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Publicado el 27 de junio, 2020

En Chile no va a pasar

Cuando los chilenos, de verdad y de una vez por todas, nos “peguemos la cachá” de lo que calzamos, entonces retomaremos la  senda nuevamente, la de la cohesión. De lo contrario, rememorando a Heidegger y la entrevista que dio a “Der Spiegel”: sólo un Dios puede salvarnos.

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En Chile no va a pasar.

Porque somos chilenos.

Porque somos chilenos, un chileno se siente con todo el derecho de hacer lo que quiera en India, Malasia, Indonesia y en el mundo. El chileno va a otros países como quien está en el patio trasero de su casa.

Porque somos chilenos -“¡Vamos chileno!”-, el chileno “cree”, una vez más, que vencerá en un partido de fútbol a Brasil, que jugará, en esta ocasión, con todas sus reservas. Porque somos chilenos, pues. En nuestro inconsciente colectivo está inscrito el sello de las grandes proezas, de batallas épicas, de gigantes hazañas; sin hacer el menor esfuerzo. Una vez más, el equipo de fútbol es goleado. La decepción lleva a la recriminación, mas no a detenerse a pensar y concluir la imperiosa necesidad de trabajar duro y más duro.

Porque somos chilenos “creemos” que la delegación que nos representará en las Olimpiadas puede “dar una sorpresa”. No, señores. Para estar en el podium de los tres primeros lugares es necesario y obligatorio haber trabajado duro y más duro, disciplina, por largas décadas, hasta construir una tradición. Para ser campeones en patinaje en el hielo se requiere tenacidad, entereza, fortaleza, seriedad, objetivos claros y precisos, orden. No basta con ser un país cuya naturaleza gratuitamente le otorga hielos.

Porque somos chilenos, “creemos”, el mundo gira en torno a nuestro país: ¿cómo la prensa internacional no se digna a hablar de Chile, qué se creen? Señores, en los principales centros de poder, nuestro país, lamentablemente, no existe. Y no existe no por mala voluntad de las potencias. Es que no tenemos nada que decirles. Nuestros “poderes fácticos, su poder, termina en Arica por el norte y en Punta Arenas por el sur. Basta recordar la detención de Pinochet en UK. Nuestros millonarios podrán tener más dinero que muchos millonarios en EE.UU., pero no más poder ni influencia. Influir en Chile no es lo mismo que influir en Francia.

Porque somos chilenos en Chile no puede ni habrá revolución alguna. ¿Revolución? Señores, revoluciones “acontecen” en los libros de historia y en países “incapaces” de contenerlas o preverlas: Francia, Rusia, Cuba, etc. Pero en Chile, imposible su ejecución, su concreción. ¿Por qué ese “negacionismo irracional? Porque somos chilenos. Esas cosas ocurren en otros países. No en Chile…¡Vamos, vamos chilenos…! El grito desgarrador que une en una causa al chileno se acaba de un solo misilazo, el que sea: un golazo del equipo contrario, una retención de nuestras mercaderías en relevantes puertos del mundo, una demanda limítrofe o el “manejo y control” de la prensa internacional que nos modela a su antojo o nos presiona a actuar a su modo.

Porque somos chilenos nos enseñaron, cuando éramos chicos, en el colegio, que la superficie de Chile es 756.202,4 kilómetros cuadrados más -¿más?- el territorio Antártico chileno (1.250.257,6 kilómetros cuadrados). ¿Habrá alguien que de una vez por todas diga la verdad con respecto a esas cifras o mediciones? No, señores: Chile, a duras penas, como cualquier nación de nuestra América (desde México hacia abajo y todos juntos), no tiene la capacidad militar y de defensa para proteger su territorio y detener el poderío militar de cualquiera de las seis potencias del orbe. Es cosa de no olvidar el episodio de las Falkland, cuyo desenlace es de todos conocido. Olvidémonos del territorio antártico chileno y, más bien, pensemos con quién aliarnos de verdad, fraternalmente, si no queremos perder “pan y pedazo”. Dejar el mito latinoamericano para otros siglos y los acuerdos “estratégicos”, “sustantivos”, “de última generación” y de esa estupidez que hoy se acuñó y que todos repetimos como papagayos: 3.0. Si Siria no ha caído es porque junto a él hay una potencia que no abandona, lazos forjados desde un realismo político, desde una hermandad.

Porque somos chilenos, la justicia de los países del mundo es inaplicable a nosotros. ¿Qué tenemos en nuestras cabezas que nos ha llevado a “creer” que estamos por sobre la ley de cualquier país, dado que muchos chilenos sí lo están ante la ley de nuestro país? Si un empresario chileno comete una falta en Estados Unidos o en Alemania, seguro será sancionado como cualquier mortal (ah, los empresarios chilenos son mortales, “por si las moscas”). Si un delincuente “profesional” chileno es sorprendido cometiendo un delito y se “bota a choro” con la policía rusa, por ejemplo, lo más probable es que junto con irse detenido se lleve una paliza por parte de ellos por agredir a la autoridad pública. Y no habrá órgano de derechos humanos que pueda hacer algo, por lo demás, indefendible. Si un “jovencito o una jovencita de 30 años” chileno/a comete un delito o no respeta la ley del país que lo está acogiendo, que no dude las consecuencias de ello. Allá, el “si somos chilenos” importa nada. Cero. Ellos son ellos. Muchos de ellos no tienen idea de dónde somos, qué parte del globo terráqueo ocupamos. Que la prensa chilena deje de vitorear los actos o actuaciones imbeciles de muchos compatriotas nuestros en el extranjero.

Porque somos chilenos nuestra economía y nuestro país “retomará automáticamente” la senda del crecimiento que nos trajo por 40 años un estado de bienestar como nunca antes en nuestra historia. Veo la prensa y todos quienes escriben, lo hacen con la ilusión de los acuerdos alcanzados tratando de revivir, “duras penas”, a un muerto, la política noventera de los acuerdos. No, señores, la revolución de octubre no va a detenerse. Se trata de desmantelar por completo el llamado “modelo de Pinochet”. Aquí no hay fracaso de las medidas económicas aplicadas por los Chicago boys en la época. Aquí hay venganza. Una pasada de cuenta. Una batalla de aquellos que no son parte del establishment. Es destruir por completo la herencia del dictador. Pero somos chilenos: imposible que ello ocurra, es inimaginable que sean expropiadas, a futuro, las segundas o terceras o cuartas viviendas conseguidas con esfuerzo por un chileno. ¿Dónde creen que van a vivir, post revolución, los que hoy están sin casas? ¿Creen que se va a llevar a cabo un plan de construcción de viviendas para ellos? No, señores: se utilizarán las ya disponibles (que no son pocas). Nada nuevo bajo el sol. No puedo entender en esos análisis irracionales de los expertos en política monetaria, en finanzas, en economía: que proyectan la marcha de nuestro país a un año sin considerar -digo considerar, pero tengo que decir: ignorando por completo-, la gigante variable de la revolución. Si para muchos chilenos, la pandemia es algo parecido a una pesadilla, la revolución es idea de unos cuantos “peleles” que serán detenidos o frenados por… ¿Por qué o quiénes? Si somos chilenos. Luego, no puede pasarnos. ¿Intervención extranjera en nuestro país respaldando la revolución? Imposible. Solo la hubo para el golpe de Estado de 1973. Estallido social, todos repiten como monos en nuestro país y nadie dice lo que es: revolución.

“Chile, país de poetas” es una arenga para fortalecer nuestra autoestima. Es como decir: “adelante, mis camaradas”, un grito para alentarnos. UK también es país de poetas, Francia también, a su modo. Pero son, además, países de científicos y de políticos, de banqueros y empresarios, de flotas marítimas y navales, de industria aeronáutica y espacial, de territorios de ultramar, de filósofos y de un largo etcétera.

Pero si somos chilenos, aquí no hay corrupción. Y sí, bueno, si la llega haber, será la de los poderosos, pero nunca la “del pueblo”. Se coluden las grandes empresas, pero el “modesto” micro empresario nunca. Y una simple pasada por cualquier caleta de pescadores nos enfrenta una y otra vez con lo que somos: rateros. La docena de ostiones en todos los locales con el mismo precio. En Chile no hay corrupción. Corrupción es cosa de otros países y sociedades.

César Barros habla de los “winners” caracterizando, irónicamente, un modo de ser de los chilenos. Winners, somos frescos. Es cosa de echar una mirada al “Balance patriótico” de Vicente Huidobro escrito hace casi 100 años para darnos cuenta de que en nada hemos avanzado ni cambiado, de verdad.

“Si somos chilenos” es la otra cara de nuestro modo de ser. Ser: sin sustancia, pura apariencia. Campeones de los “casi”, sin duda lo somos. Irracionales, también. Más “solidarios”, que otras sociedades. Sí. Y también menos “solidarios”, que otras sociedades. De lo que no cabe dudas es que no existimos en las esferas del poder mundial, como sociedad, como nación, se entiende. El país completo tiene que agradecer a esos poquitos chilenos que, solos, han logrado hacernos figurar en el planeta, cuya fugacidad ha iluminado por unos instantes el cielo nuestro y nos ha hecho creer y pensar que somos ganadores, que ahora sí somos como los otros. Y vuelta a la realidad, que nos gusta ocultar. Si somos chilenos, nos gusta “el camino corto”, “el cómo vamos ahí”, el fast track en el aprendizaje y en la vida (aprenda inglés en 4 días, obtenga un doctorado sin ir a la Universidad, obtenga altos retornos de dinero invirtiendo nada).

Desmitificarnos, es la primera de todas nuestras tareas.

Y pensar que hace tres años todavía era posible vislumbrar un futuro promisorio para nuestro país. Íbamos bien encaminados. Con imperfecciones, sin duda. La sociedades y las comunidades toman tiempo en alcanzar un ensamblaje entre los individuos. Lo natural es la dispersión, no la centración. Y casi, casi lo logramos en estos cuarenta años. Y hoy no sabemos qué hacer para retener la dispersión en la que estamos iracundamente empeñados todos. Cuando los chilenos, de verdad y de una vez por todas, nos “peguemos la cachá” de lo que calzamos, entonces retomaremos la  senda nuevamente, la de la cohesión. De lo contrario, rememorando a Heidegger y la entrevista que dio a “Der Spiegel”: sólo un Dios puede salvarnos.

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