Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 03 de abril, 2020

Eleonora Urrutia: Las preguntas indispensables sobre el manejo de la crisis del coronavirus

Si la libertad puede ser quitada en tiempos de crisis, ¿entonces es realmente libertad o es solo una licencia, a través de un permiso temporal del gobierno, sujeto a los caprichos de los políticos en el poder?

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El coronavirus se ha convertido en el cisne negro de la economía global en 2020. Lo que a finales del pasado año era una crisis sanitaria aparentemente limitada a una provincia china se ha convertido en un riesgo real para la salud de millones de personas. Por lo mismo se han publicado numerosos análisis sobre lo que puede suponer el COVID-19, pero ¿qué aspectos deben permanecer en nuestra mente si realmente queremos analizar bien lo que está pasando?  

En primer lugar es importante no perder la perspectiva. La humanidad ha tenido que afrontar diferentes pandemias a lo largo de su historia con millones de muertos en cada caso. En lo que va del 2020 se registran casi dos millones de fallecimientos por cáncer, 8.500 muertes de niños por día a causa de la desnutrición y se producen alrededor de 100 decesos por minuto y 155.000 muertes diarias, pero esto apenas lo conocemos. En los certificados de defunción no figura la gripe como causa de muerte y sin embargo ya el COVID-19 tiene su propio casillero. Sucede que el diferencial en esta pandemia -redes sociales y celulares inteligentes mediante- es que el planeta está, minuto a minuto, contando los muertos, las víctimas, los casos mientras todo lo demás se ha paralizado.

El virus de la corona del poder y la vigencia del liberalismo clásico

En segundo lugar, desde la falsa sensación de seguridad que ante la amenaza nos da el estar recluidos en casa, tendemos a olvidar que el encierro incluye en realidad una suspensión de derechos que no faculta al Gobierno para usar sus poderes excepcionales al servicio de un modelo ideológico concreto, ni siquiera de ciertas medidas que no sean razonables y estrictamente justificadas. Independientemente del estado de las dificultades por la que atraviesa el país, los derechos naturales de las personas, aquellos que se tienen por ser humano y son previos a la existencia del gobierno, deben respetarse cuando duelen tanto como cuando confortan.

Este principio básico respecto que nuestros derechos solo pueden ser interferidos por medio del debido proceso, está siendo sometido a una severa prueba hoy en la mayoría de los países. ¿Por qué está pasando esto? Porque a lo largo de la historia, las personas han estado dispuestas a aceptar el pacto con el diablo de cambiar la libertad por seguridad cuando tienen miedo, pero la seguridad ofrecida por la libertad sacrificada nunca se ha cumplido y no hay por qué pensar que esta vez será diferente. 

Pensemos que el gran argumento por el que se pide la intervención del gobierno, que los acuerdos voluntarios son insuficientes para parar la pandemia, no aplica en el caso. En general con las pandemias hoy, gracias al avance de la ciencia, pero en particular con el COVID-19, existen muchas maneras de separar al supuesto free rider que pone en riesgo al resto, sin necesidad de la intervención del gobierno. Dada la forma de transmisión del virus depende de cada uno evitar contagiarse, incluyendo la cuarentena propia con permiso estatal para justificar ausencias laborales o escolares por ejemplo; es un virus, sabemos cómo se contagia y está en nuestro poder evitarlo. De hecho, las recomendaciones principales para evitar contagiarse son lavarse las manos y no llevárselas a la cara, además de no concurrir a lugares masivos y practicar el distanciamiento social. Nada nos impide tomar estas actitudes, y si alguien no lo hace, nada nos obliga a estar cerca de quien se comporte así. Es más, es probable que sufra el repudio social y pronto deba cambiar su conducta. China, el país que se pone como ejemplo de control de la pandemia, fue el que la dispersó por el mundo justamente por tener un gobierno todopoderoso al que nadie puede poner límites. 

Por eso, en estas circunstancias, los límites al poder del estado son incluso más importantes que antes. Los poderes de emergencia deberían ser limitados en su duración y para abordar directamente la situación actual, estar basados en los hechos y con el mayor conocimiento que sea posible de los mismos. Las respuestas de políticas públicas de este tipo no deberían ser engrasadas con una lista preexistente de preocupaciones no relacionadas y es esencial resistir la concentración excesiva a largo plazo de poder en el ejecutivo así como mantener abiertos programas muchos después de que su justificación original ha desaparecido. 

Las medidas de distanciamiento social deberían depender del cumplimiento voluntario en la mayor medida posible. Una dependencia severa del cumplimiento vía coerción podría no solo ser innecesaria sino también contraproducente. Con tantos cierres, las personas solo pueden ir a supermercados o farmacias así es que no hay necesidad de fomentar todavía más pánico o distraer a la policía de sus tareas más importantes para preocuparse acerca de actividades seguras y benignas como sacar a un niño a la plaza o al perro a dar una vuelta caminando.

Algunas libertades, como la libertad de expresión y el derecho a la privacidad deberían seguir siendo sagradas y defendidas con tenacidad incluso en el contexto de una emergencia. Recordemos que estamos metidos en este problema por la falta de libertad de expresión y de crítica en China, país donde partió esta pandemia y desde donde, por su incompetencia y mentiras, se expandió al resto del mundo. Por lo mismo y aunque gran parte de la respuesta de políticas públicas hasta ahora ha sido de buena fe aunque muchas veces inepta, la tendencia a concentrar más poderes por parte de populistas autoritarios no debería ser descartada. Mantener el Estado de Derecho, los pesos y contrapesos y una democracia liberal y constitucional es esencial. Recordemos que las crisis a lo largo de la historia han sido siempre una oportunidad para el totalitarismo. 

Sacrificar vidas por vidas

Un tercer aspecto a considerar es el funcionamiento de la sociedad. Muchos piensan que el dilema al que nos enfrentamos es economía versus salud. No han entendido el contexto de la cosa. Economía es stock sí, pero sobre todo es flujo. Lo que llaman economía a sacrificar es la actividad diaria de las personas y su forma de sobrevivir. La división en actividades estancas como salud y economía es algo que ocurre únicamente en el gobierno para organizar su voluntad de dirigir. Porque la economía es la observación de lo que hace Juan para pagar el cumpleaños de su hija, María para visitar a su madre o Pedro para comprar tomates para la ensalada. Y así como se abusa de los números en economía, que reemplazan a Juan y su cumpleaños a pagar y a María y su manera de buscar tiempo para ayudar a su madre, y la deshumanizan y mistifican, también lo está haciendo con la salubridad. En la realidad detener la economía en función de la vida equivale a detener la vida en función de la vida. Y se está haciendo en nombre de unos modelos cuyos supuestos no están comprobados. 

Parece que estamos atrapados en un debate inútil acerca de si lo que estamos haciendo es mejor que hacer nada. En cambio, deberíamos estar enfocados en cuáles políticas minimizan los costos a largo plazo de salud y económicos. Solo porque las vidas son valiosas, y por lo tanto la acción para salvarlas es mejor que la inacción, no significa que determinados cierres u órdenes de refugiarse en casa sean la política óptima. De hecho, permitir que las personas trabajen y aporten soluciones al problema es de las mejores políticas que un gobierno puede llevar adelante. La tecnología, la medicina moderna y los actores del mercado pueden abordar el virus y de hecho ya hay empresarios que producen ventiladores más baratos y médicos que usan medicamentos genéricos con resultados muy prometedores, además de los laboratorios que están investigando la vacuna, como ejemplos entre millones. Este enfoque descentralizado es la única forma efectiva de enfrentar el virus. Los gobiernos centrales son casi cómicamente incapaces de ser competentes en tiempos de crisis. Y ya vemos sus manifestaciones en algunos países con tendencias más autoritarias, con pretensiones de estatizar sistemas privados de salud bajo la excusa de centralizar el tratamiento de la enfermedad en tiempos de pandemia. 

Por ello necesitamos hacer preguntas, incluyendo qué tanto tiempo durarán dichas medidas y cuáles son los objetivos numéricos que deben lograrse respecto del declive de la enfermedad antes de que estos sean levantados. No hay una manera realista de conducir una economía compleja e interconectada durante un periodo extendido de tiempo cuando un país o grandes porciones están clausurados. 

En un nivel fundamental, la libertad es realmente más importante que la seguridad, o, en este caso, que una ilusión de seguridad.

También deberíamos estar preguntándonos acerca de los precedentes que se están sentando. No queremos que los funcionarios públicos demasiado cautelosos o ególatras estén tentados a imponer medidas drásticas en respuesta a emergencias menores de salud o de otra índole y debemos cuidarnos de no ser presionados a respaldar cualquier política que los políticos con intereses propios insistan que es necesaria.

Hoy, a principios de mes de abril, miles de chilenos no pagarán alquileres ni hipotecas. Cientos de pequeñas empresas cerrarán, al igual que muchos grandes empleadores como aerolíneas, malls y hoteles. Miles de trabajadores del servicio ya están desempleados, pero se perderán muchos más empleos por los efectos en cascada. Por ello es que no es que hay conflicto entre preocupaciones humanitarias y económicas; son dos caras de la misma moneda. Un Chile más pobre será un Chile mucho menos saludable y más vulnerable a futuras enfermedades y dolencias. En un nivel fundamental, la libertad es realmente más importante que la seguridad, o, en este caso, que una ilusión de seguridad. Demostramos esto en nuestra vida personal todos los días, desde volar hasta conducir, fumar y consumir alimentos y bebidas poco saludables simplemente porque nos gusta. La seguridad nunca ha sido el objetivo único o incluso principal y por ello es que el gobierno no puede decidir qué aspectos de nuestras vidas son esenciales o no esenciales. El pueblo chileno no puede simplemente sentarse en casa y esperar los cheques del gobierno escritos sobre fondos que no tiene.

Hoy no sabemos, y aún no podemos saber, cuántas personas se enfermarán o morirán a causa del virus. Sabemos que las predicciones sobre las tasas de infección y mortalidad son muy poco confiables. Incluso las muertes reales atribuibles a COVID-19 no son tan fáciles de contar, como descubrió Italia. La edad, el estado general de salud y la comorbilidad son variables difíciles de evaluar, y las personas pueden morir “con” el virus pero no “por” él. También es muy difícil evaluar la letalidad del virus en relación con los tipos previamente conocidos de gripe y resfriados. Sin embargo en la actualidad, el miedo al contagio permite a los gobiernos suprimir libertades. Por ello quizás una última pregunta sea la más importante a meditar durante esta cuarentena: si la libertad puede ser quitada en tiempos de crisis, ¿entonces es realmente libertad o es solo una licencia, a través de un permiso temporal del gobierno, sujeto a los caprichos de los políticos en el poder y sus propios egoísmos?

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

Suscríbete