Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 11 de enero, 2019

Elena Serrano: Sirenas

Abogada Elena Serrano
Es evidente que estamos frente a la más burda discriminación sexual imaginable, provocada por  una caricatura de mujer que crea un impacto exagerado en la imaginación popular. Es verdad que ha habido denuncias falsas de asedio, pero son una tremenda excepción. El verdadero resultado de esta tendencia es que las puertas al trabajo y al poder, que ha costado décadas abrir, simplemente se cierran.
Elena Serrano Abogada
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El gerente de finanzas de un banco, almorzando con sus colegas, les comenta que él ya no trabaja con mujeres porque “son una tentación, todo está prohibido, no hay para qué correr el riesgo”. Sus compañeros lo celebran con carcajadas cómplices y siguen todos comiendo como si nada. Ni por un segundo se asoma la idea de que están sacando del mercado laboral a la mitad de la fuerza de trabajo y haciendo un daño tremendo a las oportunidades de las mujeres. Más bien están orgullosos de sus habilidades gerenciales, que consisten precisamente en evitar riesgos.

Luego del primer año de #MeToo y del impacto que ha producido en el mundo, han surgido investigaciones sobre sus efectos. Solo esta semana tenemos sondeos en El País, The Atlantic y Vox que describen un escenario nada de ambiguo. Chantajistas, abusivas, aprovechadas. Así son descritas las mujeres que han “exagerado” tanto el abuso que han soportado, que están privando a todas las demás mujeres de un derecho legítimo a ser defendidas y protegidas.

Como era de esperar, sale a la luz el feminismo. En particular el de la “cuarta ola”, que parece haber ido demasiado lejos, opinan algunos. Ya no se trata de buscar la equiparación de la mujer con el hombre en todos los aspectos de la vida, como sus antecesoras de las olas anteriores, mediante la igualdad de oportunidades y el acceso al mercado laboral. Ahora se trata de penetrar los bastiones corporativos y políticos. Y es ahí donde son más vulnerables al acoso y otras conductas impropias, por la cantidad de hombres poderosos que han reinado sin obstáculos en esos espacios.

Reina el estereotipo de las mujeres “tentadoras” o incapaces de sostener una relación puramente profesional con su jefe si es hombre, y con sus compañeros.

En los reportajes hay anécdotas de terror. En Wall Street se ha establecido una regla silenciosa que consiste en “evitar mujeres a como dé lugar”. Lo que implica, por ejemplo, no subirse a un taxi con una colega, no almorzar con ella, no sentarse junto a ella en un avión, no tener habitaciones cercanas en el mismo hotel, pedirle su número de teléfono o “apoyar un dedo o dos en su cintura mientras se le saca una foto a ambos”, como dice Javier Marías en El País. Ni que hablar de ser mentor o guía de tesis. Reina el estereotipo de las mujeres “tentadoras” o incapaces de sostener una relación puramente profesional con su jefe si es hombre, y con sus compañeros. Los ejemplos que salen en la prensa causan pánico. Por lo tanto, dicen, es mejor abstenerse de tratarlas, contratarlas, o trabajar con  ellas.

Es evidente que estamos frente a la más burda discriminación sexual imaginable, provocada por  una caricatura de mujer que crea un impacto exagerado en la imaginación popular. Es verdad que ha habido denuncias falsas de asedio, pero son una tremenda excepción. El verdadero resultado de esta tendencia es que las puertas al trabajo y al poder, que ha costado décadas abrir, simplemente se cierran.

Ulises, el héroe de la Odisea, de regreso a Ítaca donde lo esperaba su esposa, debía navegar muy cerca de una isla donde habitaban las sirenas. Estas a través de su canto hechizaban a los hombres, quienes caían en un estado comatoso que les hacía estrellar su navío contra los arrecifes, naufragar y morir. Pero Ulises, advertido por una diosa, ya sabía del peligro de ese canto. Atado al mástil de su barco, permanece fijo en su ruta al atravesar la zona de peligro. Escucha el canto de las sirenas, se conmueve ante su belleza, pero sigue su camino.

El canto de las sirenas. Queridos amigos, colegas, hombres todos, nosotras no queremos ser sirenas. Queremos ser gerentes.

 

FOTO:SEBASTIAN BROGCA/AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: