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Publicado el 26 de enero, 2020

Enrique Subercaseaux: Cambios radicales y nuevos horizontes en el año nuevo chino

Director Fundación Voz Nacional Enrique Subercaseaux

Ante la velocidad del desarrollo de la informática, es claro que las estructuras tradicionales en el mundo están o ya caducas, o en vías de ello. Esta mutación y su ritmo vertiginoso significa, directamente, que los gobiernos no dan abasto, no comprenden la nueva fenomenología y no pueden encauzar inquietudes ciudadanas ni legislar para ir hormando un proceso en recurrente evolución.

Enrique Subercaseaux Director Fundación Voz Nacional

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El horóscopo chino ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en un referente en el mundo entero, sea por sus festividades -arruinadas en China este año por el brote de una nueva epidemia, el coronavirus- o por sus oportunidades comerciales: en el mundo occidental se señala la fecha con interés para atraer a los turistas chinos de alto poder adquisitivo y por una extensión del “soft-power” chino, que conquista con esto un nuevo escalón en su carrera por la hegemonía cultural global. China ha llegado para quedarse, guste o no a muchos países, y el reto es cómo irla acomodando dentro del concierto de naciones.

Henry Kissinger se dio cuenta de ellos hace varias décadas cuando diseñó el exitoso viaje de Richard Nixon a China a principios de 1972. Entones, era quebrar el hielo; hoy es buscar el equilibrio en una cohabitación global cada vez más complicada y azarosa. Sus inquilinos principales hoy son Donald Trump y Xi Jinping, dos líderes de carácter fuerte. Curiosamente, esta vez es la impetuosidad del país del norte versus la diplomacia de largo plazo del Imperio del Centro.

Si bien se ha firmado recientemente un acuerdo de arreglo de la guerra comercial de las dos superpotencias, el documento tiene un fuerte perfume a tregua, mientras se espera cuáles serán los próximos tropiezos en una relación que se va complejizando por la búsqueda de la hegemonía global en el ámbito de las tecnologías de las telecomunicaciones y la inteligencia artificial.

Ante la velocidad del desarrollo de la informática, es claro que las estructuras tradicionales en el mundo están o ya caducas, o en vías de ello. Esta mutación y su ritmo vertiginoso significa, directamente, que los gobiernos no dan abasto, no comprenden la nueva fenomenología y no pueden encauzar inquietudes ciudadanas ni legislar para ir hormando un proceso en recurrente evolución. Estos cambios, por ejemplo, son los que explican la mutación de estrategia del progresismo internacional, que ha lanzado una nueva oleada de conquista hegemónica a nivel global, de unos años a esta parte. La primavera árabe, el extremismo islámico, Hong Kong y ahora Latinoamérica no son mas que eslabones de una misma cadena. Todos expresando el renacer de la utopía, en una época en que las certezas van en retirada y el cinismo y la avaricia campean.

De allí la apariencia de revolución en el mundo actual. Ella se expresa de manera caótica y violenta. Caótica, porque el liderazgo intelectual ha virtualmente desaparecido en el mundo. Y la violencia emerge después de años de cultivarla solapadamente a través de tecnología, videojuegos y demás formas de “artes” visuales”.  De tanto que va el cántaro al agua….

En una época de incertidumbre como la actual, y de un abandono en la búsqueda del liderazgo intelectual, ya que la nueva comunicación es breve y favorece la “cuña”, el slogan y el lugar común, es consecuencia normal que se abandonen los principios y la búsqueda en el “baúl de los recuerdos” y se prefieran utopías de nuevo cuño, las cuales, paradójicamente, y a consecuencias del erial intelectual de hoy, de nuevas no tienen nada y, como máximo, evidencian solo la gimnasia retórica del “nuevo hombre del siglo XXI”.

La mentira pasa por verdad. El rumor, por certidumbre. El engaño, por honradez.

Ante tanto ambiente de cambio, evidentemente se van configurando una serie de nuevos elementos que preludian una radicalidad que será novedosa y que abrirá nuevos espacios para una expansión aun mas acelerada de las nuevas tecnologías. Dotarlas de un trasfondo humanista está dentro de los grandes desafíos de los años venideros. Y hay razones para estar optimistas. Si algo hemos aprendido en las últimas centurias es la resiliencia de la mente humana. Ella, desde sus mas  altas cimas, continúa sorprendiéndonos por la atemporalidad de sus ideas y análisis. Las soluciones a los problemas son siempre similares: solo cambia la perspectiva con la cual podemos analizar y aprender.

Volvamos a China. El brote de la actual epidemia se debe a las condiciones insalubres de un mercado de alimentos en la ciudad de Wuhan. Es decir, los avances tecnológicos evidentes de la maquinaria productiva de ese país no pudieron impedir un problema de data de milenios y es recurrente. Gigante con pies de barro. Arreglar esta crisis, así como la muy importante de contaminación que aqueja a la mayor parte de su territorio, será foco de oportunidades y profundos cambios. La potencia prevalecerá al mutar y adaptarse.

¿Y los Estados Unidos? Veremos cómo se desempeña Trump en su proceso de impeachement y su año electoral. Es como una novela por entregas, o como una serie de Netflix: en cada capítulo, una nueva y dramática novedad. Pero estos sobresaltos no son solo el reflejo de una personalidad caprichosa y difícil: es el reflejo de un país que busca reinventarse con unos parámetros que, si bien miran al pasado, lo proyectarán al futuro.

No poco de la revolución social global que nos aqueja es el reflejo de esta búsqueda revolucionaria. Le llaman el efecto del aleteo de la mariposa. En este nuevo año, el de la Rata de Metal.

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