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Publicado el 22 de mayo, 2020

Ernesto Tironi: Presupuesto Base Cero: Revolución mayor

Economista Ernesto Tironi

Corresponde, como planteó el ministro de Hacienda, una revisión profunda de gastos públicos tal que permita eliminar los que no se justifican hoy, ahora ni el próximo año, por más que hayan sido justificables en el pasado, porque hoy existen condiciones distintas e inéditas de escasez, hambre y desempleo.

Ernesto Tironi Economista
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La cosa se puso seria. Hasta hace unas semanas, los chilenos parecíamos “ir ganando” la carrera por escapar bien de la pandemia. Pero era sólo ilusión o ignorancia, construida sobre la base de comparaciones ligeras con otros países. Pongámonos serios también sobre cómo mejorar nuestro país, que hace rato dejó de ser un modelo. Seamos también más prudentes, no perdamos el optimismo y concentrémonos en apoyar las cosas buenas y en los asuntos más esperanzadores.

El principal que quiero destacar esta vez fue el anuncio la semana pasada del ministro de Hacienda de que presentará -ahora en septiembre- un Proyecto de Ley de Presupuesto Público de Base Cero para el 2021. Como muchos temas importantes, este ha tenido casi cero cobertura de prensa. ¿En qué consiste? En cambiar el criterio que se usa de base para elaborar el presupuesto. En el caso ideal, se trataría de que cada partida de gasto se vuelva a justificar como si estuviera partiendo de cero. O sea, que nada (o el mínimo posible) se gaste “porque así se ha hecho siempre”, o así se lleva haciendo hace tiempo. En las palabras del ministro Briones, “el problema es que llevamos décadas construyendo el presupuesto sobre la base de la inercia. Esto significa que básicamente se define el gasto del presupuesto en función de lo que ha sido siempre en el pasado. Se le suma un poco por aquí, otro poco por allá, pero mantenemos esencialmente la misma estructura de siempre”.

Corresponde, por lo tanto, una revisión profunda de gastos públicos tal que permita ELIMINAR los que no se justifican hoy, ahora ni el próximo año, por más que hayan sido justificables en el pasado, porque hoy existen condiciones distintas e inéditas de escasez, hambre y desempleo. Es decir, hacer en el Estado lo mismo que ya están haciendo millones de familias y empresas: ajustar nuestros gastos a los menores ingresos que tenemos y tendremos. Habrá que comer más sencillo, decir adiós a los asados de carne con harta cerveza; a los viajes cada wiken largo, etc. Habrá que ayudarle a la hija que se quedó sin trabajo, comenzar a pagarle el colegio a los nietos, etc. ¿Con qué plata? Bueno sacándola de otras cosas en que gastaba antes: muchos conciertos caros, ropa de marca, los últimos gadgets de moda, etc. Esos eran lujos que podía darme antes de la pandemia. Ahora tendré que dejarlos, junto con otras cosas, hasta que vuelvan (si es que), los viejos tiempos.

¿Cuáles son ahora los gastos que puede dejar de hacer el ESTADO para pagar los alimentos que deberá distribuir entre quienes no les alcanza para comprarlos, para los nuevos subsidios a las familias y los programas de empleos que habrá que crear? Hay muchos gastos del Estado que podrían reducirse sin grandes perjuicios. Muchos más de lo que muchos creen. El motivo es que cuando había plata porque el país crecía, se creaban programas “sin fijarse mucho en gastos”. Por ejemplo, plan de vacunas para mascotas operado a través de las municipalidades, pero que implica tener gente contratada, compra de vacunas, movilización, etc. ¿Se sigue justificando eso hoy? Y así, hay cientos de programas que involucran un valor que se ha estimado en 3.000 millones de dólares; es decir como un cuarto de lo que hasta ahora se estima necesario gastar por parte del Estado para ayudar a salir de la pandemia. No me detengo más en este punto ahora, porque ya lo abordé en parte en mi última columna aquí. (Ver “Evaluación de Proyectos e Instituciones”, Dirección de Presupuestos, www.dipres.gob.cl/597)

Hay cuatro o cinco fuertes motivos para apoyar con la máxima fuerza esta iniciativa crucial del ministro de Hacienda. Primero, porque es lo correcto técnicamente. Es el modo más conveniente de conseguir fondos para destinar a las ayudas sociales urgentes. Otras fuentes tienen mucho mayores costos, como sería elevar impuestos o que el Estado se  endeude más.  Esto último dañaría a las empresas, reduciendo más el empleo y la inversión. Sería desvestir un santo para vestir otro. En cambio, cerrar los programas fiscales obsoletos o insuficientes es desvestir  fantasmas que ya deberíamos haber dejado ir hace tiempo, pero permanecían encerrados en el closet. El Presupuesto de Base Cero es la forma de  sacarlos de los closets, y de los de varios ministerios.

Segundo, tenemos que sacar algo bueno de esta pandemia: aprovechar  las nuevas, trágicas y urgentes necesidades para cerrar programas públicos injustificados que son un lastre, un peso para la economía, impidiéndole crecer y corregir mejor las desigualdades sociales. Esta es una oportunidad única para avanzar la indispensable tarea de modernizar el Estado.

El tercer motivo para impulsar fuerte AHORA esta iniciativa es que los grupos de presión que han defendido y protegido año tras años esos programas de gasto público deficientes y mal evaluados pueden estar más débiles en estos momentos. Hay que aprovechar entonces la coyuntura. Esos programas subsisten porque tienen defensores poderosos: son ciertos parlamentarios/as  y funcionarios/as  públicos y operadores políticos asociados a ellos/as. El mecanismo (o negocio) consiste en que los parlamentarios tienen programas “propios” cuyos beneficiarios son sus potenciales electores (o re-electores), a quienes cada año entregan sus beneficios “en persona”. Y favor con favor se paga… ¿Cuándo van a terminarse programas que permiten a quien necesita sus votos aparecer resolviendo demandas de sus vecinos con fondos que no son propios sino del Estado? Hay informes de centros de estudio especializados que demuestran esto con detalles y hasta nombres, como por ejemplo el Observatorio de Gasto Fiscal. También reportajes de prensa como “¿Quién fiscaliza el Gasto Fiscal?” (El Mostrador, 24-9-19). Hay que aprovechar entonces este momento de desprestigio de los parlamentarios, del impulso en contra de las re-elecciones y de interés de muchos por ir a la constituyente, para terminar en octubre con muchos programas públicos hoy día ineficientes e injustificados.

En cuarto lugar, tenemos como ministro de Hacienda a uno de los mejores comunicadores sociales que ha ocupado ese cargo en mucho tiempo. El ministro debiera llevar este tema a cada casa y familia chilena, a las calles y plazas, explicándole bien a la gente cuántas canastas familiares y empleos podrían crearse con cada programa público ineficiente que se cierre. Esto no es difícil de hacer para él. El video en que el ministro explica esta medida en Twiter es brillante. Esa presentación podría hacerla en Cadena Nacional cuando entregue el Proyecto de Presupuesto al Congreso.

El ministro Briones podría ser de los primeros en sacar la discusión del Presupuesto Público del claustro oscuro de las Comisiones del Congreso, los economistas y lobbistas, para llevarlo al pizarrón de la opinión pública. Iluminar y ventilar bien cada programa para que se demuestre con evidencias que se justifica seguir con cada uno en las actuales circunstancias del país. Él podría ser el primero en dar la cara a la gente si quiere avanzar en lo que pretende. Tiene las condiciones; él debería estar en vez de otros en todos los matinales y noticieros en octubre próximo. No se va a repetir la oportunidad de llevar a cabo una de las más revolucionarias innovaciones que necesita el Estado chileno.

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