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Publicado el 03 de julio, 2020

Ernesto Tironi: Chile en la economía mundial que viene

Economista Ernesto Tironi

¿Qué hacer entonces frente al atemorizante, incierto y convulsionado panorama económico internacional con pandemia? Primero, resolver cuanto antes nuestros temas internos, para recuperar y continuar desarrollando la marca Chile en el mundo.

Ernesto Tironi Economista
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No sólo de pandemia vive el hombre. Es tiempo de hablar de otras cosas también. Una de ellas puede ser cómo está cambiando y probablemente terminará por transformarse la economía mundial. Tema crucial para el futuro de Chile. La época más prolongada de progreso económico en la historia de esta pequeña república se debió fundamentalmente a la participación de Chile en la economía internacional; a su apertura a ella.

Ahora, el dinamismo de esa corriente en la que nuestro país surfeó parece estar llegando a su fin. ¿Es tan así? ¿De qué magnitud? ¿Qué consecuencias concretas puede tener para nosotros? ¿A quiénes podría golpear más? ¿Cómo protegerse? ¿Hay posibilidades de que, a pesar de todo, haya algunas oportunidades para nosotros? ¿Qué debiera hacer Estado y el sector privado en este nuevo escenario? Estas son algunas de las preguntas que considero que también debemos hacernos. Y ahora. No esperar ese futuro incierto que a tantos nos llena de ansiedad y también paraliza. Aquí procuraré abrir la conversación, proveyendo algunos antecedentes y especulando primeras respuestas y recomendaciones.

El primer punto que quisiera plantear es que hasta ahora la información y el debate se han concentrado demasiado sólo en factores y variables macroeconómicas como caídas del PIB, ingresos, deuda y el empleo de los países. Mucho menos en comercio internacional (exportaciones e importaciones) y en sectores o industrias específicas. A nosotros los chilenos nos importa sobre todo qué pasa con el cobre. Pero no sólo eso. También con los salmones, la fruta, los vinos, la celulosa, etc. Nos interesa no sólo la menor demanda que habría por menor ingreso de los consumidores externos. También nos influirá mucho qué restricciones pueden poner los gobiernos, cambios en preferencias de consumidores, variaciones de precios y de oferta de nuestros competidores y substitutos. Mi propuesta es poner más atención a esto último también, para anticiparse en evitar daños y aprovechar oportunidades. “La globalización no terminó, pero se va a redefinir”, ha declarado una experta de McKinsey en un informe reciente.

Sobre estos últimos temas de tipo microeconómicos o sectoriales, casi todos los observadores y analistas de las cuestiones internacionales anticipan una nueva era de una economía internacional menos dinámica, más cerrada, más conflictiva e incierta. Se pronostica una caída del comercio internacional de 33 por ciento este año, y del 40% en la inversión extranjera directa. Hay un movimiento de casi todos los países, y sobre todo los más grandes, a buscar más autosuficiencia. Para empezar, en insumos médicos, como lo han declarado desde Trump hasta Macron, pasando por Merkel y Xi Jiping. Pero no se quedan allí: también los consumidores plantean algo semejante en alimentos y muchos bienes considerados esenciales. ¿Nos puede afectar esto a nosotros? Probablemente sí; veamos.

La industria chilena de alimentos está sufriendo caídas en sus volúmenes de exportación que hasta ahora no han afectado mucho a los productores gracias a la compensación por el alza del tipo de cambio. Es, por ejemplo, el caso del vino. Esas caídas en las compras pueden venir de menores ingresos de los consumidores. Pero otra parte puede venir de la tendencia al autoabastecimiento alimentario. Esta es fuerte por parte de los norteamericanos y puede alcanzar a la fruta, incluidas las paltas.

Otra tendencia preocupante para nosotros puede ser la prioridad dada en todos los países a los temas de salud, el cuidado con lo que se come y las infecciones que pueden causar. Aquí podría aparecer el tema de los virus que afectan a animales criados para el consumo humano, como cerdos y aves. En esto nos hemos beneficiado de un boom provocado por problemas de ese tipo con la producción porcina china. Pero algo parecido puede ocurrirnos a nosotros. Ya vivimos el problema en el pasado con la infección de los salmones, la cual tuvo un alto impacto en nuestro país, y en dos regiones en particular. Nos va a afectar también la caída en el turismo externo, pero no tanto como otros países que dependen tanto de esa industria.

Párrafo aparte merece el debilitamiento de la institucionalidad del comercio internacional, y en particular de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Por suerte los días de Trump parecen contados en la Casa Blanca, porque si no podría sufrir la suerte de la OMS. Ese organismo multilateral es clave para países pequeños como Chile. Nuestro país debiera hacer todos los esfuerzos posibles por realizar un trabajo diplomático decidido por fortalecerlo. La diplomacia chilena tiene que focalizarse en el fortalecimiento de la institucionalidad internacional, en lo político y lo económico. Además, acompañar a abrir mercados y generar mejor voluntad hacia nuestro país.

Pero no todo debiera ser negativo para Chile. Pueden haber oportunidades y debemos abocarnos estos meses a estudiarlas y desarrollarlas a fondo. Por ejemplo, un apoyo especial y colaboración pública-privada a emprendimientos industriales para uso del cobre como material que evita la contaminación de este virus y otros patógenos en los hospitales y laboratorios. Se estima que por estas infecciones intra-hospitalarias mueren 700.000 personas al año en el mundo. Otro caso el es de aprovechar las tendencias de empresas multinacionales a traer sus plantas de vuelta desde China y reducir su globalización. Se habla de tener menos plantas y que estén más cerca de donde se venden sus productos. La empresa de motores Cummins, por ejemplo, que tiene 125 fábricas en 27 países, ha declarado formalmente que está en ese plan. Una Corfo ágil ya debería haber mandado a un alto ejecutivo a Indiana, EE.UU., a ofrecerle a Cummins que ensamble en Chile sus equipos mineros para venta en toda América Latina.

¿Qué hacer entonces frente al atemorizante, incierto y convulsionado panorama económico internacional con pandemia? Primero, resolver cuanto antes nuestros temas internos, para recuperar y continuar desarrollando la marca Chile en el mundo. Segundo, las empresas exportadoras necesitan ser más competitivas que nunca antes, innovando, ofreciendo productos y servicios superiores, siendo impecables en su cumplimiento y atención a los clientes. Tercero,  no quedarse esperando “a ver qué pasa”. Cuarto, estudiar oportunidades, probar, anticipar medidas de ajuste y abrirse a explorar posibilidades. Para todo esto las empresas necesitan flexibilidad. Y el Estado debe, sobre todo, proveer infraestructuras de todo tipo (incluida la digital) y flexibilidad en las regulaciones burocráticas de todo tipo (incluidas las laborales) y todo el apoyo posible. En este cuadro urge modernizar el Estado. Es el tiempo de la máxima colaboración pública-privada para minimizar los daños sobre el empleo y los ingresos que sufriremos los chilenos con esta crisis desde el frente externo que es vital para nuestra economía.

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