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Publicado el 13 de febrero, 2017

El pasajero inteligente

Quizás este decálogo le ayude a mejorar ciertas conductas al momento de volar en estas vacaciones. Sea un pasajero inteligente.
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  1. No se «disfrace»: Un pasajero inteligente no se “disfraza” para viajar. No intenta caracterizarse como turista cliché con guayaberas y grandes sombreros (¿por qué tanta gente viaja con sombrero?) y cámara al cuello. Tampoco se viste de Indiana Jones, como acostumbran muchos turistas americanos o europeos, que se fabrican pintas de exploradores para ir a la Plaza de Armas o el Paseo Ahumada. El pasajero inteligente se viste normal, como si fuera a comprar al supermercado, lo más cómodo y ligero posible.
  1. No sea apurón: Un pasajero inteligente no se levanta inmediatamente apenas el avión se detiene en la manga. Sabe que lo hará todo el resto de forma automática, como rebaño, y que los apurones impacientes estarán parados y apretujados en vano durante eternos minutos mientras se abre la puerta. El pasajero inteligente se queda en su asiento y sale casi de los últimos, sin prisa. Total, no por bajarse primero del avión recogerá la maleta primero que todos, a menos que sea usted “prioritario”.
  1. Aborde tranquilo: Un pasajero inteligente no va con el redil nunca. No se queda parado una hora frente al counter de embarque, para entrar de los primeros al avión, como lo hacen casi todos los demás. Comete lo políticamente incorrecto de no hacer caso al llamado a embarcar por filas, espera cómodamente sentado a que el embarque vaya finalizando y luego se sube tranquilamente. Lo más probable es que igual deba esperar y hacer un poco de fila dentro de la manga y el avión, mientras otros pasajeros acomodan su equipaje de mano.
  1. Respete las instrucciones: Un pasajero inteligente es consciente de los protocolos de despegue y aterrizaje. No se levanta de su asiento para ir al baño u otro menester antes de que la señal de cinturones se apague y mientras el avión carretea por la pista, como lo hacen muchos pasajeros cargantes que, además, se exponen a que los reten tontamente en público.
  1. No sea ordinario: Un pasajero inteligente no habla por teléfono, no “whatsappea” ni mira el Facebook cuando el avión ya casi está en el aire, y una vez que ya se ha dicho hasta el cansancio que los celulares deben apagarse o usarse en modo avión. Eso, además, es una rotería.
  1. Siempre digno: Un pasajero inteligente no se queja ni reclama porque el pasajero de delante, haciendo uso de su legítimo derecho, reclina su asiento. Si la distancia entre asientos es estrecha, o si se está con unos kilos de más o se lleva una guagua, eso no es problema del que va adelante. Hay que ser digno y asumir que uno vuela de acuerdo a lo que paga. O si no, todo el mundo se iría en business.
  1. Asuma su realidad: A propósito de business, un pasajero inteligente -y con amor propio- no le pregunta a la azafata si se puede cambiar “a lo compadre” a la clase ejecutiva, de haber espacios disponibles. Sabe que no es su realidad y la asume, aunque le joda ver en business a personajes tipo wachiturros, futbolistas flaites o similares que, en el orden lógico de las cosas, no pintan nada allí. También se abstiene de hacer chistes o comentarios lastimosos sobre su maldita suerte mientras transita por la clase ejecutiva a su lugar en la económica, para que lo escuchen los estirados e indiferentes pasajeros de la clase superior, copa en mano.
  1. Agarre las salidas de emergencia: Un pasajero inteligente sabe buscar las salidas de emergencia, que permiten mayor confort. Y sabe buscar la fila que se reclina, ya que a veces hay una fila nefasta de estas salidas que no lo hace. Y si le toca es una pesadilla, sobre todo en vuelos largos. El pasajero inteligente llega al counter debidamente chequeado, pero siempre pregunta si hay una salida de emergencia disponible. Lo malo es que últimamente esta posibilidad está siendo neutralizada por varias aerolíneas, ya que se les ocurrió la ordinariez de cobrar un extra por hacer uso de estos asientos. También existen aplicaciones que ayudan a elegir un buen asiento, dependiendo del vuelo.
  1. Vaya contra la corriente: Un pasajero inteligente que procure algo más de comodidad en la infame clase económica, no pierde la cabeza en intentar viajar en las primeras filas, porque sabe que todo el mundo hace lo mismo, debido a una extraña costumbre masiva de matarse por ir en la parte delantera del avión. Si el avión no va lleno, pide directamente que lo sienten lo más atrás posible, si tiene la oportunidad de ir solo en su fila y optar al “business de los pobres”: estirarse por completo en la fila para ir acostado. Y si además le toca la suerte de una fila de cuatro solitaria, se sentirá viajando en salón cama. El problema es que últimamente no se conocen vuelos vacíos, la bonanza económica ha puesto a los vuelos de larga distancia al alcance de todos, saturando los aviones.
  1. No aplauda: Un pasajero inteligente -y educado- JAMÁS aplaude cuando el avión aterriza, a menos que se trate de una maniobra de emergencia y verdadero peligro, que merezca el reconocimiento del piloto. Esta costumbre pueblerina está bastante arraigada en algunos países de Sudamérica. Afortunadamente, en Chile no. 
  1. Sea VIP: Un pasajero inteligente procurará obtener una tarjeta que le otorgue el acceso a los salones VIP del aeropuerto. Hoy cada día más bancos las ofrecen, así que esos salones dejaron de ser tan “VIP”, pero permiten mayor confort que el resto de la terminal aérea. Y si se piensa bien, entrar a un salón VIP puede resultar mucho más barato que ir a un restaurante o cafetería del aeropuerto, que de por sí son caros. Hay una gran e ilimitada variedad de snacks, café, bebidas y licores. Los sillones son muy cómodos y se dispone de buena internet. Algunos salones cuentan con duchas y espacios oscuros y silenciosos, con tumbonas, para que los pasajeros en tránsito largo puedan echar una pestaña. Todo gratis, por supuesto.
  1. En inmigración: Al llegar a otro país, un pasajero inteligente espera a que pase primero toda la muchedumbre del vuelo por el control migratorio (otra insufrible cola). Va al baño, y luego se sienta a esperar a que la fila vaya acabando. Luego su maleta lo estará esperando tranquila en la cinta.
  1. En el baño: Hablando de baños, un pasajero inteligente nunca entra en el primer baño que ve al desembarcar del avión, ya que todos los otros lo han visto y lo más seguro es que esté repleto, haya que hacer hasta fila y el lugar no huela muy bien. El pasajero inteligente sigue su camino hasta el segundo o tercer baño que se cruce. Mientras más lejos, mejor.
  1. Cuidado con las trampas: Un pasajero inteligente es diestro en los buscadores de vuelos y hoteles en internet, conoce los trucos y detecta ofertas mula. Sabe que si se busca mucho desde un mismo computador, tableta o smartphone, los algoritmos intentarán engañarlo, subiendo repentinamente el precio de un pasaje o alojamiento. Por ello siempre intenta tener acceso a la búsqueda desde dos aparatos paralelos, o borra permanentemente las cookies que permitan hacer un seguimiento a la búsqueda. Además, el pasajero inteligente sabe no caer en la “trampa del low cost”: no se emociona al ver pasajes extremadamente baratos y busca de inmediato el ícono de la maletita, a ver si el ticket incluye o no equipaje. No son pocos los casos de pasajeros distraídos que compran un pasaje a precio ridículo, bendiciendo su buena fortuna, y luego descubren que el valor no incluía la maleta, teniendo que pagarla para después sentirse ellos los ridículos. Un pasajero ducho y hábil sabe, asimismo, que muchos buscadores dan un precio final irresistible sólo utilizando ciertos medios de pago; fuera de ésos, el valor aumenta y mucho.
  1. Huya del low cost: En relación al punto anterior, el verdadero pasajero inteligente huye como puede del low cost. Por dignidad renuncia a aerolíneas que se ríen de la desgracia del viajero hasta casi la humillación, como Ryan Air, Easy Jet u otras. Un pasajero inteligente no soporta ver cómo los viajeros low cost intentan meter infructuosamente mochilas o maletas gigantes a punto de reventar en la rejilla que mide el equipaje de cabina, para no facturarlo. Porque al facturar se acaba el low cost y la línea aérea vuelve a ser normal, sólo que más penca. También sabe que algunas compañías de bajo costo, si por desgracia uno olvidó imprimir el ticket, cobran un dineral por hacerlo ellas.

 

Ya lo sabe. Sea inteligente y evite estos vicios. Seguro que lo pasa mejor.

 

Bruno Ebner, periodista

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

 

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