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Publicado el 27 de marzo, 2020

Ernesto Tironi: Estallido, Pandemia y Gobierno

Economista Ernesto Tironi

La pandemia le ofrece al actual gobierno, y al Presidente Piñera en particular, una oportunidad única de empezar de nuevo. Y no sólo a él. También a la élite política y empresarial chilena hoy tan desprestigiada. Ser capaz de aprovechar esta oportunidad es el  gran desafío.

Ernesto Tironi Economista

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El virus logró detener las manifestaciones del Estallido Social con una efectividad tan poco prevista como el Estallido mismo. Así como éste nos sorprendió tanto por  sus formas sin precedentes, lo imprevisto y su envergadura, la pandemia del coronavirus dejó chicos todos esos rasgos del estallido. Si algún dios o mortal hubiera querido detenerlo, no podría haber encontrado una manera más eficaz que la pandemia. O  si  el mismo u otro dios hubieran querido encontrar una mejor forma de rescatar el gobierno del Presidente Piñera, tampoco hubiera podido encontrar algo mejor. ¿Por qué? ¿Puede durar? Veamos.

En lo inmediato, la pandemia detuvo las manifestaciones porque impide la agrupación de personas sin arriesgar la vida (ahora no por la policía).  También frenó, me imagino, las reuniones de las mesas sociales y de todos los múltiples grupos, sean políticos,  anarquistas o narcos, que estaban organizadamente detrás del Estallido. Tal vez el hecho mismo que se detuvieran las demostraciones es una comprobación de que había una organización detrás.

Combatir una epidemia como esta, para ser efectiva, requiere inevitablemente una autoridad central y fuerte, que además cuente con facultades y recursos materiales. Esa autoridad no puede ser otra que un gobierno. Por lo tanto, por debilitado que hubiera parecido ese gobierno hasta semanas atrás en Chile, la pandemia hace que la gente lo requiera para ordenar las cosas. Y Piñera como presidente podrá tener muchos defectos, pero no tantos como para no  ver esa necesidad y la oportunidad que representa para él. Pero es mucho más que eso. Las crisis y emergencias son el tipo de cancha en que él mejor  juega. Así como lo hace Alexis Sánchez en una de fútbol y Carlos Peña en una sala de conferencias, Piñera juega mejor que nunca en terremotos y minas que atrapan gente. Por eso dejó su carrera de economista para hacerse empresario y no charlista.

¿Significa lo anterior que la pandemia salvó a Piñera? ¿Que su gobierno salió del hoyo en que había caído y tendría un camino fácil y suave hasta el final de su mandato? De ninguna manera, creo. Pero sí podría tener una enorme e inesperada chance de terminar muchísimo mejor de lo que hubiera terminado sin esta crisis sanitaria. Tanto como para incluso dejar a alguien de su lado como su sucesor en La Moneda. Pero para lograrlo necesitará habilidades nuevas y cumplir condiciones bien precisas y exigentes. ¿Cuáles podrían ser?

Estimo que tres: Primero, controlar la pandemia con relativo éxito en Chile. Para eso no bastará el reconocimiento internacional, ni de la OMS, la OPS ni la OECD; necesita el de la gente en la calle, en Santiago y regiones. No un éxito en cifras,  ni absolutas, ni comparadas con otros países latinoamericanos, asiáticos o desarrollados. Un éxito en el corazón y la apreciación de las personas. Lo segunda sería que la economía no se deteriore tanto como para que, cuando pase la epidemia, se restablezca rápidamente la producción, las inversiones, las exportaciones, etc. Y que en lo posible volvamos a crecer más que en el pasado reciente. El tercer requisito es que el próximo año, el decisivo año eleccionario 2021, Chile cuente con una economía mundial  favorable, donde se recupere la demanda y el precio del cobre, el resto de nuestras exportaciones y que las tasas de interés no se disparen.

Los debates e interpretaciones de nuestra crisis social  chilensis pueden quedar sin piso o con otro muy diferente al que estábamos viendo hasta ahora.

De las condiciones anteriores, la última depende poco de Piñera, la segunda un tanto, y la primera mucho. Pienso que Chile va a salir mejor parado de esta crisis sanitaria que la mayoría de los países de nuestro nivel por varios motivos. Gracias nuestra antigua tradición de ciudadanos relativamente serios, ordenados y responsables, que  parece haber vuelto a salir a la superficie. Ahora recordaremos que Chile tiene más cultura cívica de lo que hemos escuchado últimamente. Además tenemos un sistema de salud, tanto público como privado, reconocidamente eficiente a nivel internacional, por más reclamos internos que tengamos. Por último, Chile tiene instituciones que funcionan, también a pesar de todo lo dicho esos meses. Esto incluye las policías, aduanas, ministerios, etc. Un gobierno entero que funciona, con gente capaz desde los niveles más altos a los más modestos.

Sobre la condición de derrotar la pandemia relativamente bien y que la población le atribuya ese mérito a Piñera, probablemente dependerá sobre todo de que el Presidente asuma un estilo de más humildad y menos protagonismo. Que no diga él mismo todo lo preparado que estaba y que se ponga más en un segundo plano. Algunos indicios de esto podría haber en el nombramiento y rol que ha dejado jugar a Mañalich. También dejar  de cometer tantos errores comunicacionales; tal vez hablando menos o no metiéndose en todo. Si se aleja más de la contingencia, va a ser más posible que sus llamados a la unidad nacional y al trabajo colaborativo sean más escuchados. Y no sólo por sus opositores, sino hasta por sus partidarios, que últimamente lo habían empezado a abandonar. También podría ayudar aceptar que no tiene mayoría en este parlamento y dejar de intentar  sacar allí reformas imposibles. Bastante pega habrá administrando las tareas básicas del gobierno, mejorando la gestión y modernizando con nueva tecnologías la atención de las oficinas y servicios públicos. Este podría ser su mayor legado.

Por último, el mundo que tendremos después de la tormenta del coronavirus cambiará nuestra vida en muchos ámbitos radicalmente y por décadas. Habrá un antes y un después, como lo han destacado personalidades como Yuval Harari y T. Friedman en artículos recientes. Los debates e interpretaciones de nuestra crisis social  chilensis pueden quedar sin piso o con otro muy diferente al que estábamos viendo hasta ahora. Estimo que por varios años lo económico volverá a ser mucho más predominante, en especial  para generar empleo. En consecuencia, la necesidad de más inversión y  de atraer inversionistas extranjeros.  El crecimiento volverá a ser más importante que sólo distribuir mejor los ingresos. Los empresarios entonces volverán a ser necesitados. Si éstos  serían los vientos que corren, ¿quién mejor que Piñera puede capitanear el bote para que todos rememos para el mismo lado?

En síntesis, la pandemia le ofrece al actual gobierno, y a Piñera en particular, una oportunidad única de empezar de nuevo. Y no sólo a él. También a la élite política y empresarial chilena hoy tan desprestigiada. Ser capaz de aprovechar esta oportunidad es el  gran desafío. El resultado está por verse.

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