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Publicado el 31 de octubre, 2018

Ernesto Silva: Centroderecha chilena: única en América Latina

Abogado, ex diputado Ernesto Silva

Más que limitarnos a la pregunta de cuál será el impacto de Jair Bolsonaro en la centroderecha chilena, tenemos que atrevernos a preguntar cómo se actualiza, aprende y moderniza este sector, y cómo puede influir en la construcción de plataformas sólidas, democráticas y liberales que aporten al futuro del continente.

Ernesto Silva Abogado, ex diputado
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La discusión sobre el relato de la centroderecha ha consumido bastante energía de los dirigentes políticos y de los analistas de la realidad nacional de los últimos años. El debate tomó fuerza porque algunos reclamaban que la aproximación de la coalición de centroderecha parecía más una colección de propuestas que una visión y una convocatoria sobre las motivaciones para servir a Chile. En el fondo criticaban que no existiera un “relato” que aglutinara la sumatoria de propuestas en una especie de “envoltorio” común que le diera sentido.

 

La discusión ha seguido -y seguirá por mucho tiempo- porque se trata de un tema importante. Han surgido nuevos grupos políticos, han surgido nuevos centros de pensamiento, han emergido nuevos académicos e intelectuales que buscan aportar. Como la mayoría de los debates de ideas, el asunto progresa pero no concluye, porque siempre existirán nuevas preguntas, nuevos problemas, y nuevas aproximaciones. Así es como se mejora en la discusión de ideas y en la construcción de una mirada de futuro.

 

Pero este debate, que se venía dando más bien en el plano intelectual y de las élites políticas, aceleró su importancia e intensidad con la elección de Jair Bolsonaro en Brasil. Desde hace ya algunos meses que la opinión pública busca establecer vínculos entre la plataforma del Presidente Bolsonaro y la plataforma de la centroderecha chilena. Surgieron viajes a Brasil de dirigentes políticos y preguntas sobre la influencia del nuevo presidente electo en nuestro país. Una cosa es analizar el fenómeno político que está ocurriendo en Brasil, y una cosa muy distinta es preguntarse qué tiene que aprender la centroderecha chilena de la plataforma del presidente electo Jair Bolsonaro.

 

Sobre lo primero -el fenómeno político de Brasil- pareciera que lo central a rescatar es la falta de conexión y sintonía del sistema de partidos tradicionales con el sentimiento y preocupaciones de la gran mayoría de los ciudadanos de Brasil. Bolsonaro -al parecer- no gana por ser más de derecha o más de tal o cual perfil, sino por ofrecer una respuesta diferente y un camino alternativo para abordar la dramática situación que vive su país en materia de delincuencia, desempleo, corrupción y déficit fiscal. Sobre esta desconexión entre la ciudadanía y el sistema de partidos, todos tenemos que aprender y escuchar, y preguntarnos de qué forma nuestra institucionalidad se está haciendo cargo de los problemas reales. Adicionalmente, el uso de un lenguaje directo y la utilización a gran escala de las redes sociales, pareciera ser otro de los aspectos a mirar con atención del resultado electoral en Brasil. En ese sentido, cultivar vínculos con el líder de una potencia regional puede ser algo positivo y con sentido para el gobierno de un país más que para una coalición o partido político en particular.

 

Pero sobre lo segundo, es decir, sobre qué tiene recoger la derecha chilena de Jair Bolsonaro, creo que el enfoque es equivocado. Es equivocado porque el gobierno de Bolsonaro aún no ha empezado, y no se conocen más que sus ideas preliminares sobre cómo conducir el gobierno y afrontar los enormes desafíos de su país. Por otra parte -e incluso más importante- pareciera que la centroderecha chilena olvida lo exitosa que ha sido como coalición política, y lo especial y única que es como plataforma de centroderecha latinoamericana.

 

Con el retorno a la democracia, la centroderecha chilena se constituyó como una coalición sólida, con ideas y convicciones, que participó de forma democrática y protagónica de la transición post Pinochet. Tanto fue su avance en solidez e ideas, que ya en 1999 estuvo cerca de ganar democráticamente una elección presidencial para ser gobierno. Es más, hay quienes señalan que sin ganar la elección influyó de forma decisiva en la forma en que dibujó el ideario político de la década del 2000. Ha sido consistente y perseverante en sus ideas y plataforma, actualizando su mensaje y abriendo gradual -a veces demasiado gradualmente- espacio a nuevos liderazgos. Con el paso del tiempo, la centroderecha -con sus limitaciones y problemas- siguió avanzando hasta ganar la elección presidencial en 2010 y luego volver al poder en 2018.

 

Los hechos objetivos lo dicen: la centroderecha chilena es una coalición exitosa, única en América Latina, que ha ofrecido un camino de progreso, una conducción democrática sólida y estable que se proyecta hacia el futuro. Aunque a veces cueste decirlo, la centro derecha chilena tiene mucho que mostrar y contribuir al resto de las plataformas políticas afines en el continente.

 

¿Significa esto que todo está bien en el sector y que no hay nadie de quien aprender? Por supuesto que no. La centroderecha tiene muchísimo que revisar y actualizar para proyectarse hacia el futuro. Tiene mucho que aprender de experiencias en otros países y continentes para hacer más adecuada y sintonizada su aproximación a los problemas. Pero lo que no puede desconocer, es que su proyecto político de los últimos 30 años ha sido un proyecto exitoso, que le permite contar con las bases sólidas para abordar el futuro, un futuro que se presenta como incierto, complejo y desafiante para todo el mundo.

 

Por ello, más que limitarnos a la pregunta de cuál será el impacto de Jair Bolsonaro en la centroderecha chilena, tenemos que atrevernos a preguntar cómo se actualiza, aprende y moderniza la centroderecha chilena, y cómo puede influir en la construcción de plataformas sólidas, democráticas y liberales que aporten al futuro del continente.

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR/AGENCIAUNO

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