Estimado lector chileno, si usted tiene amigos extranjeros y puristas del fútbol connacionales, no tenga duda alguna que podría soportar durante años los chistes que el fanático futbolero tiene para estas ocasiones. Como usted bien sabe, intentar calificar a un mundial por escritorio es alimento multiproteico para la mente de los creativos comentaristas del balompié en el asado del fin de semana, o en el WhatsApp del grupo.

Chile es uno de los pocos países latinoamericanos que tiene la cultura de respeto hacia las instituciones que regulan el funcionamiento de la sociedad, y señala con valentía que un reglamento no es letra muerta, sino que existe para cumplirse. 

Dice Mauricio García Villegas en su libro sobre la sociología política del campo jurídico en América Latina, que el incumplimiento de normas existe en todas partes, pero lo que varía es el grado de inobservancia (por ejemplo, cuando a usted no le importa ir chateando con su teléfono en su auto, porque sabe que es difícil que lo pillen). 

Todas las sociedades se acostumbran y toleran su dosis de desacato a las leyes, pero donde la inobservancia es mayor, la producción de normativa crece como si fuera la solución para resolver el problema del no cumplimiento. Paradójicamente, las sociedades que menos cumplen las normas son aquellas que sufren de «inflación jurídica». Dice Villegas que el derecho tiene una capacidad impositiva, esa que quiere Chile que se cumpla, y otra vinculada de los símbolos que evoca, es eso de lo que usted desearía. En las sociedades donde hay una brecha grande entre lo que el derecho ordena, lo impositivo, y lo que la gente hace, existe una tendencia a idealizar el derecho. Esta idealización justifica la pulsión latinoamericana por plasmar en los textos jurídicos la sociedad que queremos, en lugar de la que tenemos. 

En América Latina, en el siglo XVI las normas establecían que el sexo estaba reducido a la procreación en el seno familiar. En la práctica, el adulterio y el concubinato era asuntos corrientes, con entre el 40% y el 45% de hijos ilegítimos. En Europa este número no excedía el 5%, sin una normativa que describiese los usos posibles del acto sexual.

Villegas afirma que en América Latina no existe superioridad del derecho sino un acomodamiento, una negociación entre la ley, moral y costumbres. Las personas desobedecen las leyes cuando éstas entran en conflicto con normas culturales y morales que consideran más importantes. Así, para el latinoamericano promedio ganar la calificación al mundial de Qatar en el campo de juego es más importante que la reglamentación de la FIFA. Hasta es válido engañar a los árbitros, siempre que esto quede al amparo de la bien ponderada picardía criolla, que sabe cómo evadir reglamentos para ganar justamente en el campo de juego, allí donde la realidad se desarrolla. 

Creo que uno de los pilares del tremendo rendimiento macroeconómico que tuvo Chile durante los 90 y parte del nuevo siglo radica en que Chile debe ser uno de los últimos bastiones de América Latina donde la regla tiene valor, y por lo tanto es importante construirla con la mejor calidad posible, porque esta regla es la que regulará el funcionamiento de toda la sociedad, en lugar de las diferentes formas de la picardía criolla.

Si recibe el mensaje de WhatsApp con el chiste sobre la calificación por escritorio, piense que vamos por un valor mayor, ese que contribuye seriamente a la prosperidad del país. Preocúpese por transmitirle a sus cercanos el gran valor que tiene hacer que la regla se cumpla, y que se cumpla de igual manera para todos, sin hacer distinciones. 

*Nicolás Garrido es Director del Departamento de Economía y Administración de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

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