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Publicado el 17 de mayo, 2019

Ernesto Tironi: “Está mal  la cosa”. ¿Entonces?

Economista Ernesto Tironi

En muchos chilenos hay una molestia emocional, un estado de ánimo, que es mezcla de confusión, desilusión, cansancio y desesperanza respecto a la marcha del país. ¿Qué está pasando? ¿Qué habrá detrás de esas percepciones?, me pregunto. ¿A qué nos podría llevar seguir pensando así? ¿Cómo cambiar?, son otras inquietudes que me vienen.

Ernesto Tironi Economista
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Cuando la tercera persona en esta semana me dice “¿No te parece que las cosas en el país andan bastante mal?”, decidí dejar la columna que estaba escribiendo y meterme a tratar de entender qué está pasando. Pregunté más y las respuestas fueron del tipo: «Ya no se puede confiar en nada»; “corrupción en todas partes, abusos”; “instituciones que admirábamos, y de las que nos sentíamos orgullosos como país, hoy en el suelo sin inspirar ninguna confianza”; “puras malas noticias cuando uno abre el diario”. El rostro, nariz y frente  arrugadas con que me hablaban, y las cejas fruncidas, eran aún más elocuentes que sus palabras. Busqué indagar si esa percepción vendría de algo personal que les habría pasado, como, por ejemplo, que tuvieran miedo de perder el trabajo, que la economía se derrumbara u otra cosa así. No era el caso de ninguno.

¿Qué está pasando? ¿Qué habrá detrás de esas percepciones?, me pregunto. ¿A qué nos podría llevar seguir pensando así? ¿Cómo cambiar?, son otras inquietudes que me vienen.

No pretendo tener respuestas estadísticamente representativas del sentir nacional. Tengo, sí, la impresión que anda mucha gente con el ánimo decaído, medio desilusionados de la marcha del país. Como que no se quiere saber más de los temas que aparecen cada noche en los noticiarios: peleas políticas, entre fiscales, juicios por doquier, nuevos abusos, tribunales dejando libre a gente aparentemente por tinterilladas o dudosas prescripciones, trato injusto entre poderosos y ciudadanos comunes por las mismas faltas, etc. Los medios de comunicación confunden, más de lo que aclaran. Parece que de adrede (tal vez para crear más polémica) dicen un día que una persona es proba, y fue quien denunció un delito, y al día siguiente informa que es un delincuente. Pero ni el periodista ni el medio aclaran bien quién dice qué o porqué cambió esa condición. Entonces la gente común deja de querer informarse, se siente más confundida y menos cree en nadie. En síntesis, una forma de decir lo que me parece nos está pasando es que en muchos chilenos hay una molestia emocional, un estado de ánimo, que es mezcla de confusión, desilusión, cansancio y desesperanza respecto a la marcha del país. 

Me parece que el gobierno de Piñera no sopesó lo suficiente que tiene un parlamento con mayoría opositora a su programa.

¿Será algo temporal o algo que puede mantenerse y conducir a nuevos comportamientos? Esto dependerá, entre otras cosas, de las causas del fenómeno. Podría ser que esto venga de la acumulación de “malas noticias”, tanto de  instituciones corrompidas como de otro tipo. Esto puede ser además amplificado por la propagación más rápida de esta información por las redes sociales. Otros lo atribuyen principalmente a la situación política; en particular, la parálisis que ha creado la mayoría de un Parlamento que se niega siquiera a discutir los proyectos de ley que el actual gobierno propone.

Los ciudadanos debemos aprender que la elección de parlamentarios sensatos y menos ideologizados es tan importante como elegir Presidente.

Personalmente estimo que probablemente las causas son una mezcla de las dos anteriores. La gente está muy aburrida de la política, aunque mejor sería decir, del tipo de comportamientos, temas y prioridades de nuestros dirigentes políticos, tanto de gobierno como de oposición. Me parece que el gobierno de Piñera no sopesó lo suficiente que tiene un parlamento con mayoría opositora a su programa. Que se equivocó al ir dejando sus propuestas iniciales de unidad nacional, para volver a su tono beligerante, del cual sus opositores están muy sensibles. Y sobre todo, algo que me parece inexplicable por el largo tiempo que tuvo el presidente para armar su equipo, equivocó al demorar tanto en presentar al Congreso sus proyectos claves: el tributario, laboral y de pensiones. Perdió el tiempo mágico de su luna de miel. Exactamente lo contrario que había hecho Bachelet, incluso teniendo mayoría en el parlamento.

Ahora ya ha perdido mucho apoyo ciudadano y ha entrado a la etapa en que muchos empiezan a pensar más en las próximas elecciones. Uno se pregunta si valdrá la pena sacar adelante proyectos de ley remendados que pueden ser peor que lo que tenemos; o sea que el remedio sea peor que la enfermedad. Aunque se apruebe la idea de legislar en ellos… ¿seguir en las batallas que hemos visto? Hay muchas materias que mejorar en el país sin requerir nuevas leyes. Acelerar el mejoramiento del transporte público, de la construcción de los trenes a Melipilla y Valparaíso, de la seguridad ciudadana, de la atención en los servicios de salud, el funcionamiento de servicios públicos, de los tribunales de justicia, etc.

Por parte de los ciudadanos, podríamos sacar algunas lecciones y emprender acciones para salir de la situación y el malestar en que hemos caído. Primero, hacer un esfuerzo deliberado de no quedarnos en lo negativo, sino enfocarnos en lo mucho de positivo que tenemos en el país. Dejar de ver las noticias que predominan en la TV de hoy hasta que se queden sin televidentes. Pensarlo dos veces antes de reproducir Ws o tuits ofensivos contra quienes piensan distinto a nosotros. Y, por sobre todo, aprender que la elección de parlamentarios sensatos y menos ideologizados es tan importante como elegir Presidente. Ambas instituciones son claves para un buen gobierno.  Ser más cuidadosos en por quién votar para parlamentario, y exigir cambios como limitar la reelección de ellos. Tomar consciencia de que si queremos un país andando bien no podemos simplemente desinteresarnos de la política. Lo que tenemos hoy es consecuencia de quienes nosotros elegimos. Los errores que cometamos en esto inevitablemente nos repercutirán. Los cambios no van a llegar por echarle la culpa a uno o a otro. Seguir como espectadores de la política nacional nos puede salir muy caro. Tenemos al lado los ejemplos de Argentina y Venezuela. Si dejamos de actuar a tiempo nosotros, entonces lo harán otros y viviremos quejándonos  en vez de celebrando lo que tenemos y podemos llegar a ser.

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