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Publicado el 16 de noviembre, 2018

Ernesto Tironi: Todos al aula (cuando los desamarren)

Economista Ernesto Tironi

El Informe de la Comisión de Educación es de inmenso valor, ya que hace una revisión amplia y exhaustiva del modo que está funcionando el mal llamado Sistema Educativo escolar, que como bien se señala en el texto, no es realmente un verdadero sistema.

Ernesto Tironi Economista
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La semana pasada entregó el Informe con sus conclusiones la Comisión de Educación, pluralista y multisectorial, de 17 expertos invitados por el Presidente Piñera y presidida por Mariana Aylwin. La prensa le dio una mínima cobertura, reflejando tal vez que el tema del Aula Segura y otros predominaron, o que el tema de la educación ya pasó de moda y se agotaron sus dividendos  políticos.

 

Pero el informe entregado es de inmenso valor, ya que hace una revisión amplia y exhaustiva del modo que está funcionando el mal llamado Sistema Educativo escolar, que como bien se señala en el texto, no es realmente un verdadero sistema. Poner de relieve ese aspecto es el primer gran aporte de esta comisión. Lo que tenemos hoy es un enjambre de normas y leyes superpuestas, duplicadas y contradictorias que están ahogando a las escuelas, impidiéndoles hacer su labor esencial que es enseñar bien a los estudiantes. Los establecimientos, directivos, administradores y docentes están ahogados por esas leyes. Si esto no se corrige, terminarán ahogados por esta inundación.

 

Sólo en los últimos diez años se han dictado seis leyes, tres en los últimos tres años del gobierno anterior. La mayoría se dictaron sin dejar el tiempo suficiente para que operaran y se evaluaran las leyes anteriormente dictadas (como la de Subvención Preferencial de 2008). Por lo tanto hay numerosas duplicaciones. Como resultado, hoy cada responsable de una escuela, aunque tengan menos de 150 alumnos (como la mitad de ellas) debe cumplir con 18 leyes que las rigen, 7 DFL, 60 Decretos y Regulaciones: en total 2,300 obligaciones que (en teoría y discrecionalmente) fiscaliza el Ministerio. Cada director de escuela debe entonces interactuar diariamente con numerosas entidades burocráticas. Como consecuencia, poco se puede él o ella ocupar de materias propiamente referidas a la enseñanza, a evaluar los aprendizajes alcanzados por sus estudiantes y a apoyar pedagógicamente a sus profesores y profesoras.

 

El Informe se ordena en  tres partes. Una de Antecedentes, donde se entregan datos concretos sobre esa cantidad de regulaciones y controles que amarran a los docentes y directivos de las escuelas y colegios subvencionados, ahogando sus capacidades de asumir responsabilidades y de innovar. La segunda plantea los Principios para una nueva relación entre las muy diversas  entidades ocupadas de la educación escolar. Aquí destaca la necesidad de condiciones adecuadas para que las escuelas operen, de generar confianza en las comunidades educativas, de que el Estado se oriente a crear y elevar las capacidades de las escuelas (no sólo a controlar), que se incentive la colaboración entre establecimientos  y, finalmente, que haya un sistema de monitoreo y evaluación más moderno del desempeño de los  establecimientos y del aprendizaje de los estudiantes. La tercera parte se concentra en Propuestas.

 

Las Propuestas hechas por la Comisión para mejorar la educación chilena son 46, ordenadas en cinco áreas. Señalo los títulos de ellas y alguna de las principales. Para constituir un verdadero Sistema Educativo escolar, de partes interrelacionadas que se apoyen mutuamente para alcanzar un objetivo común, proponen 9 medidas entre las cuales se destaca el evaluar y revisar el modo cómo están operando algunas instituciones públicas recientemente formadas (parece) con excesiva autonomía, como la de Aseguramiento de la Calidad y la Superintendencia de Educación. También simplificar y coordinar mejor las fiscalizaciones a los establecimientos que son muy discrecionales y ocupan un excesivo tiempo de los directores. La segunda área comprende 13 propuestas  para que los establecimientos hagan planes con foco en la mejor gestión de ellos y en el logro de mayores aprendizajes. La tercera área incluye 9 medidas para facilitar la función de los directores y directoras de establecimientos. Esto incluye en especial potenciar el liderazgo de ellos y reconocerles más autonomía con una rendición de cuentas rigurosa. La cuarta área comprende 6 propuestas para reconocer la heterogeneidad del tamaño, recursos y características de las escuelas. Finalmente hay 9 propuestas en el área de la informática para ponerla más al servicio del aprendizaje de los estudiantes.

 

Como se puede apreciar, fue un trabajo exhaustivo, y todas las medidas propuestas parecen razonables. Ninguna inútil. Pero no se pueden implementar 46 medidas en tres años útiles de gobierno. ¿Qué decir y hacer entonces? ¿Declarar  qué estas Comisiones son completamente prescindibles? No  creo. Un grupo pequeño, de unas cinco personas, entre los cuales esté un profesor y  un director/a  en ejercicio, podría proponer qué propuestas implementar con urgencia y cuáles dejar para después.

 

Algunos comentarios adicionales. Este informe sugiere y puede ayudar a equilibrar algo las cosas entre creer que todo lo que pasa en educación depende de leyes nacionales y macro medidas o políticas, y la visión de que lo principal son las escuelas y lo que ocurre dentro de la sala de clases. En los últimos cuatro años nos inclinamos demasiado en esa visión macro-social,  ideológica e ingenuamente confiada en la capacidad del Estado de hacer todo y bien. Ponerle como título al Informe de la Comisión “Todos al aula”, tal vez fue demasiado. Pero ayuda a indicar una  dirección en que debe ir el equilibrio y las posibilidades de progresar.

 

Tampoco cabe la visión del Sindicato de Profesores que no firmó el informe por considerarlo “sesgado” y que “pretende relajar los controles que se hace a los recursos públicos con el pretexto de la desburocratización”. Creo que esa es una acusación injusta y desmesurada. Supone que los directores de escuelas y administradores, tanto privados como  municipales, andan buscando robar o aprovecharse. Es esa falta de confianza en los responsables de las escuelas y el exceso de confianza en los agentes y reparticiones estatales (donde puede haber igual o más aprovechamientos y actos ilícitos)  lo que puede llevar a la educación por un declive acelerado. Espero que este Gobierno recoja los planteamientos de esta comisión para enderezar el rumbo. Depositar más confianza en los directivos, docentes y administrativos de las escuelas, y menos en las capacidades de hacer las cosas y de controlar por parte de las autoridades centralizadas del Estado. Así, capaz que las escuelas puedan sacar la cabeza del agua en la inundación de leyes y amarras que les pusieron los últimos cuatro años.

 

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

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