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Publicado el 03 de octubre, 2018

Ernesto Silva: Otra vez las expectativas

Abogado, ex diputado Ernesto Silva

Es necesario avanzar en las reformas, pero es aún más necesario el gestionar de manera excepcional las expectativas ciudadanas, logrando explicar la viabilidad y velocidad de los cambios, y los plazos en que se esperan los resultados y efectos. 

Ernesto Silva Abogado, ex diputado
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Ya han pasado casi dos días desde que conociéramos el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre el litigio que enfrentó a Bolivia con Chile. Más allá de la satisfacción por el éxito de la posición chilena, a mi juicio existen dos elementos que resaltan para efectos de los análisis.

 

El primero de ellos es una especie de sensación de alivio en el sentido que las instituciones aún pueden tomar decisiones en base al mérito y no dejarse arrastrar por la marea populista o por lo políticamente correcto. El segundo es constatar -una vez más- la importancia de las expectativas en el manejo de los asuntos públicos complejos.

 

Un comentario breve sobre el primer punto. Ya nos veníamos acostumbrando -aunque de forma incómoda- a la idea que los tribunales internacionales (y nacionales también), resuelven ya no en base al mérito del asunto, sino considerando más bien las circunstancias, el contexto, y el ambiente de la opinión pública. El fallo de la misma Corte que afectó a Colombia hace algunos años y lo resuelto en el diferendo de Chile con Perú alimentaban la idea de pesimismo sobre el poder de los argumentos y de la fuerza del mérito y del derecho. Pero esta vez fue diferente, la Corte se atrevió a decir que no, a considerar los argumentos más que el mero ambiente, y se consolidó una contundente resolución en favor del derecho internacional. Bienvenida la decisión de dar certeza jurídica y respetar los acuerdos entre las partes. Podríamos decir -en lenguaje del ex Presidente Lagos- que las instituciones aún funcionan.

 

Pero conectado con lo anterior -nuestra sensación previa de que era imposible que la Corte se atreviera a dar un no rotundo- se encuentra el manejo y gestión de las expectativas. Sí, lo que manda en la sensación ciudadana es la brecha entre las expectativas previas y aquello que finalmente se resuelve. En este caso, por ejemplo, las expectativas mayoritarias decían que era muy improbable escapar de algún grado de deber de negociación. Todos esperaban que de alguna forma se indujera a Chile a la mesa formal de negociación, aun cuando no se comprometiera un resultado. Pero sucedió algo diferente, algo mejor, y Chile no fue conminado a negociación alguna. Sucede, entonces, que el manejo de las expectativas se transforma en un elemento central de la gestión de las autoridades políticas. En este caso se manejaron de forma adecuada.

 

Pero la vida sigue, y en pocos días quedará atrás el juicio en La Haya. Volverán el debate sobre la ley de presupuesto, la preocupación por la inseguridad, la esperanza de tener más y mejor trabajo, y la urgencia de mejorar la atención de salud, y la necesidad de mejorar las pensiones. Todos ellos son desafíos complejos.

 

El gobierno de centroderecha fue elegido por las expectativas ciudadanas que lograría retomar el crecimiento y resolver parte de los problemas más apremiantes para las familias. Hay expectativas que se pueda mejorar y avanzar pronto. Se ha avanzado en algunos de los aspectos y podría decirse que la agenda de reformas del gobierno está bien pensada para abordar las preocupaciones de los ciudadanos.

 

Pero no todo parece ser tan fácil. The Economist, por ejemplo -en su último número-, comentaba que ve difícil que Chile logre dar prontamente el salto al desarrollo. Señala que el envejecimiento de la población y la baja productividad de los últimos años conspiran con el objetivo. Por otra parte, la baja participación laboral de los jóvenes y las mujeres hacen difícil avanzar más rápido. Adicionalmente, el semanario indica que para lograr resultados diferentes se requiere avanzar en la velocidad de las reformas.

 

Si agregamos a lo anterior que el gobierno no tiene mayoría en el Congreso, y que la política parlamentaria está muy fragmentada y polarizada -a diferencia de la mayoría ciudadana- hay razones para pensar que el gobierno tiene que hacer un esfuerzo diferente.

 

Es necesario avanzar en las reformas, pero es aún más necesario el gestionar de manera excepcional las expectativas ciudadanas, logrando explicar la viabilidad y velocidad de los cambios, y los plazos en que se esperan los resultados y efectos. Se requiere un equilibrio entre logros concretos de corto plazo como crecimiento económico y mejoras en la calidad del empleo -algo que ya se observa-, con un manejo realista de expectativas en otras áreas en las que es muy difícil lograr que se aprueben reformas en el corto plazo o que se logren resultados o impactos inmediatos.

 

Ya terminó la luna de miel del gobierno, ya pasó el juicio de La Haya. Ahora estamos de vuelta en la realidad y entrando a tierra derecha. La calidad y la pertinencia de las reformas jugarán un rol fundamental, pero tan importante como ellas será la gestión que haga el gobierno de las expectativas ciudadanas sobre la velocidad e impacto de las mismas.

 

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