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Publicado el 29 de noviembre, 2019

Ernesto Tironi: Filantropía estructural para un modelo más equitativo

Economista Ernesto Tironi

¿Sería concebible que en Chile personas que conforman algunos de los mayores grupos económicos del país decidieran donar parte de su patrimonio a obras de beneficio social? ¿Y no sería ahora el momento crucial para hacerlo, considerando todo lo que está en juego con la crisis de violencia que afecta a Chile?

Ernesto Tironi Economista
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Frente al estallido social de octubre y las demandas por más equidad, han surgido algunas voces planteando un involucramiento más sustantivo del sector privado. Entre ellas, han sido particularmente elocuentes las de Andrónico Luksic y Jeannete Von Wolfersdorff, directora de empresas y hasta hace poco de la Bolsa de Comercio de Santiago. La última no es persona que se quede en la teoría; es esposa de Christoph Schiess, de la familia fundadora del Teatro del Lago de Frutillar.

Ella ha sugerido que grandes empresarios chilenos consideren la experiencia de EE.UU. y Europa con la filantropía, es decir, con la práctica de donar partes sustantivas de su patrimonio para obras benéficas. En EE.UU. hay una tradición extensa en la materia, como la Fundación Ford, Rockefeller y muchas otras. Más recientemente están los casos del billonario Warren Buffet y del conocido fundador de Microsoft, Bill Gates. ¿Sería concebible que en Chile personas que conforman algunos de los mayores grupos económicos del país decidieran hacer algo como esos magnates norteamericanos? ¿Y no sería ahora el momento crucial para hacerlo, considerando todo lo que está en juego con la crisis de violencia que afecta a Chile?

Me parece que pueden estar dadas las condiciones en el país para ver innovadoras formas de filantropía masiva. Porque la actual crisis nacional sorprende a los propietarios de los mayores grupos económicos chilenos en una edad en que están a punto de jubilar, tal vez haciéndose preguntas como ¿ahora, qué? Esto sucede en circunstancias de que tienen patrimonios que superan los 1.000, 2.000 o más millones de dólares, que superan con creces lo que podrían gastar aunque se dieran la más lujosa vida hasta los 120 años de edad. Y eso, aunque decidieran dejarle unos 100 millones de dólares a cada uno de sus hijos, para que no tuvieran que estar preocupados de su vejez. Entonces, ¿no sería posible que alguna de esas personas decidiera hacer algo como Bill Gates y creara una fundación con un patrimonio de algunas decenas o centenas de millones de dólares? ¿No sería acaso este el mejor momento posible en toda la historia de Chile para emprender una iniciativa como esta? La pregunta clave tal vez sea, ¿dedicar esa fundación a hacer qué?

Parecen claras cuatro o cinco posibilidades. La primera podría ser una Fonasa con capital y gestión privada. Una segunda podría ser una Red de Farmacias de Tercera Edad, que vendiera medicamentos típicos de personas mayores, que son muy caros para el promedio de la población de esa edad. Como las nuevas farmacias comunales, pero de propiedad y gestión de una fundación privada sin fines de lucro creada por un millonario chileno. Una tercera podría ser una Red de Policlínicos Comunales Privados. Por ejemplo, los Policlínicos Mineros de La Pintana, Lo Hermida, Bajos de Mena, etc., de la Fundación de un grupo minero. Una cuarta fundación podría crear el Seguro para Enfermedades Catastróficas no GES, que el parlamento todavía no aprueba. Y una quinta, especializarse en organizar, construir y mantener nuevas plazas públicas en poblaciones sin áreas verdes cercanas.

Los beneficios de esta Estrategia No Estatal para más Equidad serían muchas. Primero, que no requieren aprobar ningún dificultoso y demorado proyecto de ley. En consecuencia, gente en La Pintana y otras comunas pobres podría ya estar viendo levantarse los muros de un primer nuevo policlínico en su barrio dentro de dos o tres meses. Segundo, los costos de desarrollar esas obras y su operación probablemente serán considerablemente inferiores al costo que tendrían si fueran estatales. Tercero, tendrían un doble efecto redistributivo dentro de la sociedad: primero, que los ingresos para financiar y operar esos servicios vendrían exclusivamente del 1 o 2 por ciento más rico de la población, y no de parte de la clase media e incluso más baja, como sería el caso de financiarse con ingresos fiscales que incluyen el IVA y otros tributos. El otro efecto redistributivo potente vendría de que los nuevos servicios se localizarían donde efectivamente están los más pobres y no donde están los que presionan más y mejor a los diputados o alcaldes, que no son siempre los más necesitados. Un cuarto beneficio es que la provisión de servicios por parte de una fundación privada en vez del Estado limitaría el riesgo de corrupción y contratación de personal más para hacer favores personales a amigos (como ocurre por ejemplo en muchos servicios públicos, incluyendo a los asesores de parlamentarios en el Congreso), que en función de la capacidad técnica de los funcionarios para hacer bien su labor. Por último, estos servicios para sectores más modestos competirían con los servicios estatales actualmente existentes y, entonces, podrían elevar el standard de calidad de estos últimos al permitirle a la gente comparar la atención de uno y otro. Por ejemplo, la demora en la atención de salud que tiene un enfermo en el policlínico público comparado con el privado sin fines de lucro.

La forma concreta de las Fundaciones que propongo no implicaría que los grandes empresarios dejen de controlar el grupo de empresas que tienen. Eso se resuelve simplemente con un contrato, estableciendo que las acciones propiedad de la Fundación votarán en las Juntas de Accionistas de acuerdo a lo que señale expresamente el fundador de la corporación sin fines de lucro. Así, los empresarios que establezcan estas nuevas entidades de servicio social seguirán aportando su capacidad empresarial y directiva que tan valiosa ha sido para el país.

¿Es muy ilusorio que pueda darse un acto tan generoso de algunos grandes y exitosos empresarios chilenos? ¿Cuáles serían los beneficios para ellos? Podrían destacarse varios muy valiosos, pero prefiero ni mencionarlos para no despertar más expresiones de desconfianza. No faltarán los escépticos que digan que esto sería imposible. Otros pensarán que tal vez lo harían por puro miedo de perderlo todo. Lo veo diferente. De ser posible algo parecido a lo aquí propuesto, creo que vendrá de la propia reflexión de las personas que lo hagan. De su darse cuenta que lo que han acumulado ha sido de la buena fortuna que han tenido por el tiempo y lugar en que han vivido, además de sus esfuerzos, riesgos tomados y visión. Si miramos bien, todos vemos que parte de lo que somos y tenemos ha sido gracias a la comunidad –del Chile- en que vivimos. Y es tarea de todos crearla, mantenerla y mejorarla.

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