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Publicado el 08 de febrero, 2019

Ernesto Tironi: Aprender de Venezuela

Economista Ernesto Tironi
La trágica experiencia de Venezuela puede ser una oportunidad para adquirir más consciencia de la necesidad de cuidar el buen funcionamiento de nuestros partidos políticos, nuestra cultura y educación democrática y todas nuestras instituciones.
Ernesto Tironi Economista
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Pasan los días y la esperanza de muchos de que termine la actual dictadura venezolana empieza a flaquear. Me parece especialmente triste para los miles avecindados en Chile, que desde que la Asamblea Legislativa eligió a Guaidó como presidente celebraron como si la democracia ya hubiera sido reconquistada.

Pero puede pasar mucho tiempo antes de que eso suceda. Para decirlo, me baso en la tan terrible como peculiar historia de Venezuela en los últimos 30 años. La mayoría de los chilenos la conocemos poco. Sólo en forma puntual, esquemática y prejuiciosa. Pero los eventos políticos no salen de la nada. La historia importa: los acontecimientos del pasado, sus interpretaciones y los intereses de los distintos actores influyen mucho.

Cinco antecedentes históricos me parecen de particular relevancia para entender la situación de ese país hoy.

Primero, que Maduro es un “Presidente designado” por Hugo Chávez como su continuador. El personaje clave es Chávez, quien pervive. Y las políticas de su gobierno fueron muy populares y recibieron un apoyo mayoritario (muy distinto al caso de Allende). Pero además Maduro aprendió de cerca del fallecido Presidente, de sus mañas y grandes habilidades personales (superó un golpe militar fracasado que hizo y otro que le hicieron). Tuvo experiencia de gobierno y también adquirió conocimientos propios después de seis años como Mandatario (Chávez murió el 2013).

Segundo, Chávez fue un Presidente inmensamente carismático y elegido con amplias votaciones, realizó una revolución profunda en la economía, la sociedad y la política. Él le llamo revolución bolivariana, pero en términos politológicos podría denominarse un socialismo demagógico tropical. Su esencia consistió en estatizar la economía, desde la producción básica (empezando por el petróleo) hasta la distribución de alimentos, pasando por el grueso de la industria. Todo esto lo hizo con apariencias democráticas, muchos plebiscitos y sin un partido único como el PC de Lenin, Stalin en la URSS y Mao en China. Esto fue posible por su carisma inmenso, probablemente sin parangón en el último siglo. Pero fue apadrinado desde su inicio por un capo del narcotráfico y la mafia, lo que marcó un rasgo esencial de su gobierno hasta hoy. (Sugiero ver el reciente libro del economista y columnista Moisés Naím, “Dos espías en Caracas”, un probable bestseller en poco tiempo más).

Chávez usó la forma históricamente más primitiva de reclutar soldados y aliados: repartir el botín.

Tercero, por motivos tanto personales, como históricos e ideológicos, Fidel Castro y Chávez fueron almas gemelas y con una relación padre-hijo, con todas las implicaciones. Además, Fidel tuvo la visión de proponerle un negocio fenomenal: intercambiar el petróleo que tanto necesitaba para la isla, por médicos, enfermeros, sistema de atención de salud y entrenadores deportivos que Chávez necesitaba para cumplir sus promesas de campaña. Pero entre ellos la mayoría eran militares que reportaban a Fidel. Fue un intercambio comercial neoliberal en su versión más pura de las ventajas comparativas. Pero Chávez lo usó además para su beneficio político y permanencia en el poder vía elecciones. Después del fallido golpe de los militares venezolanos contra Chávez el 2002, Fidel complementó esos servicios con los de inteligencia y espionaje a todo lo ancho del país para que no volvieran a aparecer militares u otros grupos que los pillaran desprevenidos. Esto se mantendría hasta hoy bajo control cubano.

Cuarto, Chávez aprendió mucho y bien del golpe de sus militares el 2002, de que no podría obtener su lealtad por ser uno de ellos, ni por su autoridad de Comandante, ni menos por motivos ideológicos. Entonces volvió a usar la forma históricamente mas primitiva de reclutar soldados y aliados: repartir el botín. Así, les habría dado permiso para quedarse con buena parte de las riquezas que expropió. Y les entregó enteramente PDVSA, la Codelco venezolana productora de petróleo. Todo esto lo mantiene Maduro y es un factor clave en la situación de hoy.

Finalmente, y no menos importante, Chávez llegó al poder y realizó su revolución basado en el fuerte desprestigio de toda la clase política y empresarial venezolana: sus famosos partidos demócratacristiano y socialdemócrata, COPEI y Acción Demócratica. Esto, en particular por la corrupción y falta de renovación de sus dirigentes. Chávez hizo su primer intento de golpe contra Carlos Andrés Pérez en 1992 y fue el sucesor de Rafael Caldera en su segundo gobierno (1994-99), 25 años después del primero, de 1969 a 1974.

¿Hay algunas lecciones que Chile podría sacar de todo esto? Aparentemente ninguna, dirán muchos porque se trata de una cultura e historia muy distinta y particular. Cuidado. Soy escéptico de esta interpretación, especialmente por haberla vivido personalmente durante la UP. “Aquí en Chile no íbamos a llegar al extremo de un golpe militar ni a una dictadura como en Centroamérica”, decíamos arrogantemente. ¡Y cómo pasó, con Prats, Letelier, Leighton y ahora tal vez Frei incluidos!

Por eso, la trágica experiencia de Venezuela puede ser una oportunidad para adquirir más consciencia de la necesidad de cuidar el buen funcionamiento de nuestros partidos políticos, nuestra cultura y educación democrática, todas nuestras instituciones, incluidas las Fuerzas Armadas, así como combatir continua y fuertemente la corrupción y la demagogia, y favorecer la permanente renovación de nuestros dirigentes políticos.

FOTO: DANIEL HERNANDEZ/AGENCIAUNO

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