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Publicado el 16 de mayo, 2020

El tontito de Sánchez Fontecilla

Periodista Marcel Oppliger

Las pruebas de que la gente, y los santiaguinos en especial, se estaban tomando bastante a broma la cuarentena y otras medidas de protección no se pueden ignorar, porque son muchas y palmarias. Quizás pocos sean tan inconscientes como para salir a trotar sin permiso ni mascarilla en plena crisis, pero sobran los imprudentes y los irresponsables de toda laya.

Marcel Oppliger Periodista

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Al Tontito lo conocí durante la Primera Cuarentena, en abril, también llamada la Falsa Cuarentena o, en círculos más críticos, El Gran Chiste. Fue cuando el Gobierno creyó que mantener a los santiaguinos encerrados en sus casas por un par de semanas, y sólo en algunas comunas, iba a bastar para contener una pandemia de alcance global. Si los virus se rieran…

Pues bien, ahora que se ha decretado la Gran Cuarentena de Santiago para encerrarnos a todos en serio, me acordé del Tontito. Decir que lo conocí sería mucho, en realidad, apenas nos topamos por unos segundos. Pero en esos instantes cruzamos miradas fugazmente y él me sonrió beatífico.

No pudo saber si le sonreí de vuelta (no lo hice), porque yo llevaba lo que ahora es la moda de rigueur: mascarilla y anteojos oscuros. Antes conocido como look “encapuchado”, lo que no deja de ser una ironía. Tontito, en cambio, iba a rostro descubierto, aspirando a todo pulmón bocanadas de Covid-19 mientras trotaba por Sánchez Fontecilla (esquina con Colón, donde está el paradero de micro), ajeno a la mundanal  emergencia.

Sobre él sólo puedo hacer suposiciones, porque no lo paré para entrevistarlo. Diría que entre 25 y 35 años (millennial a concho, el pobre), segmento ABC1 (por el barrio y el tiempo libre para hacer jogging a las 11 AM), posiblemente profesional universitario (mismas razones). Es decir, con edad para tener criterio y una capacidad básica para seguir noticias y enterarse de lo que pasa a su alrededor, vg., pandemia global. Eso como mínimo.

Por ende, no puede haber sido falta de información lo que explicaba su trote casual y despreocupado en zona de coronavirus, tampoco falta de educación para comprender cómo se propaga una enfermedad y cómo se contagia la gente. ¿Sería un escepticismo cínico o más bien su cinismo escéptico? ¿Puro egoísmo nihilista o quizás un impulso suicida? ¿A lo mejor era inmune al virus y lo sabía, el muy desgraciado?

No creo. Hay gente tonta, punto. Que la corrección política me perdone.

“¿Entonces qué hacías tú también en la calle?”, podría preguntar un lector pesado (no usted). Pues resulta que tengo coartada. Yo venía con mi suegra, ambos salvoconducto en mano, de ponernos la vacuna contra la influenza en un consultorio ahí cerca, junto al resto de los empleados de la empresa donde trabajo. Para ese día llevábamos más de un mes en cuarentena voluntaria decidida por la misma empresa, todos full teletrabajo y sin vernos las caras excepto en Zoom, y aunque nos hubiera gustado darnos un abrazo y conversar un rato, apenas nos saludamos a tres metros de distancia y a la rápida. Claro, ¡porque estábamos en #*@$&¡% cuarentena!

Por eso, cuando vi a Tontito pasar trotando a mi lado como si nada, me quedé plop. No atiné a enojarme (eso vino después) ni a tomarle una foto para subirla a Twitter (funar es flaite, no lo hagan), ni siquiera a gritarle “¡¿Sacaste salvoconducto pa’ salir a correr, gil?!” (se me ocurrió muy tarde, obvio). En fin.

Todo esto lo traigo a colación porque si estamos perdiendo la llamada Batalla de Santiago es, en parte importante, por él y sus secuaces. Las pruebas de que la gente, y los santiaguinos en especial, se estaban tomando bastante a broma la cuarentena y otras medidas de protección no se pueden ignorar, porque son muchas y palmarias. Quizás pocos sean tan inconscientes como para salir a trotar sin permiso ni mascarilla en plena crisis, pero sobran los imprudentes y los irresponsables de toda laya.

Y así estamos.

Lo que trato de decir es que, si nos va a pillar un maldito bicho que vino desde China cruzando el océano, que sea porque la vida es una mierda. Que no nos pase por tontitos.

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