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Publicado el 19 de noviembre, 2018

Eleonora Urrutia: Elecciones en USA: Triunfo de la libertad y golpe para la izquierda

Que tal o cual partido o candidato gane en una elección no es lo mismo a que lo hagan sus ciudadanos. Pero los resultados muestran que, identificando temas que unen, en lugar de personas, y en la era de las redes sociales que facilitan la comunicación horizontal, se puede acumular pequeños triunfos que devuelvan poder al ciudadano y permitan expandir su campo de acción frente al siempre insaciable estado.

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El 6 de Noviembre pasado, Estados Unidos votó en las midterm elections renovando los 435 miembros de la Cámara de Representantes, 35 miembros del Senado, 39 gobernadores y plebiscitando temas específicos. Estadísticamente, la victoria demócrata en la Cámara de Representantes (232 a 199) puso fin al control unificado del Congreso y la Presidencia que el Partido Republicano tenía desde 2016, obteniendo una ganancia de 36 escaños, con cuatro bancas que restan por definir. En el Senado, los republicanos mantuvieron su mayoría con dos bancas indecisas aún, pero el resultado ronda 53 a 47. Como resultado de las elecciones de 2018, el 116° Congreso de los Estados Unidos será el primero desde 1987 en el que los demócratas controlan la Cámara de Representantes y los republicanos el Senado. Esto también marca la cuarta elección intermedia consecutiva en la que al menos una cámara del Congreso cambió al partido que no controla la presidencia.

 

Políticamente los resultados fueron mixtos. El Partido Republicano tuvo una mejor elección de lo pronosticado. Perdieron talentosos asientos en la Cámara de Representantes, pero los resultados del Senado fueron decepcionantes para los demócratas. La pelea sobre la elección del juez Kavanaugh les resultó negativa. La llamada “ola azul” que pronosticaba un tsunami demócrata no estuvo ni cerca de producirse. De todos modos, que los republicanos hayan hecho una elección mejor a la esperada no significa que sean buenas noticias para los ciudadanos. Dada la propensión del gobierno del presidente Trump a ciertas políticas de gasto, es probable que aproveche la Cámara demócrata para aprobar su paquete de infraestructura y aumentar el salario mínimo.

 

A diferencia de Richard Nixon o Ronald Reagan, Trump no ha hecho ningún esfuerzo por construir una coalición más grande que la que lo ayudó a ganar la presidencia sobre Hillary Clinton.

 

La derrota de la Cámara Baja es un mensaje para Trump de los republicanos moderados e independientes que rechazan su estilo rencoroso. Las falsas acusaciones contra Brett Kavanaugh llevaron suficientes votos para salvar el Senado, pero no los suficientes para salvar a Representantes en los swing states. Esto es en gran medida el fracaso del Presidente, ya que mientras una importante mayoría aprueba sus políticas, a casi la mitad les disgusta personalmente. A diferencia de Richard Nixon o Ronald Reagan, el Mandatario no ha hecho ningún esfuerzo por construir una coalición más grande que la que lo ayudó a ganar la presidencia sobre Hillary Clinton.

 

Una de las grandes quimeras políticas de estos dos años es que el “partido de Trump” está formado principalmente por hombres blancos “racistas”. Esto cubriría a los 63 millones que votaron por él. La realidad es que la base de Trump incluía a muchos republicanos –hombres y mujeres- tradicionales y suburbanos. Algunos votaron por él, algunos en contra de Hillary Clinton y otros por una mayoría conservadora de la Corte Suprema. Su presidencia ha entregado lo que esos votantes querían sobre política, economía y el poder judicial. Pero las encuestas de boca de urna y los resultados de las elecciones pasadas sugieren que no ha transmitido lo que muchos de ellos pretenden de la figura presidencial.

 

Si los resultados no son contundentes para ninguno de los dos bandos, sí hubo un perdedor total y completo y fue la senadora de Massachusetts Elizabeth Warren. Durante una década Warren estuvo ocupada intentando rehacer Washington a su imagen progresista. Su papel en la creación de un nuevo aparato de regulación financiera le dio una gran influencia sobre la burocracia, en particular a partir de su exitosa candidatura al Senado en 2012. La izquierda le rogó que cambiara el nombre del Partido Demócrata por el de una fuerza progresista y populista y que desafiara a Clinton en 2016. Para esta campaña apadrinó a varios protegidos progresistas, construyó vínculos con unas 150 campañas, dirigió millones de dólares hacia ellas y recorrió el país en apoyo a sus candidatos. Todos perdieron. El National Journal elaboró ​​una lista de nueve candidatos progresistas como una “prueba de la fuerza de izquierda”. Incluyó a los candidatos que se presentaron en los distritos republicanos más vulnerables. Los resultados fueron 0 a 9 a favor del GOP. El think tank de izquierda, Third Way informó que «hizo un seguimiento de cada uno de los 967 anuncios que los demócratas más radicales publicaron en los distritos competitivos de la Cámara de Representantes desde Labor Day en adelante y sólo dos candidatos mencionaron “Medicare para todos o con un único pagador”. Ambos perdieron.

 

Ahora, que tal o cual partido o candidato gane en una elección no es lo mismo a que lo hagan sus ciudadanos. Es lamentable que la política consuma gran parte de nuestras energías, pero es el resultado natural e inevitable de haberle otorgado un papel tan dominante al estado. Es imposible esperar que un gobierno más grande produzca un mejor gobierno o más amable para los individuos.

 

Tanto la izquierda como la derecha coinciden en que la guerra del gobierno contra una planta ya ha durado suficiente y ambas valoran la privacidad.

 

En este sentido las noticias para los Estados Unidos no dejan de ser alentadoras. En los plebiscitos más importantes que se llevaron a cabo en paralelo el día de la elección, los votantes de Colorado rechazaron un esfuerzo por reemplazar el flat tax con un sistema de impuestos discriminatorio, los de California detuvieron sensiblemente la expansión del control de alquileres de parte del gobierno, los de Washington rechazaron un impuesto al carbono, los de Florida expandieron los requisitos de súper mayorías para aumentos de impuestos y los votantes en varios estados legalizaron marihuana, incluyendo a Utah, el estado socialmente más conservador de todos. También hubo una gran victoria para la privacidad en New Hampshire donde aprobaron una enmienda constitucional que fortalece la protección a la privacidad individual y prepara el escenario para socavar el estado de vigilancia federal. En Oregon, ocho condados votaron ordenanzas para convertirse en “santuarios de armas”, estableciendo el escenario para poner fin a la aplicación de leyes estatales y federales de control de armas, a la par que votaron negativamente a la ley federal que anularía la condición de “estado santuario para la inmigración”.

 

Estos resultados señalan el poder del activismo en temas puntuales. Y es que las personas a menudo pueden ponerse de acuerdo en cuestiones individuales. Tanto la izquierda como la derecha coinciden en que la guerra del gobierno contra una planta ya ha durado suficiente y ambas valoran la privacidad. Incluso se ve éxito en temas que encajan mejor en el paradigma de izquierda-derecha, tales como armas e inmigración porque los activistas pueden centrarse en aspectos específicos de estos temas. Si bien la persona promedio podría rechazar el amplio mensaje de libertad, adoptará medidas para resolver los problemas que le interesan. Identificando temas que unen, en lugar de personas, y en la era de las redes sociales que facilitan la comunicación horizontal se puede acumular pequeños triunfos que devuelvan poder al ciudadano y permitan expandir su campo de acción frente al siempre insaciable estado.

 

 

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