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Publicado el 18 de octubre, 2019

Ernesto Tironi: El calentamiento global, ¿una nueva religión?

Economista Ernesto Tironi

El interés que ha despertado el cambio climático como un proyecto personal trascendente, como una causa a la cual entregar su vida, probablemente se asocia con fenómenos propios de estos tiempos, como el fin de la utopía comunista y socialista, el descontento por las desigualdades y baja calidad de vida generadas por el capitalismo moderno y con el propio desarrollo económico, y por el descrédito y decadencia de las religiones.

Ernesto Tironi Economista
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Comienzo señalando que el título de esta columna no es para ridiculizar ni intentar ofender a nadie. Menos a los científicos que abogan por reducir el calentamiento para salvar el planeta ni a los que creen en una religión para salvar a los habitantes del mismo. Solo quiero plantear una legítima pregunta e invitar a una reflexión genuina y seria sobre ella.

¿No le parece a usted que el debate sobre el calentamiento global, sus causas, consecuencias y soluciones asume a menudo rasgos de una batalla religiosa? Es más que meramente ideológica. Por ejemplo, se habla de creer o no creer en él. Quienes no lo reconocen están siendo acusados de desconocer el valor de la ciencia, y hasta de incurrir en faltas que suenan como pecados. Los combatientes contra el calentamiento global, a su vez, aparecen como profetas advirtiendo sobre las Siete Plagas que llegarán si no cambiamos conductas y nos “convertimos”.

¿Qué otros rasgos de este debate en su modo de presentarse por quienes abogan por reducir el calentamiento global permiten decir que tiene elementos de una religión? O, dicho de otro modo, ¿habría relación entre las formas en que se plantea terminar con el calentamiento global y lo que han planteado muchas religiones a lo largo de la historia? A mí me parece que varias, como el componente apocalíptico que ya mencioné. Pero además tiene algunos demonios: el sistema capitalista, las empresas (especialmente las que utilizan carbón), la mayoría de los gobiernos. También los abogados contra el calentamiento plantean una vía de redención o salvación: en lo social y político, poner límites por países a la emisión de gases en Conferencias Internacionales, y, con menos énfasis, ponerse límites personales al uso de productos contaminantes, incluyendo autos. El rasgo apostólico es indiscutible; se milita activamente para convencer a los demás y sacarlos de su error. Y tienen sus héroes, santos o personeros ejemplares que conducen y dan ejemplo de sus cruzadas. El ejemplo más reciente es el increíble surgimiento de la pequeña Greta Thunberg, que algunos han comparado con una especie de Virgen de Fátima predicando contra el calentamiento global.

No sigo con más analogías entre los dos fenómenos en los que intento indagar, porque una breve inmersión en la literatura del tema me dejó abrumado. Lo que implican las religiones, sus orígenes, motivaciones consecuencias, etc. se ha estudiado desde que el hombre apareció y desde el punto de vista de casi todas las disciplinas científicas. Ya un discípulo de Sócrates escribió específicamente del tema. Autores como Freud, Max Weber, Durkheim, evolucionistas modernos y muchos otros le han dedicado libros enteros. Tal vez lo principal que quiero plantear es que el mejor modo de entender qué está pasando con este movimiento del calentamiento global que atrae tanto a los jóvenes es abordándolo como al estudio del surgimiento de nuevas religiones.

El interés que ha despertado en la población actual el cambio climático como un proyecto personal trascendente, como una causa a la cual entregar su vida, especialmente entre los jóvenes, probablemente se asocia con otros fenómenos que se están dando en estos tiempos. Como por ejemplo, el fin de la utopía comunista y socialista, que en el pasado atrajo tanto a mucha gente. También con el descontento por las desigualdades y baja calidad de vida generadas por el capitalismo moderno y con el propio desarrollo económico, que no está trayendo los beneficios y la felicidad esperados de él. Y, finalmente, por el descrédito y decadencia de las religiones como parte fundamental que inspiraba y daba un propósito a la vida de la gente, agudizada exponencialmente por los abusos sexuales y de poder descubiertos últimamente. Todo esto último contribuye a dejar un vacío de ideales a los cuales las personas buscan dedicar sus vidas.

En este sentido, personalmente no veo con mayor preocupación lo que observo como una nueva religión del ecologismo y el combate al calentamiento global. Lo que quisiera no ver, sin embargo, es el fanatismo; es decir, desde un “yo sé qué está pasando, cómo y porqué, y todos los que no creen o niegan lo que yo veo están ciegos, equivocados o tienen algún interés o propósito personal oculto que privilegian”. Preferiría que lo viviéramos desde un amor redescubierto por la naturaleza y por nuestro planeta. Por un deseo de cuidarlo; por cuidar la vida y todo lo que la sustenta y emana de ella. En fin, prefiero que lo vivamos con una mayor consciencia de nuestro carácter y responsabilidad humana, como seres que convivimos con otros seres vivos en este planeta tierra. En resumen: como un retorno al mayor respeto y cuidado por la Madre Tierra.

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