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Publicado el 08 de mayo, 2020

Ernesto Tironi: Angustia de pandemia y política

Economista Ernesto Tironi

Proteger y recuperar puestos de trabajo productivos es una tarea esencial para salir bien de la crisis que nos afecta. Para eso el apoyo del Estado con recursos monetarios, así como nuevos y buenos programas de gasto, es fundamental. Una fuente para obtener dichos recursos serían los muchos programas actuales que están obsoletos, son inefectivos y no se justifican.

Ernesto Tironi Economista

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“¿Cómo vamos a salir de esta?”, creo que es la frase que mejor sintetiza lo que siente la mayoría de la población chilena en estos tiempos. Probablemente expresa cierta emoción de angustia que nos carcome por dentro, que no llegamos a comprender ni dejamos salir. Esto ha generado un mercado de escritores de cartas a redacciones, participantes en redes sociales y columnistas que ofrecen explicaciones, así como aparecen vendedores ambulantes de paraguas o viseras cuando llueve o hay manifestaciones bajo mucho sol. Me sumo entonces a este lote.

Voy al diccionario de la RAE para ver qué dice sobre la angustia: aflicción, congoja, ansiedad; temor opresivo sin causa precisa; aprieto, situación apurada; sofoco, sensación de opresión en la caja torácica o abdominal; dolor o sufrimiento. Casi todas esas acepciones se aplican a mí al menos, cuando leo diarios, veo TV o me dejo mirar el panorama de la política, la sociedad y la economía chilena actual y previsible. ¿A ustedes les pasa algo parecido? Tal vez por este motivo evito pensar mucho para adelante. Pero esta vez lo intentaré. Creo que no es sano seguir evadiéndome leyendo de infectados por países, de comparaciones, de rencillas políticas y otros temas semejantes.

En nuestro caso particular de Chile, en su ámbito público, político, social y económico, enfrentamos un caso singularmente complejo derivado de que a la paralización económica actual se le suma la crisis política pendiente de definición como producto del estallido social de octubre. La batalla pendiente por la nueva constitución y por el fin de la violencia. Es decir, al debilitamiento e incertidumbre económica y política que ya traíamos antes, se le agregó el daño de la pandemia. En consecuencia, lo más probable es que, pasado el peligro de las infecciones, enfermedades y muertes, el país vuelva a la violencia social impulsada por dos fundamentos: primero, porque no se han hecho o han sido insuficientes las reformas sociales prometidas, y segundo, porque la pandemia habrá agudizado las desigualdades que habrían motivado esa explosión de violencia. La pregunta central me parece entonces: ¿Qué se puede hacer hoy -insisto, ahora- para evitar ese escenario? ¿Se estará haciendo lo suficiente?

Pienso que como simples ciudadanos de a pie, hay bastante que podemos aprovechar de hacer estas semanas para enfrentar los nuevos tiempos que vienen. Por ejemplo, aprender a vivir con menos cosas; gastando menos. Aprender cosas útiles que me ahorren gastos en la casa y me hagan más productivo en el trabajo, para así conservar o mejorar mi empleo. Aprender a teletrabajar, a usar bien el Zoom, Excel, un idioma. Incluso aprender a cuidarme y desarrollarme más como persona: a enfrentar el estrés, la angustia, a ser más resiliente. Existen medios para lograr eso aún  encerrados por cuarentena.

Como ciudadanos de este país en el ámbito político-económico, es tiempo de involucrarse para exigir un comportamiento responsable de nuestros dirigentes políticos. De advertirles que los estamos observando con mucha atención y nos vamos a movilizar con nuestro voto para hacer que se vayan para la casa los que no están a la altura de los tiempos que nos tocan.

En el caso de los parlamentarios de este Congreso 2018-2022, decirles claramente que su principal responsabilidad hoy es acordar con el Gobierno la aprobación rápida de las leyes propuestas tras el estallido social; principalmente el mejoramiento de las pensiones mínimas y del sistema de pensiones, empezando por elevar las cotizaciones. Que se dejen de perder tiempo en cosas que perdieron prioridad, excepto para ellos mismos, que intentan mejoran su imagen con una reducción cosmética de las dietas y el fin de la reelección con letra chica. Esas materias las deberá abordar una nueva constitución para ser reales y creíbles. Su segunda gran responsabilidad es aprobar programas efectivos para re-encauzar los empleos desde las industrias afectadas a corto y largo plazo por la pandemia hacia nuevas ocupaciones productivas. Eso implicará sobre todo apoyar a las empresas y el emprendimiento de maneras eficientes dejando atrás ideologías anticapitalistas obsoletas. Esto exigirá reorientar recursos fiscales desde programas de gasto público obsoletos e inefectivos, que deberán reformularse rápido o cerrarse.

Proteger y recuperar puestos de trabajo productivos es una tarea esencial para salir bien de la crisis que nos afecta. Para eso el apoyo del Estado con recursos monetarios, así como nuevos y buenos programas de gasto, es fundamental. Una fuente para obtener dichos recursos serían los muchos programas actuales que están obsoletos, son inefectivos y no se justifican. El Estado, a través de la Dirección de Presupuestos, lleva más de 15 años evaluando una gran cantidad de esos programas (como 600), encontrando que el 60% de ellos tiene un rendimiento insuficiente. Es decir, casi 2.000 de los 3.000 millones de dólares que se gasta cada año en la acumulación de esos programas de gastos creados en múltiples leyes en la última década, ya no se justificarían. Con esa suma se podrían financiar empleos de emergencia de $300.000 mensuales para unos 340.000 trabajadores o trabajadoras hoy desempleadas por la crisis. Un grupo político de centro (Convergencia Liberal) sacó una importante declaración la semana pasada con propuestas para enmendar esta situación. Esto es urgente abordarlo ahora para ayudar a salir bien de esta crisis con y gracias a un Estado activo, confiable y efectivo. Esos programas son parte de “la grasa” que acumuló el cuerpo del Estado en las épocas de vacas gordas. Sería imperdonable que sigamos gastando de la misma manera en los tiempos de “vacas flacas” que hoy vivimos.

Finalmente, en el caso del Gobierno o Poder Ejecutivo me parece que su principal tarea será preocuparse de un uso cuidadoso y eficiente de los fondos públicos para dirigirlos a los sectores más necesitados y con el máximo efecto sobre la actividad productiva para minimizar el desempleo. Para esto no necesita perder tiempo intentando aprobar nuevas leyes. Es tiempo de olvidarse de las reformas propuestas en su programa de gobierno; no tuvo y ya no tendrá el apoyo parlamentario y de opinión pública que requerían.

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