Este año 2022 la situación del país termina mucho mejor de lo que empezó, según mi opinión. Comprendo que no todos los chilenos piensen igual. Pero probablemente así lo considera más del 62% de ellos en el plano político, lo que constituye una mayoría bien contundente. No sólo por haber detenido una caída a pique que se proyectaba antes del 4 de septiembre, sino por varios motivos más. 

Aquí me propongo revisar y plantear qué ha sido lo mejor del año que termina. Quiero hacerlo sobre todo para invitar a cada uno y una de los lectores/as a mirar también lo positivo que tuvo para sí, y no concentrarnos sólo en lo negativo, ni en lo que falta. Así; porque sí, no más. Para suspender por un rato vivir en la queja. Para cambiar ese hábito tan fuerte que tenemos de no mirar todas las condiciones que existen para estar también satisfechos y agradecidos. Ya leerán muchas columnas, entrevistas y comentarios sobre los problemas que seguimos teniendo como país. Démonos también un tiempo para considerar lo bueno. Sin pretensión de “objetividad”.  Ni siquiera he hecho una revisión sistemática de los principales eventos del año. Escribo sobre lo que me aparece en este momento, como seguramente lo hará cada uno de ustedes cuando converse con otros en la noche de Año Nuevo. Veamos.

Lo primero que el 2022 ha tenido de bueno es sin dudas el resultado del plebiscito. Nos sorprendió a casi todos. Generó un nuevo clima psicológico en el país. De alivio. Y además cambios concretos en la composición del gabinete ministerial y la orientación general del gobierno. Sin dudas es lo primero que celebrar. Más todavía si se aprecia comparando con las malas perspectivas que se avizoraba al inicio del año, al instalarse el nuevo Gobierno, o en julio cuando se entregó la propuesta de la Convención y después cuando tuvimos un Presidente de la República dedicado a generalísimo de una campaña del Apruebo. ¡Qué alivio y qué formidable ese triunfo! Pero no es lo único bueno del 22. (Me refreno de mencionar el resurgimiento de movimientos políticos de centro y, en particular de Amarillos, hoy en vías de transformarse en partido).

Lo segundo bueno del año, me parece ser el Acuerdo por Chile, con un procedimiento razonable para intentar redactar una nueva y buena Constitución en un plazo relativamente breve.  No sólo es de celebrar que los partidos y parlamentarios hayan cumplido sus compromisos y sacado adelante la tarea, sino que esta semana sabemos que el proyecto de ley avanza en el Parlamento.

Lo tercero para mi positivo de este año en lo político nacional, es la aprobación del nuevo menor quórum para reformar la Constitución a cuatro séptimos. Esto descomprime el tema para no darle tanta prioridad y reducir confrontaciones tan ideológicas.

Pero sigamos. Sin pensar demasiado, se me aparece la aprobación de la ley para hacer obligatorio el voto como una cuarta buena cosa del año. No cabe duda que la Ley del Voto Voluntario resultó un error que dañó nuestro sistema electoral y político, y era indispensable empezar a corregirlo. Personalmente había apoyado antes el voto voluntario. Fue prematuro, me equivoqué, y pensaba que sería más difícil reformar esto de nuevo después del 4-S. Muy buena noticia entonces.

Habría más cosas buenas del 22, pero dejo al lector encontrar las suyas. Por ejemplo, que se haya frenado el intento de hacer un cuarto retiro de los fondos de pensiones, que habría dinamitado el programa en curso para enfrentar la elevada inflación que generaron los anteriores.

También el éxito que se empieza a observar de la política antiinflacionaria del Banco Central y el apoyo de Hacienda a ella. Y que finalmente se haya aprobado el Acuerdo Transpacífico (TPP-11). Gran noticia. También que el Ministerio de RREE no haya apoyado la destemplada declaración respecto al intento de Golpe en el Perú que hicieron México, Argentina y otros gobiernos izquierdistas de América Latina. Se ha caído así sola otra de las malas ideas del programa de gobierno de Boric y de la Convención de privilegiar en especial las relaciones con Latinoamérica. 

Incluso en materia de seguridad hay cosas para celebrar y agradecer. Mal que mal, fue detenido uno de los mayores líderes de la CAM: Llaitul, nada menos.  Y la Plaza Baquedano está con pasto ya varias semanas y se extienden obras de reparación. Así podríamos seguir con revertir el deterioro del centro de Santiago, Viña y otras ciudades.

Me pueden decir que en lo internacional, o en el mundo en general, no habría noticias que celebrar. Pero mirando bien, dentro de todo, el ejemplo que han dado los ucranianos de fortaleza y patriotismo para detener a una potencia imperialista y totalitaria como Rusia es un ejemplo muy admirable y digno de celebrar. Además, el año termina con la resolución del Congreso Norteamericano recomendando sancionar a Trump, quien pierde apoyo en de su partido, alejando así el peligro de que vuelva a ser presidente.

Lo que intento mostrar con lo señalado arriba, es que no siempre hay puras malas noticias, incluso en materias políticas e incluso económicas nacionales. Es cosa de no consumir inconscientemente tanta TV y noticias. Mirar bien, con atención y benevolencia periódicamente. Lo sugiero para un mejor 2023.

¡Feliz año!

*Ernesto Tironi es economista.

Ernesto Tironi

Economista

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