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Publicado el 01 de septiembre, 2017

El triste final de un mal gobierno

Cuando pensábamos que La Moneda estaba cosechando ya suficientes frutos de sus malas decisiones, ahora enfrentará el estigma de ser la primera administración que se las arregla para tener tres ministros de Hacienda.
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El legado del primer gobierno de la Nueva Mayoría será todavía peor de lo esperado. El retroceso que han generado las malas reformas y la gestión deficitaria en servicios elementales para los chilenos está coronado por el desorden político y, sobre todo, por la creciente sensación de que todo se sale de control. Será difícil para un próximo gobierno hacerse cargo de la conducción del país en medio de ese clima.

Cuando pensábamos que La Moneda estaba cosechando ya suficientes frutos de sus malas decisiones, tiene que enfrentarse ahora con el estigma de ser la primera administración que cambia de encargado de Hacienda durante el mandato y se las arregla para tener, antes de cumplir cuatro años, el récord de tres ministros (podría haber un cuarto, porque seis meses es tiempo suficiente para que nos sorprenda otra vez).

Era prácticamente imposible para Rodrigo Valdés mantenerse en un gabinete que permanentemente desautorizaba en público su conducción. Todos los ministros regalones de la Presidenta se dieron gustos que iban progresivamente dañando la credibilidad de Hacienda. La ex ministra Rincón se enfrentó frecuentemente con él, obsesionada con una reforma laboral que fuera lo más sindical y lo menos pro empleo posible. Y los ministros Barraza y Krauss lo desautorizaron mucho antes de conocerse los detalles de la reforma a las pensiones, el primero para avisar que todo el 5% de alza iría a un fondo colectivo y la segunda para plegarse a la consigna del No + AFP (“Ni un peso más para las AFP”, fue lo que dijo exactamente la ministra en marzo pasado). Soportar ahora la humillación del ministro de Medio Ambiente era demasiado.

Valdés llegó al gobierno generando expectativas: tenía trayectoria y sentido común para recuperar lo que Alberto Arenas se había encargado de echar a perder en 14 meses. Y aun cuando todos reconocimos en él un lenguaje y posiciones razonables, la Nueva Mayoría y la propia Presidenta Bachelet se encargaron de marcarle siempre la pauta: ninguna decisión política podía tener un rango inferior a sus efectos en la economía; y ninguna decisión económica podía no ajustarse al guión que repite disciplinadamente un amplio mundo en la izquierda, que se incomoda cuando se habla de crecimiento y empleo y los cree justificaciones de “los poderosos de siempre” para impedir cambios.

De manera que, a pesar de todos los esfuerzos de Valdés, la reforma laboral conservó intacto su corazón, la huelga sin reemplazo. Y la reforma previsional, si bien tiene matices respecto del anhelo de Bachelet de echar abajo la estantería completa, contiene dos aspiraciones emblemáticas para la izquierda: una colectivista, cuando el Estado recorta un pedazo de la cotización y lo manda a un fondo común; y otra estatizadora, cuando obliga a los trabajadores a enviar ese aumento de su ahorro a un ente público creado para administrarlo (no es gratis el 16% de aprobación ciudadana que tiene al reforma dos semanas después de mandarla al Congreso). Tampoco el ahora ex ministro de Hacienda pudo detener el déficit fiscal, ni el nivel de endeudamiento con que este gobierno va a dejar a Chile.

Lo más notorio del nuevo elenco económico es su profunda identificación con Ricardo Lagos y la Concertación, símbolos de lo que hoy avergüenza a una Nueva Mayoría que reniega de su propia obra durante dos décadas y que expió sus culpas bloqueando la candidatura presidencial del ex mandatario.

Es curiosa la elección de la Presidenta Bachelet –que tampoco debió tener una fila de postulantes en la puerta de La Moneda para hacerse cargo de semejante buque–, dos semanas después de que Lagos reconociera que “la tarea número uno de Chile es crecer” y que todo lo demás es música. De Nicolás Eyzaguirre no sé qué puede esperarse, cuando el domingo pasado, en una entrevista en La Tercera, comparó tres veces a Chile con el África subsahariana (para demostrar su tesis de que el deterioro del país es por razones ajenas a las reformas); pero en dupla con Rodríguez Grossi en Economía tal vez pueda estabilizar el ambiente y cerrar este nefasto período de la mejor manera posible.

Veamos cómo termina de amoldar la Presidenta Bachelet este noveno ajuste de ministros. Pero hasta ahora todo indica que esto ya empieza a ser el triste final de un mal gobierno.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile
@isabelpla

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

 

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