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Publicado el 18 junio, 2021

Ernesto Tironi: Reacomodo de representaciones políticas y modelo económico

Economista Ernesto Tironi

Cómo evolucionará el proceso de representación política de los sectores emergentes en los próximos dos años será clave para determinar el modelo económico que nos regirá y para el futuro de Chile en general.

Ernesto Tironi Economista
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Un aspecto clave del buen funcionamiento de un sistema o modelo económico es lo estable que sea percibido por los agentes en él (empresarios, inversionistas, autoridades, jueces, etc.) y por la ciudadanía en general. En una democracia, eso depende del respaldo que tenga en la opinión pública, los electores, y muy en particular de los parlamentarios que conforman el Congreso. Con mayor razón dependerá de la inclinación o preferencias de la mayoría de la asamblea a cargo de la redacción de una nueva constitución, como es el caso de Chile ahora.

La experiencia histórica chilena reciente es elocuente. El triunfo de Salvador Allende y su llegada a la Presidencia con la Unidad Popular llevó a instalar un modelo económico socialista que duró poco, pero avanzó un buen trecho: se estatizaron bancos, empresas industriales, mineras, propiedades agrícolas y varias otras medidas semejantes. Pero no tuvo el respaldo suficiente para perdurar, cualesquiera hayan sido las razones de ello. Por eso la intención fracasó a poco andar. El gobierno militar que lo sucedió instaló un modelo inverso, profundizando el capitalismo (o instaurando el neoliberalismo, dirán otros) y extendiéndolo a nuevas áreas como pensiones, salud y otras. Luego, el nuevo cambio de correlación de fuerzas políticas en 1988-89, llevó a que la Concertación instale un sistema intermedio (llamado por el Presidente Aylwin, el sistema de “Desarrollo con equidad”), que lleva a un considerable aumento del peso relativo del Estado en la economía. Experiencias análogas han ocurrido en muchos otros países y épocas.

Pues bien: entre fines del 2019 y ya mitad de 2021 estamos viviendo un cambio en los pesos relativos de las preferencias políticas de la ciudadanía y de los partidos que me parece al menos semejante al de 1988-89. ¿Podría esto no tener consecuencias sobre el sistema económico que tengamos? Lo estimo muy dudoso; los temas importantes ahora serían más bien: ¿de qué magnitud serán los cambios que vienen?, ¿en qué aspectos del sistema económico se concentrarán?, y ¿de qué dependerá lo lejos que lleguemos en esos dos dominios -magnitud y cambios específicos-?

Mi impresión, dicha así muy brutalmente, es que las últimas elecciones estarían demostrando que los partidos políticos que hasta ahora estaban sustentando el modelo económico actual se desfondaron. Es decir, redujeron sustancialmente su fuerza o poder entre la ciudadanía. Si lo mismo, como es probable, ocurre en el Congreso que se elegirá en noviembre (o si los parlamentarios de derecha votan como para los retiros de la AFP), ¿quién se opondrá no sólo al fin de las AFP, sino también de las Isapres, de las universidades privadas, etc.?

Mirado desde otro punto de vista, los grupos más partidarios del modelo económico que tiene el país hoy –los empresarios grandes, pequeños y medianos, la mayoría de los comerciantes, personas con grandes patrimonios y profesionales de alto nivel – han tenido por mucho tiempo sus representantes en el sector político de la sociedad: sus partidos cercanos (UDI y RN, principalmente), parlamentarios, intelectuales y medios de prensa, que de alguna manera, bien o mal, defendían sus intereses. Hoy, desde el 18-O del 2019 y, sobre todo después de la elección de constituyentes, esos representantes han perdido poder de representación y de acción. ¿Se habrán dado cuenta cabalmente de esto al menos los grandes empresarios chilenos? ¿Si no es así, qué estarán esperando o creyendo? ¿Creerán todavía que la ola era más chica, como hasta la reciente elección de constituyentes? Y si se han dado cuenta, ¿con quiénes estarán conversando ahora en el sistema político? ¿Cómo les estará yendo en esas conversaciones? ¿Qué estarán planteando?

Una nota histórica: durante la UP, lo que ocurrió –dicho en simple– me parece ser que los grandes empresarios dieron por perdida la batalla adentro y se concentraron en pedir ayuda a Washington. Adentro fueron los transportistas (Villarín), pequeños comerciantes (Cumsille), colegios profesionales y otros pocos los que dieron la cara e hicieron los paros, a los que se sumaron al final las dueñas de casa con sus ollas ante la inflación desatada (y en las calles, ojo, como ahora). Ellos detuvieron al viejo socialismo de la Guerra Fría o, podría decirse también, los que defendieron al viejo capitalismo del Siglo 20. Ahora, llegando al primer cuarto del Siglo 21, ¿quién defenderá al actual capitalismo, aunque haya sido remozado?

Ese es un lado de la ecuación: la otra es el modelo económico que tienen en mente los nuevos representantes de los nuevos grupos sociales (que podemos llamar emergentes) que empiezan a tomar recién formas políticas (es decir, capacidad de influir sobre el Estado), especialmente a partir de la elección de constituyentes. Ellos conforman más de la mitad de la Asamblea, pero parecen muy heterogéneos, pero ¿cuánto lo serán realmente? Dan la impresión de representar a los descontentos, los antisistema o anti-neoliberales. Estos casi no tienen por ahora, estimo, representantes en el dominio político de la sociedad chilena. Los más cercanos serían los parlamentarios del Frente Amplio, que tienen un porcentaje pequeño en el Congreso, al cual intenta sumarse el Partido Comunista con exdirigentes estudiantiles carismáticos como Vallejo. Pero ¿cuántos parlamentarios pueden sacar en noviembre? ¿Y hacia dónde empujarán la micro?

Cómo este proceso de representación de los sectores emergentes evolucionará en los próximos dos años será clave para determinar el modelo económico que nos regirá y para el futuro de Chile en general. Así también lo será el modo como se conectarán y coordinarán los partidarios de mantener al máximo el actual modelo económico para abordar, de alguna manera más o menos constructiva, con esos sectores emergentes el logro (o no) de un sistema en que habitemos en paz todos.

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