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Publicado el 02 de noviembre, 2018

Ernesto Tironi: Like Minded Countries

Economista Ernesto Tironi

Australia y Nueva Zelanda pueden representar para nosotros un referente en cuanto a calidad de vida, la cual no se observa en países con PIB per cápita aún más altos de Europa y Asia.

Ernesto Tironi Economista
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Bastante se ha discutido sobre cambiar el modelo económico de Chile. La cuestión parece ser: ¿existe un modelo de desarrollo mejor para países de ingreso medio como nosotros? En un extremo, quienes más ponen el tema suelen proponer, implícita o explícitamente, un modelo de corte socialista. Y la respuesta obvia es que Cuba sólo es un ejemplo para mentes muy ideologizadas; Venezuela, para qué decir. En el otro extremo se propone como alternativa el modelo capitalista norteamericano o algunos europeos, especialmente nórdicos. Pero se les responde con razón que no son países comparables con Chile por sus culturas, historia educativa de la población, tamaño y otros motivos. Los modelos económicos asiáticos como Corea del Sur, Singapur o Taiwan y algunos otros tampoco nos parecen un ejemplo a seguir por tener costumbres e historias muy diferentes a la nuestra. Finalmente, las comparaciones con países de América Latina se van tornando cada vez menos relevantes y, lamentablemente con pocas excepciones, son ya menos una referencia ejemplarizadora para Chile.

 

No es ese el caso de países como Australia y Nueva Zelandia. No sólo compartimos hemisferio y latitudes parecidas. Tienen muchas otras similitudes con Chile. Una población relativamente parecida (24 y 5 millones de habitantes), la mayoría inmigrantes de origen europeo (aunque más sajones que latinos) y un territorio y naturaleza muy semejantes. Nueva Zelandia es muy parecida al sur de Chile (incluyendo Chiloé), con una alta tasa de la población dedicada a la agricultura, fruticultura y vinos. Australia, a su vez, combinando eso con vastos territorios desiertos, como nuestro norte, con mucha minería, aunque más diversificada que la chilena. En todo eso está superando con creces la productividad de nuestro país, no sólo debido al uso de tecnologías más avanzadas, sino también por su mejor educación y organización social, su cultura y nivel de estudio y preparación en la elaboración de políticas públicas, la austeridad y eficiencia de su aparato estatal y municipal, la educación cívica de su población y otros atributos de su arquitectura e ingeniería social que nos sería muy útil conocer más, estudiar y adaptar a Chile. Así, no sorprende que tengan un ingreso per cápita alrededor de tres veces superior al nuestro.

 

Me quedó la impresión de un país capaz de vivir con más sabiduría en estos tiempos agitados del planeta.

 

Pero no es a ese aspecto económico al cual me quiero referir ahora, sino al modelo que pueden representar para nosotros en cuanto a calidad de vida, la cual no se observa en países con PIB per cápita aún más altos de Europa y Asia. Un viaje este mes a estudiar la educación técnico-profesional de esos países oceánicos, organizado con gran visión por el gremio que agrupa a los CFT  y IP privados chilenos, me permitió conocer más esos países.

 

Lo que más me sorprendió es la mayor calma, menor ansiedad o apuro, y más positividad que observé en la mayoría de la población a muy distintos niveles. Me quedó la impresión de un país capaz de vivir con más sabiduría en estos tiempos agitados del planeta. Con mucha cercanía y cuidado por la naturaleza privilegiada que tienen, tan parecida a la nuestra. Son pueblos que no viven tanto para trabajar, sino que trabajan para vivir. Esto quiere decir que hacen bien su trabajo en los tiempos asignados, y después salen a hacer ejercicio, trotar o pasear en sus grandes parques y espacios al aire libre. También a salir con amigos, conversar y cenar fuera de casa. Después del trabajo, se visten muy elegantes y a las 6 PM parten a los numerosísimos restaurantes donde encuentran la más diversa variedad de comidas. A las 10 pm ya no queda nada más que unos pocos lugares abiertos. Esta combinación de trabajo, cercanía a la naturaleza y vida social y familiar sana es lo que debe traducirse en mucho menos stress, soledad, desadaptación y frustración. Esto, unido a más igualdad social y mejor educación, debe llevar a la mayor seguridad pública que tienen, lo cual, a su vez, permite más cercanía social en espacios públicos y desarrollo de la confianza mutua. Estos son los círculos virtuosos que es posible encontrar para una mejor calidad de vida. Con razón tantos estudiantes chilenos quieren y se van a pasar un tiempo a Australia o Nueva Zelandia. Debieran ser aún más, y compartir al máximo aquí sus experiencias en la calidad de vida que han ganado.

 

En nuestra búsqueda de ser tanto un país desarrollado como uno más equitativo y con personas más felices, es mucho lo que podríamos aprender de ellos.

 

Posiblemente eso ha permitido integrar tan bien a los pueblos originarios en la vida actual de esos países tan avanzados, sin tanto resentimiento, quejas y violencia. Una experiencia de respeto y aprendizaje mutuo. Por ejemplo, en Nueva Zelandia existe una hermosa costumbre que me emocionó conocer. Al inicio de muchas reuniones, el encargado o Rector de un Instituto Técnico comenzaba con unas extrañas palabras en maorí, que por supuesto no entendíamos, pero luego nos traducía diciendo algo como: “Nuestros ancestros les acogen en esta tierra y les desean una feliz estadía y fructífera reunión”. ¿No podríamos nosotros empezar las reuniones así en mapudungún, al menos en el sur, y así ir aprendiendo de ellos en un ámbito en que pueden tener tanto que enseñarnos?

 

Todo esto me hizo recordar la extraordinaria visión de nuestro gran economista y dirigente de la Concertación, Alejandro Foxley, quien siendo Ministro de Relaciones Exteriores propuso y avanzó activamente en estrechar los contactos e intercambios de Chile con esos países de Oceanía. En nuestra búsqueda de ser tanto un país desarrollado como uno más equitativo y con personas más felices, es mucho lo que podríamos aprender de ellos.

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