Hay grandes esperanzas de que la mayor producción de litio sea el motor de la tan necesaria recuperación del crecimiento de la economía chilena. No obstante las legítimas dudas sobre esa calidad motriz, es indispensable aprovechar esa riqueza. La interrogante clave entonces es: ¿La política del litio planteada por este gobierno expandirá rápido esta industria en Chile? ¿Cuáles serían los fundamentos de una respuesta positiva o negativa a esa pregunta?

Muchos han expresado una fuerte crítica a la política actual del litio. Sus fundamentos pueden atribuirse principalmente al establecimiento de condiciones demasiado exigentes para los inversionistas, como es que el Estado controle al menos el 50% del capital. El gobierno contraargumenta que no sería limitante, basado en el interés que le han manifestado muchos inversionistas extranjeros. Es esperable que estos últimos digan eso porque en esta etapa buscan posicionarse; aún están muy lejos de necesitar comprometerse sin mayores datos precisos de costos, derechos y rentabilidades. Pero todo esto son teorías y especulaciones.

Aquí me propongo indagar más bien ¿qué enseña la experiencia chilena sobre cómo desarrollar hoy nuestra producción de litio? Más en particular, ¿qué enseña lo hecho por la Corfo, que ha participado por más de 50 años en esa industria, en la cual por un tiempo Chile fue líder mundial?

Corfo cumplió un papel clave en lograr que Chile llegara a ser el mayor productor mundial de litio ya el año 1995 (con 32% del total; 40% el 2005), al formar las dos primeras empresas productoras de este mineral: la Sociedad Chilena del Litio (SCL) en 1980, con Corfo aportando 45% de su capital inicial, y Minsal en 1986, con 25% de su capital. La primera de esas compañías evolucionó hasta ser la actual Abemarle Chile SA y la segunda SQM Salar SA. La primera de capitales extranjeros hoy, y la segunda de capital chileno, pero ambas actualmente con cero capital de Corfo o del Estado chileno. Hoy hemos bajado a producir sólo el 30% del mundo. Y vamos a pasar al tercer lugar luego. ¿Qué pasó? ¿Qué hizo Corfo para llegar a ese logro inicial y qué pasó después para llegar a lo actual? ¿Qué podemos aprender de todo eso para actuar bien ahora? Comparto mis respuestas preliminares.

Las primeras lecciones que deduzco del actuar de Corfo y del Estado a mi juicio serían:

  1. En los orígenes de la industria chilena del litio, la Corfo fue clave. También lo ha sido entonces en la pérdida del liderazgo mundial que hemos tenido los últimos 15 a 20 años y en que se proyecta a futuro.
  2. El desarrollo de capacidad nueva de producción de este mineral plantea desafíos mayores a los de otros porque requiere avanzar simultáneamente en tres dominios o ámbitos de suyo complejos: A) El de identificar y empoderar al agente empresarial principal (empresa controladora) que organice los procesos que deben avanzar coordinadamente. Esto incluye la gestión y el levantamiento de los fondos de inversión requeridos, lo cual supone dar confianza al mercado y agentes de que logrará su propósito. B) El dominio de lograr firmar los acuerdos contractuales entre socios y propietarios del recurso (pertenencias mineras) y otros derechos claves, incluyendo los que sólo puede otorgar distintos organismos del Estado (Ceol).  C) El ámbito de poseer los conocimientos tecnológicos adecuados para producir y fabricar las plantas productivas a costos competitivos.
  3. La tercera lección que dejaría la experiencia de Corfo es que el desarrollo de nuevos proyectos de litio toman mucho tiempo desde la identificación de los recursos (materia prima) suficiente (unos 5 años) y desde allí hasta lograr la primera producción comercializable. Esto último depende mucho del know how empresarial; en un caso en Chile tomó como cuatro años (SCL, 1980-84) y en el otro como ocho (Amax-SQM, 1984-92).

Veamos qué hizo Corfo en los campos señalados.

En los casi 50 años de la historia del desarrollo de la industria del litio en Chile se pueden distinguir cinco períodos, de muy distintas características y duración. Ellos son:

  1. Período de Estudios y ensayos (1974 – 1979)
  2. Formación de Empresas (1980 – 1986)
  3. Desarrollo e Inversión: nuevos socios y construcción de plantas (1981/6 – 1995)
  4. Operación privada y abandono público (1996 – 2012)
  5. Re-interés público, ajustes de contratos y parálisis política (2012 – 2023)

El primer período y el inicio de esta industria en el país surge de la iniciativa de la Corfo de constituir un Comité de Sales Mixtas para hacer estudios y exploraciones en el salar de Atacama en 1974. Cabe destacar que la Corfo es la única entidad del Estado en Chile que tiene la facultad de realizar actividades económicas e incluso formar empresas sin necesidad de una ley específica, y eso lo hace a través de la constitución de Comités por parte de su Consejo. En aquel momento, además, Chile estaba bajo el gobierno militar y, dentro de éste, siempre fue el Ejército quien tuvo el control y dirección de Corfo. En este período, decide contratar un estudio sobre la viabilidad de explotar minerales no metálicos en ese salar a una experimentada consultora norteamericana (Jacobs Engineering) con fondos de un préstamo del Banco Mundial. Los minerales principales a estudiar en ese momento fueron potasio, sulfatos, boro y litio. En paralelo, firma un convenio con una de las dos mayores productoras de litio en el mundo (Foote Minerals, hoy desaparecida) para investigar la viabilidad de extraerlo del Salar de Atacama. En 1979 ambos concluyen que era factible, con un Proyecto de Inversión para producir rentablemente Carbonato de litio.

El segundo período se inicia en 1980 con la decisión de Corfo de formar la primera empresa -SCL- con un capital de U$6 millones, 55% Foote y 45% Corfo. Su parte la pagó Corfo con el aporte de tres cosas: sus estudios técnicos, 3.344 pertenencias mineras y el derecho para producir minerales con litio (carbonato, etc.) hasta por 200.000 toneladas de litio equivalente en 31 años. Esto se evaluó entonces en aproximado US$2,5m. Los estudios de esta empresa llevaron a proponer un proyecto de inversión para producir como 6.300 TM de carbonato de litio al año, bajo un contrato de explotación por 31 años (hasta el 2011) por un total máximo de 200.000 TM de litio equivalente. SCL inició la producción de litio en Chile en 1984 después de haber invertido US$54 m en pozas y una planta en La Negra, arriba de Antofagasta.

En 1983, el éxito con el inicio de SCL lleva a Corfo a convocar una Licitación Publica Internacional para producir en el Salar de Atacama cloruro de potasio, sulfato de potasio, ácido bórico y cualquier otro producto derivado. Corfo aportaría: 1)Estudios, 2) Derechos mineros por 16.384 has. y otros derechos. En mayo 1984 se reciben propuestas de la empresa norteamericana FMC, líder mundial en esos productos y de un consorcio de AMAX, otra minera de EE.UU. y la chilena Molymet. Corfo decide adjudicar al consorcio, y pasa a negociar y acordar los contratos necesarios.

En enero de 1986 se forma la Sociedad Minera Salar de Atacama Ltda. (Minal), en la cual Amax tiene el 63,75% de las acciones, Molymet 11,25% y Corfo 25%. Se firma además el Contrato para el “Proyecto en el Salar de Atacama”, con vigencia de 33 años (hasta 2019) con un royalty para el litio de 6,8% de las ventas y una producción máxima en el período de 180.000 TM de litio metálico equivalente. Poco después, en abril se firma el Contrato de Arrendamiento de Pertenencias que habían sido fijadas en la licitación por 16.384 unidades OMA.

Sobre esas bases contractuales, Minsal construyó un planta piloto, hizo más trabajos de evaluación técnica y económica y un Estudio de Factibilidad. Este último mostró que se podían producir anualmente 2.250 TM de hidróxido de litio, además de determinadas cantidades de cloruro y sulfato de potasio y ácido bórico, con un costo de inversión de U$245 millones de ese momento, mediados de 1989. Con eso aprobado, Amax salió en busca de financiamiento y un año después -al haber subido la inversión a US$380 con el agregado de costos de financiamiento y capital de trabajo-, concluye que sólo invertiría eventualmente si socios le aceptan reducir sustancialmente su porcentaje accionario del 63,7%, lo que le comunica a Corfo en abril de 1990.

En ese momento, 1990, me correspondió entrar a participar en estas conversaciones en mi calidad de recién nombrado Gerente General de la Corfo por el Presidente Aylwin.  Planteamos que Corfo no estaba en condiciones de aportar más capital y que Amax propusiera una solución y posible nuevo socio antes del 31 de diciembre de 1991. Amax y Minsal propusieron hacer el proyecto en etapas, bajando la inversión a US$256 m. Para aceptar, Corfo puso como condición que Minsal debería pagar un arrendamiento por el usufructo de las pertenencias a todo evento (estuviera o no produciendo litio) a partir de 1996. Esto se acordó e incorporó al contrato a cambio de una extensión del plazo del arrendamiento en 12 años (hasta 2030).

En paralelo, Amax inició conversaciones con la minera norteamericana FMC (la segunda con Foote que controlaban este mercado en el mundo) para vender sus derechos, quien ofreció por ellos US$7m, poco más que el capital nominal de Minsal (menos de lo realmente invertido hasta entonces). Corfo no aceptó ese monto y Amax conversó con SQM quien sorpresivamente ofreció 12 millones en un plazo de 12 años. Al final de cuatro años más de negociaciones y ajustes de contratos en diciembre de 1995 Minsal queda con un capital de US$38 m de los cuales SQMK (SQM Potasio entonces) tiene 81,82% y Corfo 18,18% y en condiciones de iniciar la inversión en el proyecto y construir su primera planta. En 1996 inicia SQM su producción de litio, como “subproducto” de las mismas salmueras de las cuales ya había sacado el cloruro de potasio que ya había aprendido a producir desde 1993. Logra eso entonces con un costo muy inferior a todos los países del mundo, y rápidamente logra conquistar una alta fracción del mercado. Pero no todo es para siempre y allí comienza otra fascinante etapa de crisis, ajustes e innovaciones que el espacio no permite abordar aquí.

Con este ya extenso relato de hechos, quisiera invitar al lector con la paciencia de haber llegado hasta aquí, que saque sus propias conclusiones de si es sabio o no tener una política hacia el litio que pone tantas condiciones adicionales (como 50% estatal) a las complejidades que ha tenido y sigue teniendo desarrollar esta industria. Juzgue también si será un argumento meramente ideológico o interesado que sacar esto adelante requiere mucho tiempo, conocimiento profundo de la tecnología necesaria, del mercado y una capacidad de gestión y empresarial de alto nivel. Confianza total en el emprendedor, porque necesitará gran flexibilidad para abordar contingencias. Finalmente, tener un organismo del Estado que facilite todo lo necesario, coordinando permisos, derechos y ambiente favorable en distintos organismos públicos. Al lado de la empresa, y no dentro de ella, lo cual sólo agregará lentitud o parálisis.

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