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Publicado el 14 de febrero, 2020

El malestar social, el Islam y las 3i de la pobreza

El FA tiene el mismo problema que el Islam: ve a Satanás en todo y particularmente en la economía. El desconocimiento de la economía lo lleva a propagar ideas falsas y a proponer políticas que suenan bien pero funcionan mal.

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Cuando los musulmanes conquistaron Persia (año 637 a 642), se encontraron con muchos libros científicos. Consultado el jefe musulmán Omar sobre qué hacer con ellos, dio la siguiente respuesta: «Tiradlos al agua. Si contiene sabios consejos, Dios no ha dado mejores. Si estaban equivocados, Dios nos ha salvado de ellos». Desde entonces, el Islam se fue retrasando científica y culturalmente respecto del resto del mundo, y si no fuera por el petróleo, estarían entre las naciones más pobres del orbe.

Al comunismo le pasó algo parecido. Los dictados de Marx negaban la naturaleza humana, la importancia de los incentivos, los precios y los derechos individuales.  Con ello los países comunistas se empobrecieron y retrasaron mientras las democracias capitalistas progresaban y se enriquecían.

Negar la ciencia y el intercambio cultural de conocimientos nos condena al retroceso. Le pasó a los chinos que, habiendo inventado, el papel, el reloj, la imprenta, la pólvora y los viajes transoceánicos, el siglo XV se cerraron en sí mismos, o a España y Portugal que persiguieron y echaron a los judíos en la misma época.

Hoy en Chile vemos diferentes grupos que ignoran la historia y por ideología desprecian la naturaleza humana, la ciencia y la evidencia, y nos están metiendo en un callejón sin salida de subdesarrollo. La recientemente galardonada premio Nobel de Economía Esther Duflo nos enseña en su libro “Repensar la pobreza” que ésta se explica por tres razones, que ella resume como las “3i”: ignorancia, inercia e ideología.

La pobreza se supera con más y mejores trabajos, lo que requiere inversión privada y con más y mejor educación, que demanda un consenso y un esfuerzo social, político y cultural público y privado. A esos dos elementos centrales del desarrollo los atacó Bachelet II, generando un  malestar social en Chile que se transformó en profecía autocumplida. Duflo diría que no pudimos escapar a sus 3i: por ignorancia Bachelet II destruye el crecimiento económico; por ideología le corta las alas a la educación privada, y por inercia el Estado no corrige la salud pública o los cientos de programas sociales mal evaluados pero que ayudan a alguien que los defiende o tienen un padrino poderoso, con el cual nadie se quiere pelear.

Las 3i las estamos viendo y sufriendo todos los días. Un diputado del Frente Amplio, confesaba que en esa coalición no se discutía de economía porque eso era considerado “neoliberal”. El FA tiene el mismo problema que el Islam: ve a Satanás en todo y particularmente en la economía. El desconocimiento de la economía lo lleva a propagar ideas falsas y a proponer políticas que suenan bien pero funcionan mal.

Hoy la agenda política la pone el FA y el PC, acompañados de opinólogos de matinales que hablan a “tonkas y a lokas”. Esa combinación letal de 3i acompañada con la otra “i” de “influencia” nos llevará por el camino de la pobreza. No a ellos, desde luego, que seguirán profitando generosamente de su popularidad, pero sí a la gente de la calle que es la que padece las 3i.

La gente, por supuesto, está molesta. Lleva 5 años estancada. Bachelet II mutiló el crecimiento del país, ahogando la inversión con altos impuestos, la creación de empleo con regulaciones y el aumento de remuneraciones con inmigración. En educación puso fin al desarrollo del mayor factor de movilidad social del país impidiendo el copago, prohibiendo el emprendimiento y desfinanciando con gratuidad la educación superior.

La ignorancia condenó al islam, la ideología al comunismo y la inercia a China. Nuestros políticos parecen estarse peleando cuál “i” elegir para Chile. Es hora que el mundo privado saque la voz, eduque a la gente y emplace al mundo público; si no las 3i nos van a condenar a la pobreza y el subdesarrollo y lo peor, quedarán escritas en la Constitución.

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