Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 06 de abril, 2019

Eleonora Urrutia: La exoneración de Trump en el “Rusiagate”

El final de la investigación del Consejo Especial es un golpe demoledor para los que odian a Trump. El socialismo sigue sin aceptar que su visión del mundo es precisamente eso, su propia visión, no la realidad ni la verdad absoluta y compartible por todos los seres humanos.

Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Para muchos periodistas, políticos y académicos afines a la ideología progresista, que Donald Trump sea presidente del país más poderoso de la tierra sigue siendo una aberración incomprensible. No osan pensar que su elección fue, en buena medida, el dedo que le levantaron las masas a la agenda ideológica impuesta por las élites intelectuales, sociales y políticas de Estados Unidos. Tampoco consideran que parte del resultado se deba a los errores de la campaña de Hillary Clinton, que de manera hostil y divisiva llamara a los seguidores de Trump “cesta de deplorables sin remedio, racistas, xenófobos, sexistas, homofóbicos e islamofóbicos”, insultando así a más de 30 millones de personas que estaban en desacuerdo con sus ideas e ideología de izquierda.

Optaron, en cambio, por declarar una conspiración entre el genio del mal, Vladimir Putin, y su devenido agente infiltrado, Donald Trump, desarrollando el relato de la fantasiosa trama llamada Rusiagate. Durante más de dos años esa campaña ensombreció de algún modo la gestión del magnate inmobiliario. Mientras el Fiscal Especial nombrado en el caso, Robert Mueller, continuara con su investigación, la izquierda y los medios de comunicación amigos tenían libertad para presentar reclamos de colusión y guardaban esperanzas de visualizar pronto una presidencia derrocada al mejor estilo Nixon.

Ahora la fiesta terminó. El final de la investigación del Consejo Especial es un golpe demoledor para los que odian a Trump. El pasado 24 de marzo el Fiscal General de Estados Unidos, Bill Barr, presentó su resumen de cuatro páginas al Congreso explicando que Mueller concluyó su investigación sin pruebas que permitan demostrar que la campaña electoral de Trump conspiró o se coordinó con Rusia para influir en las elecciones presidenciales de 2016. Tampoco hay pruebas de que Trump cometiera obstrucción a la justicia, aunque reconoce que es una “cuestión compleja” por el componente interpretativo.

Desde luego, que no haya habido colusión entre los rusos y la campaña de Trump no quiere decir que no hayan tratado de influir en el resultado final, al igual que todos los demás gobiernos y un sinfín de grupos politizados e individuos. Pero sus resultados fueron tan magros como los de los progresistas de otros países que esperaban aportar a la campaña de la oposición.

En una encuesta de CNN de este mes, los encuestados mencionaron la economía, la inmigración y el cuidado de la salud como sus temas más importantes para el 2020.

¿Servirán estas conclusiones para exorcizar que Trump y los miembros de su equipo electoral no coordinaron nada con los rusos? Los demócratas a cargo de las próximas elecciones entienden los riesgos de continuar insistiendo en la colusión y la obstrucción de la justicia. Los estadounidenses están cansados ​​de los titulares de Mueller. En una encuesta de CNN de este mes, los encuestados mencionaron la economía, la inmigración y el cuidado de la salud como sus temas más importantes para el 2020. Nadie enumeró la investigación de asesores especiales.

Los demócratas más realistas también saben que esta investigación le ha dado pocas ganancias al partido hasta ahora, más allá de la satisfacción de su base. Mientras que la resistencia se revolvió en una histeria de colusión, Donald Trump presidió la reforma fiscal, una desregulación masiva y significativos nombramientos en el Poder Judicial. Exageran quienes dicen que, libre por fin de tales sospechas, tiene al reelección asegurada, pero a menos que los demócratas dejen de concentrarse en lo terrible que a su parecer es Trump y hagan un esfuerzo serio por analizar sus propias deficiencias, desensillarlo no les será tan fácil como algunos suponen. Esta es la razón por la que la portavoz de la mayoría demócrata Nancy Pelosi desestimó un juicio político. Y es la razón por la que celebró otra reunión a puerta cerrada instando a sus correligionarios a concentrarse en los temas que ayudaron a los demócratas en 2018. Sus diputados captaron el mensaje.

Pero en opinión de los demócratas más indignados por la mera presencia de Trump en la Casa Blanca, que el magnate sea un títere de Putin es un dogma de fe al que no piensan renunciar. Analistas políticos y presentadores de TV ahora acusan al Fiscal General Bill Barr de “encubrimiento” y meditan sobre el significado cósmico de «exoneración» en una estrategia de recuperación política. He aquí el contexto de la decisión del miércoles pasado por parte de los demócratas de la Cámara de Representantes, dirigida por Nadler (D-NY), de autorizar citaciones para exigir que el Fiscal Barr entregue de inmediato todo el informe Mueller y su evidencia de respaldo.

Pero sucede que bajo las reglas del Departamento de Justicia, el Sr. Barr solo tiene la obligación de notificar al Congreso cuando haya comenzado o concluido una investigación, y si ha invalidado las decisiones del Fiscal Especial. El Congreso no tiene derecho automático a más. El último párrafo de la ley que regula el procedimiento del DOJ para Consejos Especiales -el ahora mentado articulo 6A- dice: “Las regulaciones en esta parte no pretenden y no se las puede usar para crear ningún derecho, sustantivo o procesal, exigible por ley o equidad, por cualquier persona o entidad, en cualquier caso, civil, penal o administrativa”.

No importa que Mueller no haya encontrado ningún crimen en su investigación de dos años y que no haya nada en el informe que justifique el juicio político, que es lo que obviamente querían los demócratas. Las llamas de la conspiración deben mantenerse encendidas.

El Fiscal General ha dejado en claro que aprecia el interés público en ver la mayor cantidad posible del informe. Sin embargo, estas reglas procedimentales no son invenciones frívolas o políticas y son en cambio esencialmente estrictas para proteger a los inocentes y alentar la sinceridad a lo largo del proceso. Ninguna de las excepciones de secreto permite la divulgación al Congreso o al público de la información subyacente. Es cierto que en 1974 el Tribunal de Circuito de Apelaciones de D.C. confirmó la decisión de un juez federal de entregar un informe de un Consejo Especial al Comité Judicial de la Cámara de Representantes que investigaba Watergate. Pero se trataba de un informe cerrado, diferente del testimonio crudo actual, que es lo que los demócratas demandan. La Corte Suprema nunca se ha pronunciado sobre dicha divulgación, por lo que los demócratas podrían enfrentarse a una larga batalla legal si el Sr. Barr resiste sus citaciones.

Este montaje demócrata es solo pan y circo para ver una versión no redactada del informe antes de que lo haga el público y poder filtrar pedazos a los medios de comunicación amigos para afirmar que realmente hubo colusión, o al menos empañar a los funcionarios de Trump. No importa que Mueller no haya encontrado ningún crimen en su investigación de dos años y que no haya nada en el informe que justifique el juicio político, que es lo que obviamente querían los demócratas. Las llamas de la conspiración deben mantenerse encendidas. Por caso, justo el martes, CNN y MSNBC encontraron un nuevo bocado sensacionalista para sus audiencias: cómo el presidente Trump supuestamente engaña jugando al golf.

Ayer, activistas de docenas de grupos de extrema izquierda realizaron protestas en todo el país para presionar a Barr que publique de inmediato el informe sin censura, incluyendo todas las entrevistas con los testigos subyacentes y demás. ¿A quién importa que existan leyes con claras reglas procedimentales? Conceptos como el imperio de la ley, la Constitución y la división de poderes ya no significan nada para ciertos demócratas cuyo único propósito en la vida es resistir a Trump por cualquier medio que sea necesario.

El socialismo sigue sin aceptar que su visión del mundo es precisamente eso, su propia visión, no la realidad ni la verdad absoluta y compartible por todos los seres humanos. De ahí el sectarismo que demuestran persiguiendo a la oposición como si éstos no fueran simplemente rivales con otra opinión, sino enemigos de todo lo que es bueno y justo, personas que no tienen derecho a ser elegidas democráticamente. De ahí también que piensen que imponer pensar como ellos no es imponer una moral y una fe particulares por ley, sino simplemente lo que se debe hacer.

 

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: