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Publicado el 09 de marzo, 2019

Eleonora Urrutia: El socialismo renace en Estados Unidos

De la mano de Alexandria Ocaso-Cortez y su Green New Deal, una parte de los demócratas se abre a subsidiar el estilo de vida de las personas «que no pueden o no quieren trabajar». Y lo hacen a través de una propuesta disfrazada de manifiesto por el cambio climático.

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El socialismo, casi agotado en Europa, está teniendo un inesperado renacimiento nada menos que en Estados Unidos –una contradicción geográfica– de la mano de un grupo de jóvenes mujeres elegidas al Congreso en noviembre pasado. Hasta ahora el único estadounidense contemporáneo que apelaba al socialismo era Bernie Sanders, candidato popular por lo pintoresco, pero marginalmente desafortunado en términos presidenciales. Ahora el relevo lo ha tomado la representante por el estado de New York, Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), con electorado principalmente hispano.

Luego de meses de potencial fervor alrededor de lo que llamó el Green New Deal -algo así como el “Nuevo Acuerdo Verde”, parafraseando el programa de Roosevelt de 1933 a 1938-, el pasado 7 de febrero AOC publicó una propuesta oficial de su manifiesto de política progresista en el que el clima, más que la desigualdad, sirve para luchar contra el culpable de todo, el capitalismo, y para pedir el resurgimiento del gran salvador, el Estado. El Green New Deal es famoso por proponer reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero en los Estados Unidos en la próxima década, pero va mucho más allá e incluye la sustitución de los planes de salud públicos y privados por un sistema médico universal administrado por el gobierno, así como la garantía de empleos en todo el país. Las primeras cláusulas del acuerdo rezan como se esperaría, citando informes climáticos recientes de la Naciones Unidas sobre las consecuencias del aumento de las temperaturas por arriba de cierto punto. Pero luego la resolución gira hacia comentarios sobre “crisis relacionadas”, como la desigualdad de ingresos y el estancamiento salarial.

En un Q&A ahora eliminado y antes publicado en el sitio web de Ocasio-Cortez dice que uno de los objetivos del Green New Deal es garantizar la “seguridad económica a todos los que no pueden o no quieren trabajar”.

El documento en sí es un torbellino ideológico. Las soluciones que ofrece van desde reducir los riesgos que representan las inundaciones a proyectos imposibles, como mejorar todos los edificios existentes en los Estados Unidos para que sean más eficientes y sostenibles, para terminar en una agenda de garantía federal de empleos y disposiciones antimonopolio. En un Q&A ahora eliminado y antes publicado en el sitio web de Ocasio-Cortez dice que uno de los objetivos de su resolución es garantizar la “seguridad económica a todos los que no pueden o no quieren trabajar”, sugiriendo la introducción de un ingreso básico universal y la garantía de viviendas asequibles, atención médica y educación superior para todos. El Green New Deal, dicen sus autores, tiene como meta “detener la corriente, prevenir el futuro y reparar la opresión histórica de los pueblos indígenas, las comunidades de color, las comunidades de migrantes, las desindustrializadas, las rurales despobladas, los pobres, los trabajadores de bajos ingresos, los ancianos, los desamparados, las personas con discapacidad y los jóvenes”. Cincuenta años después de The Great Society, aparentemente la mitad del país está conformada por víctimas de la opresión.

¿Por qué incluiría la izquierda una disposición sobre el subsidio al estilo de vida de las personas perezosas en un manifiesto del cambio climático? Porque eso es lo que requiere la interseccionalidad, marco filosófico que ha llegado a dominar el pensamiento activista progresista en los 30 años desde que la socióloga Kimberle Crenshaw lo acuñó por primera vez. Un progresista interseccional reconoce que el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia, la edad, el clasismo, etc. son fenómenos separados pero relacionados. Ignorar a una sola de estas fuentes de opresión es fallar en la interseccionalidad; la mentalidad seria de la justicia social debe tratar todos estos temas como igualmente importantes y enfrentarlos en masa.

La Teoría Monetaria Moderna es una idea nueva y popular en política fiscal que reclama que los gobiernos pueden afrontar cualquier gasto si controlan la moneda.

Análisis preliminaries calcularon el costo de este programa en alrededor de 6.6 billones de dólares al año, ignorando alguna de las promesas incluidas en el Q&A eliminado. Presumiendo que ningún otro programa sea cortado, tres cuartos del PIB de la economía de los Estados Unidos sería gastos del gobierno federal. Esto lleva a la pregunta que detesta contestar Ocasio-Cortez: ¿de dónde saldrá el financiamiento? Se esperaría que de un impuesto de 70% al patrimonio de quienes tienen por encima de los 10 millones de dólares, como originalmente sugiriera AOC en enero pasado. Pero no es ésta la respuesta, quizás porque análisis posteriores estimaron que ese impuesto solo recaudaría 72 mil millones de dólares al año, suficiente como para mantener abierto el gobierno federal por una semana bajo los actuales niveles de gasto.

En cambio, admite que se financiará mediante préstamos, para lo que postea links a otra nueva política progresista: MMT o Teoría Monetaria Moderna, idea nueva y popular en política fiscal que reclama que los gobiernos pueden afrontar cualquier gasto si controlan la moneda. El punto clave de la MMT es que “un estado monetariamente soberano es el proveedor monopolista de su moneda y puede emitir moneda de cualquier denominación en formas físicas o no físicas. Como tal, tiene una capacidad ilimitada para pagar los bienes que desea comprar, cumplir con los pagos prometidos en el futuro y posee una capacidad ilimitada para proporcionar fondos a los otros sectores, por lo que la insolvencia y la bancarrota de este estado no es posible, siempre puede pagar” (Éric Tymoigne and Randall Wray, «Modern Money Theory 101: A Reply to Critics,»).​ La teoría se basa en el chartalismo expuesto por primera vez por el economista alemán Georg Knapp en 1895 y que influyera en los años treinta en el Tratado sobre el Dinero de Keynes.

Según una nueva encuesta, el 72% de los estadounidenses dice que el cambio climático es importante, pero es un compromiso, digamos, barato, ya que otra encuesta de enero pasado encontró que mientras el 57% pagaría 12 dólares año para combatir el cambio climático, solo el 28% aceptaría pagar 120 dólares al año. En otras palabras, si la lucha contra el cambio climático cuesta el equivalente a una Happy Meal, la mayoría está a favor, pero si cuesta el equivalente a un año de suscripción a Netflix, la mayoría está en contra. Quizás por ello la Presidente (D) de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi ha sido muy ambigua con el programa. “Será una de varias o quizás muchas sugerencias que recibamos. El sueño verde, o como lo llamen, nadie sabe lo que es, pero están de acuerdo ¿no?” Con su propia agenda y prioridades, Pelosi no quiere verse obligada a tener que defender un documento que se lee como escrito por un club de socialistas universitarios.

La única explicación para la aprobación del Green New Deal por parte de los candidatos con posibilidad de ganar la nominación demócrata es que temen tanto a Ocasio-Cortez como a la izquierda por la que habla, que deben respaldar su plan.

Entre la docena de senadores demócratas a favor del plan están los precandidatos presidenciales del 2020, Cory Booker (NJ) -que compara la batalla para detener el cambio climático con la lucha contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial-, Kirsten Gillibrand (NY), Kamala Harris (California), Amy Klobuchar (Minn.), Elizabeth Warren (Massachusetts) y el independiente Bernie Sanders, co-sponsor del plan. Uno se pregunta por qué los demócratas, quienes, de ser nominados, probablemente enfrentarán a Donald Trump en 2020, se están apuntando en un tema tan radical. En una elección presidencial, el candidato opositor tiene la ventaja de no tener que defender antecedentes y puede elegir el terreno en el que atacar al oficialista, que sí tiene un récord de cuatro años que resguardar. Por lo mismo, rara vez un opositor presenta un objetivo tan expuesto, fuera de la corriente principal y vulnerable como éste. La única explicación para la aprobación del Green New Deal por parte de los candidatos con posibilidad de ganar la nominación demócrata es que temen tanto a Ocasio-Cortez como a la izquierda por la que habla, que deben respaldar su plan.

Los demócratas que triunfaron tanto en las elecciones primarias como en la general del 2018 fueron los más centristas y pragmáticos.

Los demócratas tienen una gran oportunidad, pero también corren peligro. Su horizonte es interesante. Acaban de ganar una elección en la cámara del pueblo. Competirán con un presidente republicano que tiene un índice de aprobación que nunca ha superado el 50%, que se enfrentó a un cierre del gobierno el mes pasado y que espera el resultado de un informe político (la investigación Mueller,  a propósito de una posible interferencia rusa en las elecciones del 2016) que podría ser desde una distracción a un desastre. La posición del Presidente Trump entre los votantes independientes, en particular, sugiere que el centro político está abierto para los demócratas. Sin embargo, también podrían perder la oportunidad por una combinación de extremismo político y estridencia interna. En algún nivel todos estos son signos de lo que le sucede a un partido a medida que crece y eleva a nuevos líderes; basta preguntarle al Partido Republicano sobre la insurrección del Tea Party de 2010.

El riesgo, sin embargo, es que los votantes centristas vean que el ala izquierda enojada y resentida se hace cargo del partido que es a lo que parecen estar sucumbiendo los demócratas, cuando la mejor imagen sería la de la esperanza. La historia real es que los demócratas que triunfaron tanto en las elecciones primarias como en la general del 2018 fueron los más centristas y pragmáticos. El caucus de los New Democrats de la Cámara de Representantes, opositores a Sanders y hasta a Nancy Pelosi, respaldó a 37 candidatos en las elecciones primarias de los que 32 obtuvieron la nominación, un 86%. Por el contrario, Our Revolution, la organización de base fundada y dirigida por los patrocinadores de Bernie Sanders, tuvo una tasa de victorias inferior al 40% en las primarias. En las elecciones generales 23 candidatos respaldados por los New Democrats lograron escaños republicanos en la Cámara de Representantes para ayudar a obtener la mayoría, mientras que ninguno de los candidatos respaldados por Our Revolution capturó un escaño rojo. Cero. La derrota de los republicanos no fue una derrota para la moderación en general.

Es por ello que, de progresar la agenda del Green New Deal y sus candidatos a la presidencia, es difícil que obtengan éxitos a nivel nacional porque a los americanos no les gusta el Estado ni las ideologías que apelan de manera extrema a él. Pero en ciudades como New York o San Francisco los neosocialistas pueden lograr que su utopía avance con gran apoyo de las élites intelectuales y periodísticas. Se arriesgan así a imponerle al Partido Demócrata un candidato lo suficientemente a la izquierda como para que sea reelecto Donald Trump, quien no se equivoca en calificar a todos sus adversarios de socialistas, la mejor manera de mantener el poder.

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