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Publicado el 12 de octubre, 2018

Elena Serrano: Un Nobel que abre los ojos

Abogada Elena Serrano
Este premio tan ilustre es mucho más que un premio. Es un llamado universal a hacer visible la violencia contra las mujeres.
Elena Serrano Abogada
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Nadia Murad y Denis Mukwege. Sus nombres tienen una cierta melodía, evocadora de tierras lejanas ajenas a nuestra civilizada convivencia. Ella tiene 25 años y proviene de la etnia Yazidi en el norte de Iraq. Él tiene 62 años, es médico y vive en Bakavu, en la República Democrática del Congo.

 

Ambos han recibido en estos días el Premio Nobel de la Paz. Nadia por su coraje y activismo en apoyo a las mujeres sobrevivientes de violencia sexual en guerras y conflictos armados. Denis por su especialidad como cirujano en reparar el daño físico interno causado a las mujeres por la violación en grupo, y por sus esfuerzos para erradicar la violencia sexual como arma de guerra en conflictos armados.
Denis Mukwege atiende al menos a 10 mujeres al día, cuyos genitales están destruidos interna y externamente por las violaciones de las que han sido víctimas. Sus pacientes llegan al hospital desnudas y sangrando; sus tejidos deben ser reconstruidos. Pero él sabe –como ya lo sabemos todos- que el trauma y el dolor de lo vivido las acompañará para siempre. Por eso las recibe y las abraza con sus enormes manos llenas de tibieza y compasión.

 

Nadia Murad ha escrito un libro con sus memorias: “Yo seré la última: historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico”. En él narra la vida en su aldea pobre y cariñosa, entre su enorme familia y sus ovejas. Allí fue capturada por ISIS como esclava sexual. No sabe cuántos hombres la violaron, sí sabe que era pasada de uno en otro, hasta que logró escapar. Hoy recorre el mundo para asegurarse que nunca más habrá una niña que cuente una historia como la suya.

 

Sabemos que desde siempre las mujeres han sido parte del botín de guerra obtenido por los vencedores, junto con los territorios conquistados. El pillaje oportunista de siglos pasados ha sido reemplazado hoy día por la violación masiva y el abuso sexual. Éstos no son ya una consecuencia de la guerra, sino una estrategia militar, según Amnistía Internacional. Es la forma en que el atacante perpetúa el control social y ejerce su poder. Al ser las mujeres las reproductoras y las cuidadoras de sus comunidades, serán el blanco preferido de los atacantes. Es frecuente que lo hagan impregnando las mujeres de los derrotados. Así, ellas parirán niños hijos del enemigo que conquistó su tierra, debilitando los lazos y la integridad del grupo étnico originario.

 

Este premio tan ilustre es mucho más que un premio. Es un llamado universal a hacer visible la violencia contra las mujeres. Aunque vivimos en paz y la guerra está muy lejos, en Chile el 77% de las mujeres considera que la violencia contra ellas ha aumentado. Un 89% estima que el Estado debe tomar medidas para erradicarla. 1 de cada 3 mujeres es maltratada por su pareja, y el 35 % reconoce haber sufrido violencia durante su vida, aunque muy pocas lo denuncian. En lo que va de este año los femicidios consumados suman 30 y los frustrados 93.

 

Nadia y Denis, los héroes de estos tiempos. Felicitaciones, y gracias por iluminar con sus propias vidas los dolores de tantas que viven y han vivido en la oscuridad de lo que no pueden contar.

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