Declaraciones de un cojo sobre el empedrado

Antes de decirnos por qué los demás pueden llegar a abusar de su fuerza, lo primero que debiera explicar la derecha es porqué ha llegado a ser tan débil.

Tuvo un gobierno de cuatro años del que ya nadie habla. No provoca remembranza sino amnesia y eso no es por casualidad. Tendría que explicar cómo es que pasó de tener una coalición fuerte que llegó compitiendo en buena lid a La Moneda a una entidad de nombre conocido y hechos conjuntos desconocidos.

Tendría que explicar por qué se debilitaron sus partidos y sus líderes. Empezar a justificar por qué, en la parte final de la administración Piñera, no se recuerda la votación conjunta de Chile Vamos en las decisiones más importantes y controvertidas del período. No hay mayor claudicación que seguir a los populistas.

No se trata de un mal de superficie. Es un sector político que cambió de candidato perfilado tres veces en una campaña corta. Cómo es que paso de un Lavín seguro a un Sichel foráneo y, de allí, a un Kast extremo. En corto tiempo cambió de liderazgo, de programa a respaldar y de respaldo institucional básico de la candidatura. La oscilación siempre es signo de desorientación. De derrota en derrota no se llega a la victoria final.

No estaba muerto, pero la parranda dura mucho

La derecha termina un ciclo largo intacta en lo electoral, pero políticamente debilitada. Ya no constituye una coalición reconocible, sus partidos están más débiles que un año atrás y en la Convención juega de visita.

Lo que está en entredicho en la oposición es la calidad de su liderazgo partidario. Muchas personas que antes habían sido capaces de actuar en conjunto, ahora sufren amnesia simultánea. 

Los que están destruyendo a la derecha como coalición son aquellos que demoran la implementación de salidas al desacuerdo. El mayor error es no perdonarse los errores. 

Operan haciendo uso del trillado recurso de despertar el amor propio y el rechazo del socio. RN procesa el impasse por la presidencia del Senado empleando dos meses, no porque admiren a las tortugas como ejemplo de velocista, sino porque malgastan el tiempo en arengar a la militancia de regiones alertándolos del mal proceder de los antiguos aliados. Cuando se tiene poco que decir, asumir la defensa del partido como tal llena mucho espacio que de otro modo señalaría un vacío de discurso. 

De la derecha, tal como está, el gobierno no tiene nada que temer. Han desaparecido de la escena y no lo notan porque todos hablan, pero nadie conduce.

Sansón en la peluquería

Quien no mira de frente su derrota no está en condiciones de superarla. La derecha ha dejado de pensar en liderar y ha empezado a concentrarse en resistir. Cambió de propositiva a reaccionaria (en su sentido más literal).

Sus dirigentes, cuando hablan de los males de la próxima Constitución, inconscientemente adoptan el punto de vista de la minoría permanente que puede tener que enfrentar a una mayoría abusadora. La actitud es a la defensiva y desde la desventaja.

No todos están actuando desde la derrota. Hernán Larraín Matte, constituyente de Evópoli, señaló que el texto presentado por la comisión de Sistema Político de la Convención Constitucional es el de “un presidencialismo débil y un unicameralismo de facto”. Pero, al mismo tiempo precisa, en el controvertido tema de las atribuciones de la segunda cámara, que, tal como se establece hasta ahora, “el órgano que representa a las regiones no podrá participar en el debate de reformas sociales como salud, pensiones o educación”. Formulado así, la propuesta de revisión resulta plenamente abordable. Es decir, Larraín deja abierta la puerta para alcanzar acuerdos nacionales.

Tan posible parece hoy que el texto constitucional consiga un acuerdo amplio como que no; tan posible es que se apruebe como que se rechace. Lo que no es razonable es que la derecha se prepare para una sola de dos alternativas. Tal vez sea el momento de empezar a practicar una buena política.

*Víctor Maldonado es analista político.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta