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Publicado el 18 de octubre, 2019

Eleonora Urrutia: Todo lo que hay que saber del Brexit y la votación de hoy

Gran parte del trato alcanzado hace un par de días es similar a lo negociado Teresa May y que se votara sin éxito en el Parlamento Británico en marzo pasado. El Reino Unido pagará cerca de 35 mil millones de euros y se compromete a mantener los derechos de los ciudadanos europeos en su territorio. A cambio la Unión Europea acordó mantener un arancel cero para el intercambio de productos con la isla. Pero la diferencia crucial radica en que el acuerdo alcanzado entre Bruselas y Londres trata de evitar una frontera dura en la isla de Irlanda mediante una solución que solo engloba a Irlanda del Norte.

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El Reino Unido dejará definitivamente de pertenecer a la Unión Europea el 1 de noviembre próximo si el pacto alcanzado el pasado jueves acaba siendo confirmado hoy sábado por el Parlamento Británico. Por lo mismo, si bien todavía no hay garantía de que el Reino Unido deje la Unión Europea antes de la fecha límite actual del 31 de octubre, el Primer Ministro Boris Johnson merece crédito por negociar y lograr el apoyo de los líderes de la Unión Europea de un acuerdo de salida que muchos consideraban imposible. La pregunta ahora es si puede ganarse al Parlamento Británico.

Johnson carece de mayoría entre los 650 escaños que conforman la Cámara de los Comunes. Cuenta con 287 legisladores (suponiendo el voto positivo de todos los que así lo hicieron con el acuerdo de Theresa May el pasado 29 de marzo, menos uno que se retractó a los pocos días), por lo que debe obtener alrededor de 35 votos para lograr la aprobación, ya que cerca de una docena de parlamentarios no participan en esta votación. Y alrededor de estos números existen cuatro grupos clave, de donde podrían salir los necesarios: el DUP o Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte y sus diez miembros ya ha declarado que se opondría al acuerdo, lo que hace que el resultado del sábado sea incierto y convierte a los votos de los parlamentarios de línea dura de Brexiter ERG, ciertos parlamentarios laboristas moderados y aquellos parlamentarios conservadores despojados del látigo como muy significativos. Una encuesta realizada por el Financial Times el jueves, sugirió que el acuerdo del Primer Ministro Johnson tenía 318 votos, con 321 necesarios para ganar.

En caso de que se pierda la votación hoy, los laboristas y algunos otros parlamentarios de la oposición han destacado los planes para someter el acuerdo de la ex Primer Ministro May a un segundo referéndum. En tal caso, Johnson está obligado por ley a pedir una extensión del límite del 31 de octubre para dejar la Unión Europea al 31 de enero, escenario que juró evitar, prefiriendo “estar muerto en una zanja que retrasar el Brexit”. Pero también dejaría preparado el entorno para una elección general a fin de año. En tal caso, el Premier podría hacer campaña con el mensaje que los parlamentarios han frustrado su intento de cumplir con el referéndum a favor de salir del bloque, ya que ha visto aumentar su apoyo popular en parte por la frustración de que el Reino Unido permanezca como miembro de la Unión Europea más de tres años luego del referéndum que sellara la suerte del Brexit, lo que eventualmente jugaría a su favor y le daría un importante apalancamiento.

Gran parte del trato alcanzado hace un par de días es similar a lo negociado Teresa May y que se votara sin éxito en el Parlamento Británico en marzo pasado. El Reino Unido pagará cerca de 35 mil millones de euros y se compromete a mantener los derechos de los ciudadanos europeos en su territorio. A cambio la Unión Europea acordó mantener un arancel cero para el intercambio de productos con la isla. Pero la diferencia crucial radica en que el acuerdo alcanzado entre Bruselas y Londres trata de evitar una frontera dura en la isla de Irlanda mediante una solución que solo engloba a Irlanda del Norte. Los equilibrios en los que se basa son fruto de cesiones de ambos negociadores: Irlanda del Norte seguirá dentro de la Unión Aduanera Británica, lo que le permitirá beneficiarse de los acuerdos comerciales que alcance Londres. Sin embargo, su economía permanecerá alineada con un conjunto limitado de reglas del Mercado Único que, según Bruselas, evitará la frontera dura en la isla. Todos los controles necesarios serán realizados en las zonas portuarias del mar de Irlanda por las autoridades británicas de acuerdo a mecanismos de supervisión y aplicación para la UE. Esto significa que la frontera en la que se realizarán los controles y verificaciones no estará en la que separa a Irlanda del Norte de la República de Irlanda.

Lo peor que le puede pasar a la UE no es un Brexit que sea un desastre, que empobrezca al Reino Unido y dañe a la economía del resto de Europa, que dinamite las relaciones entre los ex socios y levante un muro de resentimiento en el Canal de la Mancha. Lo peor que le puede pasar a la UE es un Brexit que salga bien.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, indicó en que una de las cesiones clave que hicieron posible el acuerdo fue que Londres aceptara chequeos “en los puntos de entrada de Irlanda de Norte”. Aun así, en el documento ambas partes se comprometen a adoptar las recomendaciones adecuadas para tratar de minimizar, “en la medida de lo posible”, los controles en puertos y aeropuertos.

Una de las cuestiones más complejas de resolver era si los productos que iban de la isla de Gran Bretaña a Irlanda del Norte tenían que ser gravados con aranceles. El protocolo fija que sólo aquellos que tengan como destino último uno de los países de los Veintisiete; los que simplemente procedan de Gran Bretaña para ser consumidos en Irlanda del Norte no serán gravados. Hay una segunda condición: que esos bienes no vayan a ser posteriormente procesados. Para los bienes que procedan de terceros países y que tampoco vayan a ir a un país de la UE, regirán los mismos aranceles que en el Reino Unido. No obstante, queda abierta la cuestión de cómo Bruselas se asegurará de que un producto producido en Manchester no acabe vendiéndose en Roma. Un comité conjunto entre la UE y el Reino Unido evaluará todos esos “riesgos” y fijará unos criterios que ambas partes se comprometen a fijar antes del final del periodo de transición.

De acuerdo con el nuevo protocolo, Irlanda del Norte deberá respetar la legislación comunitaria en los siguientes ámbitos: mercancías, controles fitosanitarios, normas en el sector agrícola, IVA y fiscalidad sobre bienes y reglas sobre ayudas de Estado. Quedan fuera, pues, los servicios. Según la Comisión Europea, el Código de la Unión Aduanera seguirá aplicándose en Irlanda del Norte. Irlanda del Norte seguirá siendo parte del área impositiva británica también en cuestiones de IVA. La Hacienda británica seguirá siendo la responsable de aplicar los tipos y la legislación de ese tributo. Pero el protocolo fija que la región seguirá atada a todas las disposiciones comunitarias sobre IVA en cuanto a bienes con el fin de proteger el Mercado Único. Además, Irlanda del Norte deberá aplicar las exenciones y tipos reducidos de la República de Irlanda para garantizar una competencia justa en toda la isla. El territorio, además, podrá seguir dentro del sistema de intercambio de información sobre ese tributo con el resto de los países miembros.

La Unión Europa no es tan libre comercio como pretenden hacernos creer, o no existirían estos problemas, y ,en este sentido, podrán quejarse de la posición de Trump respecto del libre comercio, pero operan de manera similar. Aparecen como gran ejercicio de libre comercio pero su visión implica nivelar la cancha del juego, ignorando los regionalismos y las capacidades locales y formando un gran estado nacional sobre el que unos pocos políticos tienen el poder.

La cuestión de Irlanda del Norte era crucial para la República de Irlanda y para el Reino Unido. El Gobierno de Leo Varadkar no quería de ninguna forma ver peligrar los Acuerdos de Paz de 1998 ni una frontera que pusiera trabas a la libre circulación de personas y mercancías en la isla. Por su parte, el Reino Unido deseaba que se respetara la integridad territorial y constitucional del país. En este sentido el protocolo da una “voz decisiva” a la Asamblea. Para ello se ha creado el mecanismo del “consentimiento”. A los cuatro años de la aplicación del protocolo, Stormont deberá decidir si quiere prorrogarlo o no. Si lo avala por mayoría simple, se extenderá cuatro años; si lo respaldan las dos comunidades, ocho. En caso de rechazarlo, el protocolo dejaría de tener validez en dos años.

Estos son los detalles de lo que parece una solución razonable a un problema endemoniado, el de separar comercialmente, sin que exista una barrera física, las dos Irlandas. No es un plan perfecto porque probablemente ningún plan puede serlo, pero cumple todas las exigencias de Bruselas. En realidad, desde el principio de las negociaciones la UE ha demostrado que no quiere facilitar el Brexit. Porque no quiere que salga bien y porque su fuerza no radica en los beneficios que ofrece a los socios que se queden, sino en el castigo que pueda imponer a los que se marchen. Lo peor que le puede pasar a la UE no es un Brexit que sea un desastre, que empobrezca al Reino Unido y dañe a la economía del resto de Europa, que dinamite las relaciones entre los ex socios y levante un muro de resentimiento en el Canal de la Mancha. Lo peor que le puede pasar a la UE es un Brexit que salga bien. Y no digamos si es un Brexit sin acuerdo, a lo Boris Johnson, pero que salga bien. Ése es el gran miedo en Bruselas, entre sus burócratas y sus políticos. Porque como salga bien, piensan aunque no lo digan, detrás marchan Suecia y Dinamarca, Holanda y Finlandia, Alemania e Italia.

En el fondo, la Unión Europa no es tan libre comercio como pretenden hacernos creer, o no existirían estos problemas, y ,en este sentido, podrán quejarse de la posición de Trump respecto del libre comercio, pero operan de manera similar. Aparecen como gran ejercicio de libre comercio pero su visión implica nivelar la cancha del juego, ignorando los regionalismos y las capacidades locales y formando un gran estado nacional sobre el que unos pocos políticos tienen el poder. Los euroburócratas desconocen o quieren desconocer que lo que nivela la cancha de juego es el crecimiento consecuencia del comercio y no de sus reglas previas. Al pretender igualar a todos mediante reglas políticas lo que hacen es eliminar la diversidad estancando el progreso. Es una pelea por el control político del que Inglaterra –único país del grupo con una historia de verdadera libertad– está tratando de salir sin ser aislacionista.

Por eso es importante la votación de hoy sábado, aunque, como se ha visto de tres años a la fecha, seguramente no se tratará de la última palabra.

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