Bombo Fica, como buen comunista amigo de lo ajeno, una vez le robó un chiste a Coco Legrand ridiculizando la cueca, como si fuera una danza de giles que dan saltitos, se agarran del brazo y se mandan a cambiar. Pero, como todo baile, la cueca es ridícula si ridículo es el bailarín. Si, por el contrario, quien la interpreta es un “guapo y varón”; un “gallo entre los gallos”, la cueca puede llegar a ser más sensual que el tango o más alegre que la cumbia, dependiendo del contexto.

Vi su baile, señor presidente; menos brillo que zapato de gamuza. De poco sirvieron las clases que tomó mientras a cuadras de La Moneda una centena de mocosos seguía jodiéndole la vida al santiaguino de a pie. Pero su ridícula performance no es culpa del coreógrafo que se ofreció a enseñarle. La cueca no se aprende a la rápida; para bailarla decentemente hay que sentirla, hacerla propia, y ojalá no solo en la tercera semana de septiembre. La gran Margot Loyola dijo que para ella la cueca «es alegría, tormento, pasión y embrujo…/ Es única y personal/ Transforma al que la baila, sin transformarse ella misma en su esencia íntima».

Lo invito el día que quiera —ya que el ocupado es usted o debería ser usted— para que vayamos al Huaso Enrique, donde se baila cueca todo el año. Poniéndonos a tono con el borgoña tan rico que sirven allí, me cuenta sus penas y yo le cuento las mías. Pero, de momento, vayan estos tres consejos para que mejore en sus próximos encuentros.

Primero, nunca pierda de vista los ojos de su pareja. Cuando nos perdemos en los ojos de una mujer, cada parte del cuerpo hace lo suyo, sin la necesidad de estar recordando los pasos de forma mecánica.

Segundo, si sigue blandiendo el pañuelo con el brazo seguirá pareciendo un orangután espantando moscas. El pañuelo se mueve con la muñeca. Sé que la muñeca no ha sido lo suyo en estos primeros 6 meses. Pero quién sabe si por la práctica termina mejorando en otros menesteres.

Por último, las vueltas se hacen lentamente y solo perdiendo de vista a la niña en las milésimas de segundo en las que giramos sobre nuestro propio eje —movimiento que, reconozco, se le dio muy bien en el cambio de mando—.

Los otros consejos se los doy en El Huaso Enrique sin falta. Me despido con las palabras del cuequero más grande de la historia de Chile, el inmenso Hernán “Nano” Núñez, quien en 1994 a los alumnos de la Cato de Valpo dijo, entre otras cosas, lo siguiente: «La cueca es muy linda, pero algunos parecen que andan limpiando los muebles con el pañuelo… No [le] dicen cosas a la mujer con él… El pañuelo debe darse vuelta a la derecha y el pañuelo habla». Ya escuchó a Nanito, su excelencia: si quiere tener éxito no debe darse vuelta a la izquierda, si no a la derecha. El pañuelo, claro está. ¿Pero solo el pañuelo?

*Juan L. Lagos, investigador de la Fundación para el Progreso

Juan Lagos

Investigador FPP

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