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Publicado el 09 de agosto, 2019

Ernesto Tironi: Francia 2020: A transformar los medios de producción

Economista Ernesto Tironi

La justificación de esta iniciativa por la supervivencia del planeta y de nuestra especie, además de dar lugar a un nuevo sistema económico (la “economía circular”), la hace adquirir características épicas, utópicas y casi religiosas.

Ernesto Tironi Economista
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El gobierno francés de Emmanuel Macron acaba de enviar un proyecto de ley que llamó “Anti-despilfarro para ir hacia una economía circular”. Consiste en tomar medidas para que los consumidores/ciudadanos consuman menos, reciclen todo lo posible, eviten los plásticos que se usan sólo una vez e intenten reparar o reutilizar el máximo de productos antes de tirarlos a la basura. Por ejemplo, incorporar a todo aparato eléctrico un “Índice de Reparabilidad”, para que el comprador sepa de antemano si el producto que adquiere se puede arreglar o si está destinado a convertirse en un desecho ante la primera avería. En simple, para que se entienda en Chile, una ley tipo Etiquetado de alimentos multiplicada por 100.

Me parece una de las iniciativas públicas más originales y radicales que he escuchado últimamente. Que sólo se esté considerando, y haya dado lugar a un debate en la prensa y en el gabinete antes de decidirse enviar el proyecto al parlamento, me parece un avance gigantesco: una posibilidad de transformación económica y social inmensa. Tal vez sólo de la envergadura de la que consideró Marx y los bolcheviques. Más adelante explicaré por qué me atrevo a plantear algo así.

La iniciativa se tiende a justificar como una necesidad para la supervivencia del planeta y de nuestra especie, ante el calentamiento global y otros flagelos medioambientales. Más en particular por el agotamiento de muchos recursos naturales, las consecuencias del uso del petróleo sobre la atmósfera y de sus derivados para producir plásticos, la dificultad de reciclarlos hasta el punto de contaminar hasta los océanos, etc.

En esta columna me limitaré a describir la extensión y envergadura de la propuesta, ya que me propongo retomar el tema después. Sólo a modo de introducción recalco que este proyecto fue preparado y presentado por una ministra, diputada, regalona del Presidente Macron, de sólo 36 años. Brune Poirson, casada, con una hija, tiene un impresionante currículum. Trabajó en empresas multinacionales y ONG, en la India, África y otros países en desarrollo. Es actualmente vicepresidenta de la Comisión de Medioambiente de la ONU, y tiene una inmensa capacidad de comunicación pública que está poniendo activamente al servicio del avance de esta ley. Dirige un ministerio con un nombre elocuente, que sólo los franceses son capaces de inventar: Ministerio de Transición Ecológica y Solidaridad.

¿Cuáles son las orientaciones principales de esta ley en discusión? Son cuatro: 1) Detener la generación de desperdicios para preservar nuestros recursos. 2) Movilizar a los industriales para transformar los medios de producción. 3) Informar para mejor consumir. 4) Reducir la recolección de desechos para luchar contra los basurales (inhóspitos y ya inubicables).

El lector interesado puede encontrar más información en una hermosa y educativa página web del ministerio, en que se despliega toda la inteligencia y talento artístico francés. Resumo apretadamente el proyecto de ley, que no plantea sólo deseos o intenciones, sino metas, plazos y fechas. Se agrupa en siete capítulos:

  1. Fin de la destrucción de productos no vendidos. A más tardar enero de 2023 estará prohibido para fabricantes y tiendas destruir productos que no se vendan.
  2. Prohibición de destruir productos cotidianos de higiene personal, como jabones, pasta de dientes, etc.
  3. Prohibición de destruir vestuario y textiles no vendidos.
  4. Favorecer la reparación de objetos y la reutilización de sus piezas para detener la generación de tantos desperdicios. Esto concierne equipos electrónicos como celulares, PCs, tablets, TVs, electrodomésticos, etc.
  5. Gestionar mejor los escombros y desechos de la construcción, tanto de edificios, viviendas, obras públicas, obligando a planificar y minimizar la generación de desechos.
  6. Bonos y multas medioambientales (como los bonos de carbono) para transformar los medios de producción. (¿Le resuena algo este término, no sólo a los socialistas, sino a cualquiera que hubiera estudiado a Marx, aunque sea al pasar?).
  7. Reforzar el principio de que quien contamina paga… para transformar los medios de producción.

La justificación de esta iniciativa por la supervivencia del planeta y de nuestra especie, además de dar lugar a un nuevo sistema económico (la “economía circular”), la hace adquirir características épicas, utópicas y casi religiosas, como ya ha conocido la humanidad en muchas épocas, con resultados mezclados. Está en la génesis del cristianismo, del socialismo y otras experiencias históricas masivas y prolongadas. ¿Irá hacia allá esta nueva iniciativa francesa? Parece tener diversos rasgos que ameritan al menos pensarlo. Me propongo hacerlo en el futuro.

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