Carta 1

– Los quise ayudar y no quisieron. Y digamos que no son fáciles de ayudar la manga de… ahora tengan la gentileza de depositar su invitación en la pluri…

– Pero don R, no podemos poner eso.

– Bueno, escriba entonces: “Prefiero dejar mi lugar a otra persona que lo requiera más que el suscrito”.

Carta 2

– Yo no estoy pa’ estar yendo a ese espectáculo… diles que pa’ la otra.

– ¿Contestamos eso don E?

– «Si bien agradezco su invitación a la Sesión de Pleno de la Convención Constitucional del próximo 4 de julio, en esta ocasión no participaré».

Carta 3

– Don S, tenemos que contestar ya.

– Espérense que me está quedando regüena…

– “Con respecto a su invitación a asistir a la ceremonia del 4 de julio, creo que la forma confusa y contradictoria en que se invitó a la y los ex presidentes no honra la tradición de respeto republicano de nuestro país”.

No tenemos Carta 4 porque doña M, fiel a su estilo de juego en que “pasar” y callar son estrategias con excelentes resultados, no quiso dejar algo por escrito. No vaya a ser que se lo cobre alguien después. Su carta, de cualquier modo, es innecesaria; ya se ha declarado partidaria de aprobar el engendrito, aún sin leerlo. 

Las 3 cartas que tenemos son suficientes para dejar claras no solo las personalidades y estilos epistolares de cada expresidente, sino que además, y más importante aún, que en esta pasada la CC pierde por ¾.

Cuesta comprender el actuar de la CC en algo que era tan evidente para todos. ¡Era tan fácil hacerlo bien! 

Últimamente he escuchado mucho compatriota bien intencionado mirar al horizonte y preguntarse: ¿cómo es que la CC es capaz de meter tanto las patas? ¡Y tan vistosamente! Porque culpar al aforo debe pasar a la historia como una de las excusas más ordinarias desde “estamos juntos por los niños”. Lo que estos mismos compatriotas no ven, o no quieren ver, es que Chile, tal y como lo entendemos -y algunos hasta valoramos-, no significa nada para ellos. ¡Aquí vinimos a refundar miércale! Vale decir que los expresidentes, los gestos republicanos y todo aquello que nos une como chilenos valen para ellos tres hectáreas de… nada. Y si bien el problema es que solo lo han dicho clarito los más soberbios y/o menos avispados (es buena esa mezcla), en esta pasada ni se esforzaron por ocultarlo mucho…

Con el desaire a los expresidentes dan muestra, una vez más, de su desprecio por nuestra historia y destierran a los adultos. Esto último queda magistralmente de manifiesto en la carta del expresidente don R. ¿La leyeron? Es perfecta. Es incluso pedagógica y deja extremadamente claro que para evacuar el engendrito famoso rechazaron consejos y ayuda razonables. Se permitieron ningunear a alguien de quien incluso sus adversarios políticos jamás podrán negar sus méritos intelectuales, académicos y políticos. Sumen a eso epistolares. ¡Qué manera elegante de guanearlos!

Entonces, cada vez que empiecen con que “hay que separar el texto de quienes la redactaron”, recordemos estas tres cartas como el gran final de esta CC, que retrata a la perfección el espíritu que inspiró a esta nueva constitución. Y eso, ni con todas las armonizaciones, reformas futuras, la piedra filosofal, las gemas del infinito, ni juntando todas las esferas del dragón, se puede corregir. 

Esta pitonisa desea intensamente ser como don R cuando grande. Por mientras, me declaro chilena, mestiza y deseosa de ver un Chile mejor, por lo que, amiga, amigo, le rogaría que no considere mi voto para su sueño refundacional.

Con especial afecto, 

K-Sandra

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