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Publicado el 15 enero, 2021

Ernesto Tironi: Trump, Chile y fanatismos

Economista Ernesto Tironi

La reducción de comportamientos con rasgos fanáticos será esencial este año para nuestro país, al comenzarse el trabajo de redactar una Nueva Constitución y de elegir un nuevo Presidente.

Ernesto Tironi Economista
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Estas semanas hemos sido testigos de otro estallido social inesperado que nos ha conmovido: el asalto al Congreso de los Estados Unidos por parte de un grupo, no tan pequeño, de seguidores de Trump. ¿Habrá algunas semejanzas entre lo ocurrido allá y lo que nos pasó acá el 18 de octubre? Si fuera así, ¿cuáles? ¿Habrá algo en común por mera coincidencia, o tal vez como resultado de algún factor asociado a ambos casos en los tiempos que hoy vivimos, como la revolución en las comunicaciones, las redes sociales u otros factores? ¿Qué más habrá detrás y hacia dónde nos puede conducir todo esto?

Postulo que existiría un fuerte factor común detrás de esos episodios de violencia en Estados Unidos y Chile: el comportamiento fanático de los participantes, instigadores y ayudistas, ya sea intelectuales o directos, en esos eventos. El Diccionario de la Real Academia define como fanatismo a “el apasionamiento o tenacidad desmedida en defensa de creencias y opiniones, especialmente políticas y religiosas”. Otros agregan acciones irracionales, obstinadas, “un entusiasmo exagerado o desproporcionado por algo”, que normalmente conduce a enfrentamientos fuertes e incluso muertes, a veces masivas.

Es interesante apreciar que el fanatismo como impulso o concepto ha sido abordado por muchos ilustres pensadores y filósofos desde la época de los griegos  hasta nuestros días. Fue objeto de estudio por parte del padre del liberalismo, John Locke (en su “Carta sobre la tolerancia”), por Voltaire, Kant y muchos otros. Esto no fue por mero capricho o genio de ellos como individuos, sino como un intento más bien desesperado por comprender y encontrar solución a las despiadadas guerras religiosas que les tocaron en sus épocas. Pero no fue sólo entonces. Subsiste el estudio del tema porque los comportamientos fanáticos no se limitan a los dominios señalados, sino que se ha dado en la ciencia, el arte, los hobbies, las razas, las nacionalidades, e incluso el deporte. Estuvo detrás del evento histórico más sangriento y mortal de la historia humana, como fue el nazismo, y retratado magistralmente a nivel personal por novelistas tan notables como Albert Camus (“El hombre rebelde”).

El actuar fanático se alimenta y complementa principalmente con un comportamiento que hemos visto mucho estos últimos tiempos: el de usar la mentira, la exageración en tal magnitud que lleve a faltar premeditadamente a la verdad (como por ejemplo, que “todo el desarrollo económico chileno de los últimos 30 años solamente favoreció a los ricos” o “me robaron la elección”). Ese insigne periodista, escritor y observador de nuestras sociedades contemporáneas, como fue el polaco Ryszard Kapuscinsci, lo resumió así: “Si entre las muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático”. Esto fue dicho antes de que las redes sociales permitieran llegar a millones en minutos, repetir incesantemente mentiras y ocultar fuentes e identidades.

Un personaje aún más contemporáneo y conocido, el actor de cine norteamericano Arnold Schwarzenegger (“Terminator” y otras), además después político del Partido Republicano y Gobernador de California, ha circulado esta semana un video por redes sociales en que se dirige a sus compatriotas haciendo una comparación de los recientes eventos con el nazismo. Dice, entre otras cosas: “Crecí en Austria y estoy muy consciente de la ‘Noche de los cristales rotos’. La noche de la masacre contra los judíos realizada en 1938 por los Nazis, los equivalentes a los ‘Niños Orgullosos’ (de Trump) hoy. El miércoles 6 fue el día de los cristales rotos aquí mismo en los EE.UU. Pero los encapuchados no sólo quebraron los vidrios del Congreso, sino que pisotearon los principios en los cuales el país fue fundado.(…) Crecí en las ruinas de un país que sufrió la pérdida de su democracia. Crecí entre las personas llenas de culpa por haber participado en el régimen más malvado de toda la historia humana. Muchos de ellos no eran nazistas, pero se dejaron llevar. Y mi padre llegaría borracho a la casa uno o dos días por semana y nos gritaría y golpearía para asustar a mi mamá. Yo no lo hacía responsable porque nuestro vecino estaba haciendo lo mismo a su familia”. Fue ver esto lo que me motivó a escribir sobre ahora este tema ahora.

Porque hay tres puntos esenciales relativos al fanatismo que conviene destacar ahora en estos tiempos que vivimos en Chile, para concluir. Primero, que las conductas fanáticas (i.e. con apasionamiento desmedido) son algo que a menudo observamos o atribuimos a los demás, pero casi siempre negamos en nosotros. Los demás son fanáticos, uno mismo nunca. Por mi parte, reconozco hoy que no pocas veces en el pasado actué más bien ciegamente o exageradamente, creyendo que ciertas políticas económicas eran mucho mejor que otras (por ejemplo, de tener aranceles al comercio más altos y diferenciados). Debemos ser mucho más vigilantes de no creernos dueños de la verdad ni de tratar de imponerla.

Segundo, las conductas de tipo fanático son contagiosas porque están basadas en una emoción particular de sentirse con una misión especial o única, con acceso a una verdad que deben asumir todos o la mayoría de la sociedad, a veces sin importar a qué costo. Y todas las emociones son contagiosas, lo que ahora se sabe que ocurre debido a fenómenos biológicos: las células espejo. Es lo que observamos a simple vista a menudo: la acción fanática de un grupo terrorista despierta el más inmenso fanatismo en personas hasta entonces muy racionales (pensemos en el ataque de Al Qaeda a las Torres Gemelas y la reacción de Bush con la Guerra de Irak. También lo vemos a nivel personal en ciertos ataques entre dirigentes políticos, incluso de un mismo sector, como en la centro derecha esta semana).

Y tercero, la reducción de comportamientos con rasgos fanáticos será esencial este año para nuestro país, al comenzarse el trabajo de redactar una Nueva Constitución y de elegir un nuevo Presidente. Será un tiempo de continuas campañas políticas cruciales, propicias a despertar mucha pasión, competencia e impulsos destructivos de los adversarios. Escucharemos muchas descalificaciones, exageraciones, acusaciones infundadas, noticias no comprobadas y abiertas mentiras (a lo Trump), como modos de atraer votantes, acceder al poder e imponer las ideas propias. De la vigilancia de cada uno de nosotros para no caer ni dejar pasar conductas fanáticas, sobre todo en nosotros mismos, ni de reaccionar de la misma manera, dependerá que encontremos o no una mejor manera de convivir en Chile.

  1. Eugenio Lagos Baquedano dice:

    Buen artículo. Sin ir mas lejos en nuestro sistema democrático está enquistado un partido político que valida la violencia y la mentira, el engaño, la falacia, el amedrentamiento de los rivales políticos como formas -para ellos legítimas- de alcanzar el poder. Mientras eso se siga permitiendo no hay posibilidades de que el juego democrático sea lo que debe ser.

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