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Publicado el 26 de abril, 2019

Ernesto Silva: ¿Quién fiscaliza a los que fiscalizan?

Abogado, ex diputado Ernesto Silva

Los fiscales tienen mucho poder e influencia, y hoy no están sometidos a los controles y contrapesos necesarios para asegurar un ejercicio adecuado y limitado de la autoridad persecutora. Es necesario discutir hoy cómo controlar a aquellos que fiscalizan y persiguen.

Ernesto Silva Abogado, ex diputado
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Sin duda alguna, la crisis gatillada por los ministros de la Corte de Apelaciones de Rancagua marca un hito fundamental en la percepción de probidad del Poder Judicial chileno. Si bien estamos recién en las etapas iniciales de la investigación, el asunto es extremadamente grave y sus consecuencias están aún por ser reveladas. La investigación debe seguir su curso y los acusados deben ejercer su derecho a defensa.

Uno de los subproductos de esta crisis ha sido la disputa interna en el Ministerio Público de Rancagua, que ha terminado con una denuncia y una serie de investigaciones de tipo administrativo y penal en contra del Fiscal Regional de O’Higgins. No es la primera vez que él se ve envuelto en un asunto polémico. De hecho, ya se había enfrentado al Fiscal Nacional en asuntos que terminaron en los tribunales de justicia. Tampoco es la primera vez que las actuaciones de un fiscal son cuestionables. La diferencia es que, en esta oportunidad, la crítica a los fiscales no viene de los afectados por sus investigaciones -como ha sucedido en otros momentos- sino de otros fiscales, tanto superiores como subordinados.

¿Qué más tiene que pasar para que nos hagamos la pregunta de quién debe fiscalizar a los fiscales? ¿A quién le deben rendir cuenta por sus actuaciones, que muchas veces incluyen filtraciones intencionadas, manipulación de la opinión pública, y una agenda personal que excede su rol institucional?

La opinión pública consideraba como verdades definitivas los planteamientos que los fiscales hacían no en sus escritos y actuaciones en sede judicial, sino sus apariciones en los medios y sus filtraciones selectivas. Algunos fiscales se aprovecharon de este ambiente.

Hace ya algunos años, y en medio de las investigaciones por financiamiento irregular de la política, denunciamos que los fiscales iban más allá de las disposiciones legales, utilizaban filtraciones selectivas y evidenciaban un sesgo político en su actuar. Sin embargo, en ese momento, y hasta hace poco, parecía que la opinión pública asimilaba el actuar de los fiscales a la actuación de un juez. Así, la opinión pública consideraba como verdades definitivas los planteamientos que los fiscales hacían no en sus escritos y actuaciones en sede judicial, sino sus apariciones en los medios y sus filtraciones selectivas. Algunos fiscales se aprovecharon de este ambiente.

Muchos periodistas parecían embobados con estos nuevos “paladines de la justicia”, y se preocupaban menos de hacer un rol de escrutinio serio de sus actuaciones, supuestamente orientado a buscar la verdad y la información en cada caso. Privilegiaban, en cambio, darle voz, canal y tribuna a aquellos que desde su enorme poder y falta de control iban a la caza de los “poderosos de siempre”. Se transformó en una constante que diversos medios de comunicación dieran por válido cualquier aseveración o filtración de un fiscal, sin explicarle a la opinión pública que lo señalado por ellos correspondía al planteamiento de una parte interesada en un pleito o discusión. Muchos periodistas se olvidaron de informar y se entusiasmaron con promover una agenda política que enarbolaban los fiscales “en nombre de la justicia”, pero que al final del día era una agenda política más. Sucedió entonces que los fiscales -validados por una gran mayoría de los medios de comunicación- avanzaron en presionar a los tribunales a través de la opinión pública, y menos a través del mérito de sus actuaciones. Polarizar y tensionar para que los jueces se vean presionados.

¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación en el rol de información a la ciudadanía versus el rol de partidarios entusiastas de una agenda impulsada por un grupo de persecutores?

Hasta ahora, los tribunales mayoritariamente han resistido a esas presiones, pero nada asegura que ello continúe así en el futuro. Y con los incipientes escándalos de probidad en los ministros de corte, el tema preocupa aún más.

¿Quién fiscaliza a los fiscales? ¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación en el rol de información a la ciudadanía versus el rol de partidarios entusiastas de una agenda impulsada por un grupo de persecutores?

Hasta ahora, la actitud temeraria e irresponsable de un fiscal ha tenido costo cero. Y eso es grave, porque tienen un poder enorme a través de su capacidad investigativa y su influencia en la opinión pública. Cualquier sistema político requiere que quienes ejerzan el poder se vean sometidos a un sistema de pesos y contrapesos, controles y verificaciones que contribuyan a limitar la discrecionalidad y el abuso. Los fiscales tienen mucho poder e influencia, y hoy no están sometidos a los controles y contrapesos necesarios para asegurar un ejercicio adecuado y limitado de la autoridad persecutora. Es necesario discutir hoy cómo controlar y fiscalizar a aquellos que fiscalizan y persiguen.

FOTO:SEBASTIAN BROGCA/AGENCIAUNO

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