Gobernar es un arte difícil. Así parece mostrarlo la experiencia de Boric estos seis primeros meses. Nunca desde el retorno de la democracia había habido un Presidente y un gobierno que hiciera tan poco y cometiera tantos errores. ¿Por qué ocurre? ¿Irá a seguir así? ¿Cuáles serán las claves de un buen gobierno? Sería largo dar respuestas claras y bien fundadas para esas interrogantes. Pero creo que vale la pena planteárselas y empezar a conversar de esto, a raíz de tener que volver a redactar una buena y nueva Constitución, y especialmente para que lo tengan presente algunos de los nuevos partidos políticos y coaliciones que aspiran a gobernar y de mejor manera. Es el caso del partido Amarillos por Chile, por ejemplo.

Empecemos por señalar algunas cosas obvias, pero no por eso menos relevantes. Formar un gobierno de calidad, que se desempeñe bien, requiere poner en los cargos claves a personas idóneas. Segundo, esas personas son muchas, y para responsabilidades muy diversas y especializadas. Tres, deben actuar muy coordinadamente unas con otras para que todo marche bien; gobernar es un trabajo de equipo. Cuatro, esas personas deben haberse formado, educado o capacitado antes para así desempeñarse bien. No pueden llegar al gobierno a improvisar o aprender; no les alcanzará el tiempo. Aunque no los despidan, quedarán marginados, serán irrelevantes al poco tiempo.

Digamos lo mismo mirado de otro lado: para formar un buen gobierno no sirve nombrar amigos, creyendo que lo que más importa es la confianza. Tampoco compañeros de partido, creyendo que basta compartir la misma ideología. Ni es suficiente haber pasado por la universidad ni tener posgrados. Ni siquiera ser un académico especializado que haya publicado muchos papers en el dominio que asumirá como autoridad gubernamental. Al contrario, esto puede hacer más daño. Tampoco sirve siempre haber sabido ganar elecciones o ser antes parlamentario.

Un buen gobierno requiere una combinación equilibrada de habilidad política, capacidad técnica y experiencia práctica. A veces la misma persona reúne varias de ellas, pero es poco frecuente. Lo clave es que las personas, a pesar de tener sólo una de esas capacidades o competencias, dialoguen continua, activa y respetuosamente con aquellos con habilidades y visiones distintas. 

Completando las obviedades, para un buen gobierno se necesita que las personas claves que lo integren se formen antes en un sentido amplio, diverso y profundo. Requiere un mínimo de experiencia propia en el arte de dirigir organizaciones complejas (eso es el Estado). Requiere habilidades duras y blandas, técnicas y políticas, personales y sociales. Formación humana íntegra. Todo esto es particularmente importante en el Jefe de Estado y su núcleo central de cuatro a cinco personas claves.

Y el programa de gobierno… ¿es fundamental su calidad para hacer un buen gobierno? Sí y no; depende. Uno malo puede ser fatal, en el sentido de alejar a los electores, si pone los énfasis en materias que no son prioritarias para ellos. Pero un buen programa no es lo que permite ganar una elección. En general se sobreestima la importancia que tiene en el plano electoral. A mi juicio, su principal función es ayudar a seleccionar  las personas y los equipos (ministros, altos jefes de servicios, etc.) que sean más idóneos para gestionar un buen gobierno. Lo segundo sería ponerse de acuerdo en las políticas fundamentales, las prioridades,  el cómo proceder para alcanzar lo propuesto. 

En el caso del gobierno de Boric parece que muy poco de eso se hizo. Hubo un relativo consenso y muchas referencias a que era un mal programa. Se prometió actualizarlo varias veces sin cumplir. Y fue usado principalmente por el Partido Comunista como forma de amarrar al Presidente con su propuesta ideológica refundacional de “terminar el modelo económico neoliberal”. Además, ni el Partido Socialista ni el PPD participaron en el diseño del programa (la mitad de su coalición actual). Tampoco participó nada menos que su actual ministro de Hacienda.

Conocí de cerca el diseño del Programa y la experiencia de formar el primer gobierno de la Concertación, el de Patricio Aylwin. Creo que hubo una diferencia sideral con Boric. Fue una experiencia inédita de preparación previa, en muchos sentidos. Puede convenir recordarla para considerarla entre las tareas de los nuevos partidos y coaliciones que entran al ruedo. Y también  considerando la profundidad de los problemas y desafíos actuales de Chile después de casi una década de relativo estancamiento o declive hacia cierta mediocridad. Dejémoslo como tarea.

*Ernesto Tironi es economista.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta