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Publicado el 01 de agosto, 2015

El pre-juez Muñoz

El juez Muñoz abandonó la neutralidad que le exige el cargo para exponer una interpretación bastante personal sobre el sistema laboral chileno.

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Que el presidente de la Corte Suprema se haya inmiscuido en el debate de la reforma laboral habla de lo mala que está la situación política del país. Los líderes de la izquierda podrán decir que el juez Sergio Muñoz —así como el papa Francisco— ha abierto los ojos a la insoportable desigualdad que hay en Chile y en el mundo. Otros, los más liberales, pensarán que se acabó la época de neutralidad del Poder Judicial y, dado los tiempos que corren, ser una democracia liberal con Estado de Derecho ya no corre más. Hoy todo puede ser. Lo preocupante es que si es así estamos frente a un problema grave de crisis de institucionalidad.

El juez Muñoz abandonó la neutralidad que le exige el cargo para exponer una interpretación bastante personal sobre el sistema laboral chileno. Según él, el individuo no sería apto para negociar con su empleador. Solamente a través de los sindicatos el trabajador sería libre, mejoraría sus condiciones laborales y vencería al patrón mediante el resurgimiento del “Derecho Colectivo”. Según el juez, el individuo no sirve para defenderse. Su alternativa es comportarse como masa al momento de acudir a la justicia laboral. ¿Qué hay de las especificidades en las preferencias de los individuos? Tal parece que el juez prefiere no pensar en eso. Su opción es bajarse del estrado y vociferar contra el Estado de Derecho suponiendo que es más justa aquella institucionalidad que sólo sirve para cultivar y mantener una élite sindical antes que defender al individuo de las injusticias.

Todo indica que el juez Muñoz ha olvidado que la justicia está para defender al ciudadano, no para lanzarlo a las fauces de oligarquías sindicales que desean la obligatoriedad de rendirles culto. Si los sindicatos fueran tan buenos, habría muchos más trabajadores sindicalizados o, al menos, la reforma laboral tendría alguna importancia en las prioridades que los ciudadanos tienen. Hoy a los ciudadanos les preocupa la cesantía y  las alzas de precios, y sobre todo la delincuencia. De esto último debería preocuparse porque tiene muchas implicaciones en la visión que los ciudadanos tienen de su función.

¿Creerá el presidente de la Corte Suprema que en otros ámbitos de la vida social el Derecho Colectivo también debe ser invisible? ¿Esperará a que haya un sindicato de víctimas de los delincuentes para opinar al respecto? ¿Creerá que los delincuentes son víctimas de las “importantes asimetrías” que sufre el país? ¿Hasta dónde está la garantía a los derechos individuales? Estas preguntas no serían importantes si el juez no hubiese abandonado su neutralidad. A partir de ahora, tenemos certezas para no confiar en el juez. De hecho, podríamos llamarlo “pre-juez”, porque ya no juzga, sino que prejuzga. Supone que hay buenos y malos ya preestablecidos en el derecho laboral. A partir de ahora, se nos hace evidente que los ciudadanos estamos aún más desprotegidos de aquello que más necesitamos en estos climas turbulentos: justicia. Un pre-juez no puede asegurárnosla. ¿Ahora quién podrá defendernos?

 

Jean Masoliver Aguirre, cientista político e investigador Fundación para el Progreso.

 

 

FOTO: PABLO VERA/AGENCIAUNO

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