En Constitulandia, existe un titiritero que silenciosa pero hábilmente mueve los hilos del poder sin que se note cuando lo estima necesario; su voz es escuchada en ese país para recordarle a la audiencia quién está a cargo del teatro. 

Hace unos días, el titiritero salió de las bambalinas y se presentó ante el público, porque había ocurrido algo inesperado. La marioneta había comenzado a saltarse el guion, y dirigiéndose a la audiencia que no aplaudía lo suficiente la obra que representaban, les prometió que intentaría cambiar varias partes del texto a fin de conseguir más aplausos, porque a ella tampoco le gustaba tal cual se había concebido.

La gente, creyéndole a la marioneta, comenzó a aplaudir y aquellos que no, comenzaron a disminuir. Enojado por lo que estaba sucediendo, el titiritero saltó al escenario, hizo callar a la marioneta y dirigiéndose enojado al público, les dijo que no estaba dispuesto a cambiar una palabra del guion, pues era la ópera prima de él y sus amigos.

Al volver tras bambalinas a controlar la marioneta, el titiritero la reinstaló en el escenario y dirigiéndose al público esta repitió: no es el momento de cambiar el guion… eso lo veremos después. La gente no lo podía creer, pues minutos antes había prometido cambiar al menos algunas partes que no le gustaban y cuando eso ocurrió, los que habían comenzado a aplaudir se dieron cuenta que la pobre marioneta no tenía mucho poder para cambiar nada, pues el titiritero manejaba sus hilos y simplemente estaba obligada a repetir lo que este le decía. 

Durante el intermedio el público comenzó a opinar. Unos querían que todo siguiera igual, porque no había razón para cambiar lo que el titiritero y sus amigos habían elaborado. Otros pedían que se escuchara a la marioneta, tratando de ayudarla para que no sufriera el oprobio del público por decir en un momento una cosa y al poco rato todo lo contrario.

En medio de unas acaloradas discusiones entre quienes querían cambiar y los que no, los timbres sonaron y la obra volvía a comenzar. Al salir a escena, la marioneta, intentando cortar los cables con que su titiritero la manejaba, dio un salto en el aire y gritó angustiada, ¡todo se puede mejorar! Pero, ya nadie le creía, pues el público entendió que era el titiritero el que la manejaba y ella no tenía independencia para cambiar nada. 

Al término de esa bochornosa presentación, se esperaba que las críticas a la obra volvieran a aumentar, pero al titiritero no le importaba. Él quería terminar la temporada y pensaba que al final de esta, las críticas lo iban a favorecer.

Pasan los días, y la obra continúa en cartelera. El titiritero está feliz, porque aún tiene público que está dispuesto a aplaudirla. Pero, según los críticos, tras cada presentación y mientras más gente la vaya conociendo, menos serán los que la encuentren buena y los aplausos que pudo haber obtenido se irán extinguiendo, hasta que ya nadie quiera saber más de ella.

La marioneta, por su parte, aún cree en cambiar algo del texto para no verla morir, ya que si eso ocurriera, ella no sabe cuál sería su destino, pues cree que el que controla los hilos que le dan vida enojado la abandonaría, dejándola caer. Asustada, se rinde ante el titiritero y solo piensa en lo que tendrá que decir en la siguiente función. 

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