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Publicado el 28 de septiembre, 2018

Elena Serrano: Los hombres me explican cosas

Abogada Elena Serrano

Esta semana se designa una comisión de expertos abogados para modificar el Código Penal. En la comisión no hay mujeres. Este hecho tiene muchos nombres, pero prefiero quedarme en el «mansplaining»: los hombres explican a las mujeres lo que ellas ya saben.

Elena Serrano Abogada
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Así se titula un ensayo de la renombrada escritora norteamericana Rebecca Solnit, publicado hace pocos años en un libro con ese mismo título. Ella cuenta que fue invitada a una cena muy elegante en Aspen, cuyo dueño de casa era un señor rico y poderoso, quien en voz fuerte y con mucha autoridad comenzó a relatar su interpretación detallada de un estupendo libro recién leído.

 

Como al cabo de un rato el monólogo continuaba, una mujer lo interrumpió suavemente para decirle que ese libro había sido escrito por Rebecca, sentada a su lado. Él no la escuchó, siguió adelante, fascinado con su sabiduría y capacidad oratoria. Cuando finalmente –en la cuarta interrupción– comprendió lo que le estaban diciendo, su rostro se puso color ceniza y enmudeció, confundido ante el desorden que le causaba esta información en el muy bien organizado modelo mental de su mundo.

 

A raíz de este episodio, la autora decidió escribir sobre el tema. Su texto es profundo y adolorido. Sostiene que estamos frente a una  violencia que enmudece a las mujeres. El femicidio, la violación, el abuso doméstico, el acoso, están en el corazón de las luchas de las mujeres por sus derechos. Sólo al declarar esos actos de violencia como crímenes, la ley  les otorga a ellas el status de seres humanos. A los millones de mujeres que no tienen voz se les dice constantemente que no son testigos fiables de sus propias vidas, que la verdad no es suya, ni ahora ni nunca. Todo esto va mucho más allá de los hombres explicando cosas que ellas saben mejor, pero es parte del mismo “archipiélago de ignorancia”.

 

Las mujeres conocemos bien esa certeza interna que hace tan difícil, para cualquiera en cualquier tema, tomar la palabra, y una vez tomada, ser escuchada. Es como ser aplastada por un manto de mutismo que nos dice que éste no es nuestro mundo, o el ser acosada en la calle: una experiencia de inseguridad, duda, autolimitación, que al mismo tiempo refuerza la confianza y el poder del otro. Tendemos a pensar que es un acto de arrogancia, pero no. Se trata más bien una especie de guerra que enfrentamos a diario dentro de nosotras, una invitación al silencio que invade hasta a las más letradas y aplaudidas.

 

El ensayo de Solnit, en sus palabras, tocó una cuerda, un nervio. Millones y millones de mujeres se identificaron con las situaciones descritas. Una verdadera revolución. En todas las profesiones surgieron testimonios e historias compartidas de haber sido acalladas o tratadas con condescendencia por hombres que es probable sabían menos que ellas. De allí nació el mansplaining, palabra de uso común ya en estos tiempos, incluida en diccionarios, tratados sobre género y en el periodismo político.

 

El derecho a estar presentes y tomar la palabra es parte de una sobrevivencia básica, de dignidad y de libertad. Para todos. Mansplainers, no se pierdan las muchas voces. Pueden encontrar en ellas un remedio a su soledad.

 

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