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Publicado el 09 de febrero, 2019

Eleonora Urrutia: Trump: ¿Camino a la reelección?

La realidad de la presidencia de Donald Trump después de dos años es que sus principales éxitos son el resultado de las políticas republicanas tradicionales. Su principal problema proviene de las excepciones “Trumpianas” sobre comercio, inmigración y su temperamento tuitero y polarizador que desmotiva a muchos de sus posibles partidarios.

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El martes pasado el Presidente Trump brindó su discurso sobre el Estado de la Unión. El tema fue Eligiendo la Grandeza, lo que tiene sentido considerando que el lema de su campaña fue MAGA (Make America Great Again), con el que señalaba la necesidad de moverse desde los vicios del bipartidismo hacia la grandeza de la nación. Esta cuestión tiene raíces profundas en el país del norte. Desde los Padres Fundadores, pasando por Abraham Lincoln a Martin Luther King Jr, los estadounidenses han vivido bajo la idea de la excelencia de su país y el compromiso de la igualdad ante la ley inherente en la Declaración de Independencia.

Es por ello que Trump construyó su rendición de cuentas sobre la base de un impecable crecimiento económico, creación de empleo, el más bajo desempleo para los afro-americanos e hispanos y latinos históricamente registrado, el incremento real de salarios y los progresos en las negociaciones comerciales. Efectivamente el crecimiento se aceleró en el 2017, en medio de desregulaciones y en particular el fin del acoso empresarial de la era Obama -se revocaron no menos de 16 costosas regulaciones de la anterior presidencia– para volver a acelerarse 3%, anualizado en 2018 luego de la reforma impositiva que favoreció la inversión de capital, y terminar quizás como el primer año calendario con crecimiento por encima de ese porcentaje desde el 2005. Con una inflación por debajo del 2%, las ganancias salariales reales son cercanas al 4%, aun cuando en términos individuales la reforma impositiva no haya colaborado.

En términos generales fue una pieza efectiva de retórica política. Pero es dudoso que haya logrado replantear el debate político de manera de conseguir una tregua con los demócratas para el resto del año.

Con una mayoría de 53 republicanos en el Senado, el Sr. Trump también rescató su promesa de nombramiento de jueces originalistas y podría añadir otro logro: si la salud de la jueza Ruth Bader Ginsburg la obliga a retirarse, podría cementar lo que los últimos tres presidentes republicanos no lograron, una mayoría originalista en la Corte Suprema por primera vez en décadas.

En términos generales fue una pieza efectiva de retórica política. Pero es dudoso que haya logrado replantear el debate político de manera de conseguir una tregua con los demócratas para el resto del año. La mayor desilusión en este sentido fue la exposición del tema inmigratorio. Su gobierno enfrenta otra fecha límite de cierre al final de la próxima semana, justamente a raíz del financiamiento de la muralla en la frontera con México. Y, sin embargo, se limitó a repetir el cuento familiar de temibles caravanas moviéndose hacia el norte e inmigrantes ilegales cometiendo crímenes, predicando a conversos sin persuadir a nadie más. Podría dirigirse a otro cierre inútil la próxima semana, o a la declaración de una «emergencia nacional» que uniría a los demócratas en oposición pero dividiría a los republicanos.

El otro tema problemático son los acuerdos comerciales y los impuestos. El señor Trump dejó claro en su discurso que su principal herramienta de política económica serán ahora las tarifas, y pidió al Congreso la autoridad para imponer aranceles recíprocos a otros países. Los aranceles colocados a tontas y a locas han dañado a compañías e industrias. General Motors anunció el miércoles que los aranceles sobre el acero y el aluminio dañaron sus resultados por más de mil millones de dólares. Pero por lejos lo peor ha sido la incertidumbre que su posición ha generado. Si los acuerdos comerciales prometidos no ocurren, el enlentecimiento de la economía opacará los demás resultados. Necesita también cerrar un acuerdo comercial con China y sentarse a ver cómo cumplen las condiciones.

Desde las elecciones de medio término el 6 de noviembre pasado, en las que muchos votantes suburbanos se volvieron contra el Presidente, la estrategia política de los demócratas ha sido apostar a la autodestrucción de Trump.

Si bien Trump hizo ofertas bipartidistas a los demócratas sobre algunas de sus prioridades, como controlar los precios de las drogas, obras públicas y vacaciones familiares, la división sobre los detalles entre los dos partidos es tan grande en estos temas que es poco probable que se conviertan en ley. Mejor así, porque cualquier cosa que pueda ser aprobada por esta Cámara demócrata probablemente haga más daño a las empresas que beneficio a los consumidores y trabajadores.

Desde las elecciones de medio término el 6 de noviembre pasado, en las que muchos votantes suburbanos se volvieron contra el Presidente, la estrategia política de los demócratas ha sido apostar a la autodestrucción de Trump. La noche del martes, sin embargo, el Sr. Trump cambió parcialmente esta historia, poniendo al Partido Demócrata a la defensiva. Este fue quizás su mayor éxito político.

“Esta noche renovamos nuestra determinación”, anunció ,“que Estados Unidos nunca será un país socialista”. Trump está planteando valores estadounidenses tradicionales y ampliamente aceptados contra una confusa y postmoderna amalgama de políticas de diversas identidades y atribución de culpabilidades morales, incluido el desafío explícito a los demócratas sobre la aprobación del aborto en embarazos a término. Desde luego esta estrategia solo funcionará si su sólido historial económico se extiende hasta 2020 y si logra revertir las peores políticas de sus dos años de gobierno: inmigración y tarifas.

Los principales éxitos de Trump son el resultado de las políticas republicanas tradicionales. Su principal problema proviene de las excepciones “Trumpianas” sobre comercio, inmigración y su temperamento tuitero y polarizador.

De quienes vieron el discurso, hubo un 76% vs 24% de aprobación, los mejores números que pueda mostrar Trump hasta ahora. Es cierto que hay un sesgo en estas encuestas, porque a presidentes republicanos suelen observarlos republicanos y viceversa. Pero CBS encontró también amplio apoyo entre independientes (82%). El 97% de apoyo entre republicanos, a su vez, combinado con el 90/10% de Trump sobre Kasich obtenido de una reciente encuesta de Emerson College de Iowa, sí deja claro que será el candidato republicano para la elección 2020.

La realidad de la presidencia de Donald Trump después de dos años es que sus principales éxitos son el resultado de las políticas republicanas tradicionales. Su principal problema proviene de las excepciones “Trumpianas” sobre comercio, inmigración y su temperamento tuitero y polarizador que desmotiva a muchos de sus posibles partidarios.  Es en particular por esta última característica que el Presidente Trump enfrenta una difícil reelección. No ha ampliado la coalición que lo eligió y los republicanos suburbanos tradicionales e independientes que se inclinaron a su lado en los últimos días de 2016 y estuvieron dispuestos a darle una oportunidad en lugar de votar por Hillary Clinton, no lo tendrán como opción en la boleta electoral en 2020. Es cierto que los demócratas dejan un flanco abierto moviéndose demasiado hacia la izquierda, pero quizás los votantes estén incluso dispuestos a asumir ese riesgo, a menos que Trump pueda seguir señalando como hasta ahora la senda del progreso y pueda resultar más confiable personalmente para una base mayor de electores. Esta segunda condición es la que parece más difícil lograr.

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