con los ejemplos que con las palabras. En cuanto al hablar, compárense los discursos de Merkel a los de Piñera. Una con mínimo de aspavientos de haber planificado antes y que estaban preparados para todo. Y sobre todo, llamando a sus compatriotas a hacerse responsables cada uno de cuidarse, apelando a ser solidarios para no contagiar a otros, a guardarse por conciencia propia y no por obligación de un decreto (que ella se negó a implantar para los mayores), y tampoco por miedo a la cárcel o a una multa. En cambio, otros no le hablan a las personas, a sus corazones. Hablan de estadísticas y datos, de número de ventiladores llegados y en camino, de más camas UCI, comparado con ayer, tasas de contagiados por habitante, etc. ¿Qué le dice eso a la mayoría de la gente que escucha? En el mejor de los casos probablemente cosas como: “Bueno, están a cargo”. Pero, ¿qué debe hacer ella a raíz de lo que escucha? Creo que es más esta, tan simple, la causa de nuestros problemas actuales. Mucho más que las teorías de la anomia de Peña, o la “falta de sujeción a normas y a las instituciones”.

El segundo nivel al cual nos falta educación es como sociedad. El nivel de nuestra cultura como chilenos. La de hacernos nosotros responsables, y no esperar todo del Estado o “del sistema”. Así vemos el mundo; buscando culpables fuera de nosotros ante cualquier dificultad o problema. Con poca iniciativa para buscar soluciones propias; automáticamente nos vamos más bien sólo a encontrar explicaciones o justificaciones de por qué nosotros mismos no podemos hacer nada. Así caemos en una cultura de vivir en la resignación. Todo esto agravado por un periodismo de poco nivel investigativo propio, que se limita a la farándula o a repetir lo dicho por las autoridades y sus toneladas de datos, estadísticas y comparaciones. Por último, también afectados últimamente con la expansión de la ideología de los derechos sociales que corresponderían a la gente, bastante por sobre las obligaciones que tenemos. Hoy vemos los frutos de eso traducidos en número de contagios, y tal vez de muertes.

Y el tercer nivel es de la educación recibida por nuestros jóvenes en nuestro sistema educacional, tanto escolar como superior. Esto da para largo. ¿Cuánto aprenden nuestros jóvenes en las escuelas a ser solidarios, respetuosos de los demás, responsables con ellos mismos y con su país, su barrio, el cuidado de los bienes públicos (incluido medios de transporte), la limpieza de las calles, sus plazas, veredas y carreteras por donde circulamos? ¿Cuánta dedicación dan nuestros profesores a formar a sus estudiantes en esos valores, junto con la honestidad y el cumplimiento de obligaciones? ¿Cómo sorprenderse ahora que la epidemia se desborde? Es que no es cosa sólo de ventiladores. Es también cosa de movilizar voluntades, las cuales se pueden formar en todos los seres humanos. Toma un poco más de tiempo que fabricar ventiladores, pero se puede hacer. A eso llamamos también educación. Pero hay que ver su importancia; como el lugar donde el fuselaje del avión que somos como país debe reforzarse para volar alto como personas y sociedad.

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