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Publicado el 11 de enero, 2019

Ernesto Tironi: Más plazas públicas y más cercanas

Economista Ernesto Tironi
No sería muy difícil organizar y financiar un programa público para construir más plazas pequeñas en los municipios pobres de Chile, especialmente en las zonas metropolitanas. Además, se podrían organizar dando un rol protagónico a las numerosas organizaciones de base, comunitarias, juntas de vecino y otras entidades que tienen los propios pobladores.
Ernesto Tironi Economista
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La desigualdad en Chile, así como en muchos países, no se da sólo en materia de ingresos. También en el acceso a bienes públicos. Por ejemplo, en la disponibilidad de plazas o parques cercanos a las casas donde viven las familias.

Cerca del 70 por ciento de las personas en Las Condes o Vitacura tienen una plaza a menos de 5 cuadras de su casa. En cambio, en La Cisterna, sólo el 15 por ciento tiene una a menos de esa distancia. Esto es doblemente grave porque, además, en las poblaciones, las casas son más pequeñas, tienen poco patio, menos un jardín y la familia vive hacinada. Por último, sufren más delincuencia, amparada en terrenos eriazos o desocupados y oscuros. Más plazas públicas abiertas cercanas e iluminadas pueden ayudar a reducir esto.

Comunas como Santiago, Vitacura, Providencia y Ñuñoa tienen entre 8 y 12 metros cuadrados de áreas verdes por habitante. En cambio, otras como Pedro Aguirre Cerda, Quinta Normal o La Cisterna hay menos de 2 metros cuadrados por habitantes; menos de la tercera parte. Muchas tienen menos de 3 metros cuadrados por habitante: Quilicura, El Bosque, San Miguel, Lo Espejo. Y no basta sólo construir enormes parques como el del Cerro San Cristóbal, el de Renca o el Renato Poblete. Eso está bien, pero se necesita algo más cercano a la gente.

No sería muy difícil organizar y financiar un programa público para construir más plazas pequeñas en los municipios pobres de Chile, especialmente en las zonas metropolitanas. Además, se podrían organizar dando un rol protagónico a las numerosas organizaciones de base, comunitarias, juntas de vecino y otras entidades que tienen los propios pobladores. También incorporar a fundaciones privadas, como esa extraordinaria entidad llamada Mi Parque (www.miparque.cl). Programas de este tipo pueden ser magníficas iniciativas de candidatos a alcalde y también presidenciales.

Los terrenos donde construir estas nuevas plazas públicas están disponibles en numerosos municipios. A veces pertenecen a ellos, en otros casos son basurales o terrenos baldíos oscuros y peligrosos que se podrían adquirir o expropiar. Los costos de construir o habilitar plazas no son elevados y son altamente intensivos en mano de obra local para plantar árboles, sembrar flores, instalar riego y bancas.

Existe además la tecnología para detectar dónde faltan plazas o las casas que no las tienen a menos de 10 cuadras. Cualquier ciudadano lo puede detectar abriendo Google Maps y las autoridades locales tienen buenos datos del problema. Últimamente se están llevando y publicando estadísticas en la prensa con la disponibilidad de metros cuadrados de áreas verdes por comuna, y se registra un aumento del uso de ellas por la población.

La mantención de plazas es un tema relevante, planteado a menudo por las autoridades. Pero no representa un gasto demasiado elevado: el promedio es de $2 millones mensuales para una plaza de una cuadra.Éste puede reducirse con la colaboración activa de los vecinos. La organización de un programa de este tipo por el gobierno nacional tampoco reviste gran dificultad. En Chile hay una tradición y mecanismos ya instalados para la ejecución de trabajos colaborativos con municipios. Un ejemplo es el exitoso programa de pavimentación participativa. En el caso de este programa “Más Plazas Cercanas” puede usarse también el método de los Fondos Concursables, al cual pueden postular los Municipios (que pueden aportar los terrenos), las Juntas de Vecinos y otras ONG o entidades especializadas como Mi Parque. De esa forma se verifica  el cumplimiento de las condiciones mínimas (por ejemplo, la ausencia de un plaza cercana a las casas y la existencia de una organización seria que se comprometa al cuidado y el uso de la plaza: escuela, junta de vecino, club deportivo u otro), y se asignan puntajes de acuerdo a la necesidad de cada barrio para ir priorizando la asignación de recursos.

Dos beneficios adicionales de un programa como este. Primero, que queda al alcance de la gente común, de los vecinos, controlar que las obras se necesitan y se están ejecutando. Es fácilmente comprensible y visible. El segundo beneficio es el de mejorar concretamente no sólo las condiciones materiales de vida de las personas más postergadas y sufridas de nuestro país. Implica también mejorar la calidad de vida emocional, relacional y, por qué no decir, espiritual. Permitir que los vecinos se conozcan más. Imagínese usted a un trabajador de la construcción o empleada doméstica después de su larga jornada laboral y hora y media en el Transantiago, llegar a su población y poder sentarse un rato bajo la sombra de un árbol a descansar. Contemplar o acompañar a sus hijos chicos jugar en el pasto. A  grupos de jóvenes practicando yoga o tai chi. ¿Será mucho soñar? ¿Qué le parece a usted?

 

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

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