«El éxito tiene muchos padres, el fracaso es huérfano», decía John F. Kennedy parafraseando a Napoleón. Los últimos resultados de la encuesta Cadem dan a la opción Rechazo una amplia ventaja en el plebiscito de septiembre próximo, lo que ha llenado de optimismo a sus partidarios. Pero todo exceso de optimismo conlleva serios riesgos de caer en exceso de confianza o en triunfalismo.

Descontando los recientes autogoles del gobierno y de la Convención, estos buenos resultados se deben en parte importante al hecho que los políticos y empresarios han estado ausentes de la escena política -y de la opinión pública- durante los últimos meses. Junto con ello, las señales y propuestas de algunos actores políticos relevantes -especialmente de la ex Concertación- por hacer una nueva Constitución han ido consolidando un amplio apoyo a la opción Rechazo. Pero estas señales no bastan; deben ir acompañadas de compromisos reales y vinculantes.

Considerando que la opción de “Aprobar para reformar” es tramposa, los chilenos estamos a la espera de un amplio y transversal acuerdo político para continuar con el proceso constituyente -bajo la forma de una comisión de expertos- después del 5 de septiembre. A los “ansiosos por el Rechazo”, nos gustaría ver a los dirigentes de Chile Vamos haciendo planteamientos que “duelan” al sector. Será la única manera de reflejar una voluntad real de hacer los cambios constitucionales que una gran mayoría de chilenos anhela. 

Si la opción Rechazo triunfa en el plebiscito de salida, ese éxito tendrá muchos padres. Frente a los favorables resultados de las encuestas, hay algunos personajes políticos y empresariales que han empezado a mover sus fichas para capitalizar un eventual triunfo. Un craso error. El triunfo del Rechazo debe ser de todos los chilenos. No es el momento para que políticos y empresarios intenten adueñarse de la campaña del Rechazo.

Por el contrario, si gana la opción Apruebo, la campaña del Rechazo quedará huérfana. Todos los padres “putativos” saldrán corriendo y desaparecerán. Sólo quedarán algunos padres valientes asumiendo digna y estoicamente la derrota. Pero en general será una derrota para todos los chilenos. Un fracaso cuyos negativos efectos y nefastas consecuencias serán difíciles de revertir. 

Si usted es de los “ansiosos por el Rechazo”, entonces tiene el derecho de exigirle a los políticos y empresarios mantenerse a profundidad de periscopio, alejados de toda campaña o polémica. Y si quiere que todos los chilenos seamos padres del triunfo del Rechazo, entonces demande de la clase política un acuerdo para asegurar que tengamos una nueva Constitución. Pero no cualquiera, sino que una buena que nos una

Ya nos basta con una Convención fracasada y huérfana. No necesitamos, además, una mala Constitución. 

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