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Publicado el 21 de diciembre, 2018

Elena Serrano: #MeToo: La voz de los hombres

Abogada Elena Serrano

Una mirada hacia el otro lado del movimiento que cumple un año de protagonismo universal. ¿Qué piensan y sienten los hombres ante este vendaval de acusaciones, de dolor, de resentimiento, de vidas marcadas para siempre?

Elena Serrano Abogada
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“Si eres una mujer leyendo esto, te he fallado. A través de mi silencio y una misoginia colectiva no cuestionada, te he fallado. He ayudado y continúo ayudando a perpetuar el machismo. Conozco bien cómo nos aferramos a formas de poder que las deshumanizan, sólo para acentuar nuestra masculinidad. Reconozco mi silencio como un acto de violencia. Por ello, con toda sinceridad, pido perdón”.

Este es el otro lado del #MeToo, movimiento que cumple un año de protagonismo universal. Ha destruido carreras de hombres poderosos, ha acogido a las víctimas de abuso sexual diciéndoles “Yo También” y ha cambiado por completo el concepto de lo que es y no es abuso, lo que es y no es consentimiento. Ha inspirado leyes y políticas en países y nuevas prácticas en lugares de trabajo, campañas sentidas y solidarias, como la de nuestro Ministerio de la Mujer, “No lo dejes pasar”.  Y, por sobre todo, ha legitimado el derecho a denunciar de la víctima y el castigo debido al victimario.

¿Qué piensan y sienten los hombres ante este vendaval de acusaciones, de dolor, de resentimiento, de vidas marcadas para siempre? En conversaciones y lecturas entré al mundo de sus confesiones:

“Somos cómplices colectivos de una mentalidad sexista y una masculinidad envenenada que tiene sus raíces en la misma cultura tóxica de la cual emergieron los famosos que han sido condenados”.

“Toco la alarma contra nuestra postura de ‘inocencia’ sexista. Es una estupidez. En nuestro inconsciente están esos principios patriarcales que condonan la violación, aunque nunca la practiquemos. Es verdad que la mayoría de los hombres no somos violentos, pero hemos sido programados para creer que en algún momento podemos ser violentos, para probar que somos hombres”.

“Estamos recién despertando a que prácticas históricas aceptables ya no lo son en una sociedad moral. Abrir y curar las heridas que llevamos y hemos producido es feo e incómodo, pero absolutamente necesario”.

Cuenta una terapeuta que #MeToo ha cambiado completamente su práctica: a pesar del negro escenario, ha sido éste un tiempo poderoso que ha unido a los hombres, obligándolos a meterse en temas que antes habrían evitado. Se preguntan: ¿Cómo es posible haber malentendido tan profundamente a las mujeres? ¿Por qué ahora son acusados de herirlas? ¿Por qué han sido siempre ellas las responsables de detener los avances no consentidos? ¿Qué ha significado para ellos ganar “credibilidad masculina” a expensas de ellas?

Aclara que para muchos hombres, bajo esa angustia que zumba en el trasfondo, hay capas de vergüenza ante sus propios sentimientos. No se trata de esa vergüenza saludable que todos necesitamos sentir para admitir nuestros errores y hacernos responsables. No. Creen que hay algo mal en ellos. Es esta vergüenza la que hace florecer las conductas patriarcales. El temor de ser disminuidos en su hombría los lleva a racionalizar actos de fuerza y de violencia.

Sin embargo, y a pesar de todo, los hombres pueden sanar. “Mirando hacia atrás, quisiera encontrarme con ese yo de joven y deshacer ese ‘asesinato del alma’ que he practicado. Pero quiero ser perdonado. Ese joven aún merece mi cariño, tengo aún amor que darle, un amor que pueda combatir y derrotar lo toxico de la masculinidad masculina”.

Sí, digo yo desde mi profunda identidad femenina. Hay daño causado, hay dolores nuestros que jamás sanarán. Lo hecho ya está hecho. Se puede pedir perdón pero también no ser perdonado. Pero es posible la redención. Y también, en ocasiones, los brazos abiertos.

FOTO: HANS SCOTT / AGENCIAUNO

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