Las interpretaciones que los humanos hacemos de los acontecimientos que enfrentamos en la vida son determinantes significativos de las conductas que seguimos. También en lo social y político, cuando ellas se popularizan. Pensemos cuánto del proceso que dio lugar a la redacción del texto constitucional que votamos el 4 de septiembre se basó en la interpretación que se generalizó después del estallido social de octubre del 19. Ella decía: “Su causa fue la desigualdad” (¡sic! ¿eso quemó las estaciones del Metro?). “Los chilenos quieren mayor igualdad económica, un cambio del modelo y una nueva constitución que garantice derechos sociales”. Al surgir miles y finalmente millones que hicieron propias esas interpretaciones, a las cuales diversas personalidades públicas le fueron agregando otras, se generó un tipo de energía o fuerza colectiva que condujo a la elección de determinado tipo de constituyentes, luego a Boric como Presidente y a determinado texto final.

¿Qué interpretación básica irá a prevalecer al final del categórico resultado en favor del Rechazo del domingo 4? ¿A qué conductas inducirá?

Algunos pueden concluir de allí que ese resultado se debió sólo a que la gente no entendió lo propuesto, a las fake news y engaños de la derecha, a que el gobierno no pudo hacer campaña (¡sic!, como dijo el embajador en España) o al dinero puesto por los empresarios. Por lo tanto, la conducta a seguir sería continuar defendiendo el texto de la Convención y la implementación íntegra del programa de Boric. Esta es la interpretación del Partido Comunista y de algunos del Frente Amplio.

En el extremo opuesto otros pueden interpretar el aplastante 62% y casi 8 millones de votos como significando que esa mayoría del país quiere, como dijo también un senador PC, que “estamos contentos con este modelo, Chile funciona bien así y queremos seguir igual que los últimos 30 años”.

Entre medio, existe otro significado –entre varios- que se puede dar al resultado del 4-S. Sería: “Chile quiere cambios graduales y bien hechos, con cuidado y responsabilidad, especialmente en pensiones y salud para empezar”. Probablemente, esta última sería la interpretación escogida por una mayoría de la población. Pero cuidado; eso no le quita el carácter de interpretación, ni la transforma en una verdad o certeza permanente. Cuidado; la izquierda política y los convencionales ya se equivocaron al seguir con su interpretación del estallido del 19 durante todo el 2021 hasta este 4 de septiembre del 22.

El exceso de ideología tiene esa característica de dejarnos atrapados con una cierta interpretación cuando las circunstancias que le dieron una posible validez en un momento dejan de prevalecer. Es el caso del marxismo, cuando la mayoría de los trabajadores en la sociedad dejan de ser obreros y ni siquiera asalariados. Lo mismo ha pasado con el neoliberalismo, cuando el tamaño y recursos de las empresas impiden la competencia o llevan a niveles y formas de producción que destruyen el medio ambiente o formas de vida sanas, cuando no operan con ética y en un marco legitimado social y políticamente. 

Personalmente creo que el principal significado de la sorpresiva y abrumadora votación por el Rechazo es que la mayoría de los chilenos quieren cambios, pero graduales. Es lo que plantearon principalmente los “Amarillos por Chile”. Pero no se trata de tomar esto como “la verdad” permanente y salir corriendo a sacar conclusiones y acciones a emprender. Habría que verificar más. Es probable que nunca sepamos bien por qué tantos votaron Rechazo. Lo más seguro es que fue por muchos motivos distintos, mezclados, e incluso contradictorios. Lo mismo que ocurrió con la “Marcha del Millón” después del estallido del 19, que indujo a tantos a engañarse mucho. No podemos repetir ese error.

Es tentador deducir, por ejemplo, que la gente quiere menos polarización y de allí que vaya a surgir un apoyo masivo a personeros del centro político. Puede ser; pero no está dado. Hay que escuchar más antes y construir la interpretación correcta del significado de la “votación masiva del 4 de septiembre”. Empezando por un nombre más glamoroso para ese evento, como fue el inventado por la izquierda de “estallido social” y que le dio tantos dividendos posteriores. 

Por ahora, preocupémonos de construir esa interpretación, probarla, escribirla y difundirla para hacerla con la gente. Darle margen para que vaya cambiando con los nuevos acontecimientos que surjan del contexto político, social y económico nacional e internacional. Sí, creo que es apropiado ir constituyendo un movimiento político de centro con todos los grupos y fuerzas que trabajaron por el Rechazo con un ánimo positivo, con amor y cuidado por Chile. La legitimidad de este movimiento provendría de la mayoría de esos 8 millones de votos. Casi el doble de los que sacó Boric (4,6 millones). No provendrían del estallido, su violencia y una interpretación minoritaria de ella en que basaron su autoridad los convencionales. Ese movimiento de centro puede ser nuevamente clave para obtener pronto un Apruebo de más del 60% de nuestros ciudadanos cansados que buscan principalmente vivir en paz.

*Ernesto Tironi es economista.

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