Papito, papurri, papá y el señor Padre están instaurados en nuestra historia incluso antes que Adán y Eva, que curiosamente tenían solo padre y eran huérfanos de madre (Diosa Madre no existía y recién nos vinieron a dar pelota en el 1900).

Era Dios Padre Todopoderoso quien fue y ha sido el que dirige, crea y sponsorea los 10 mandamientos y la vida eterna, amén. Ahora bien, igual Dios Padre Todopoderoso debió pegarse el alcachofazo de entrada y saber que no íbamos a hacerle mucho caso, porque si le pidió a Adán una sola cosa, que no comiera del fruto prohibido, y se lo comió igual, menos iba a cumplir los otros diez mandamientos. Es lógico, en fin.  

El rol de padre ha sido desde principios de la historia poderoso y ostentoso, otorgándose todos los cargos y poderes de importancia y autoridad. 

Tenemos un universo de padres… Están los padrecitos en las parroquias, sin haber sido papas jamás (que uno sepa). 

También tenemos al Padre de la Patria, que está dispuesto a dar la vida por ella, pero sin embargo muchas veces no la supo dar ni a sus hijos (la caridad parte por casa, papito). 

Tenemos a Papá Noel, quien viene una vez el año. Ojo aquí: viene en trineooo tirado por renooos, y entra por la chimenea con regalos en verano, chúpate esa.

También tenemos al Papa John’s, que nos trae unas pizzas de la puta padre.

En lo internacional, tenemos a Daddy Yankee, que perrea hasta lo más bajo. 

Y para cerrar, tenemos la joya, el papito corazón, que lleva una vida sin pagar pensión. 

Está lleno de padres, por todos lados, pero no todos son buenos padres. 

Es cierto que hay mil maneras de ejercer la paternidad sin tenerla y es a esos hombres que quiero celebrar y mirar hoy. Los que han tenido el poder en sus manos y han sabido usar ese poder en educar y generar afectos y cuidados con hijos que han engendrado y con los que también han adoptado y amado. 

Hoy hay muchos padres que están en el banquillo de los acusados, siendo observados y juzgados por miles de años de abusos y pasadas de varios pueblos donde no supieron manejar ese precioso poder y regalo de la paternidad y es esta una nueva oportunidad de poder volver a mirarse y reformarse. 

Hoy, las plazas y casas están llenas de padres que contienen, cuidan, protegen, enseñan y limpian rodillas y lágrimas, leen cuentos, dan besos y abrazos. Eso no les quita ni un poco de poder, sino que, muy por el contrario, lo aumentan sustancialmente en lo que importa realmente. 

Esa seguridad, esa conexión con las raíces de protección es transmitido hacia sus hijos, que a la vez serán más seguros y amorosos, y cuidarán mejor a su tribu, país y familia. 

Hoy celebro al padre amoroso y cariñoso que no se siente menos por dar besos ni abrazos o algún consejo del corazón. Al padre que tiene la fortaleza de dar y quitar lo necesario para hacernos mejores hijos y personas.

Yo tengo al mejor papá del mundo y es a él a quien miro y admiro. El que me tomaba la manito para cruzar los vagones del tren y me daba un besito sin pudor cuando estaba triste, que supo ponerme límites basado en el ejemplo y el cariño, el que me enseñó que el amor es incondicional y que el día que no esté habrá dejado en mí y mis hermanos la mejor de las crianzas para poder replicarla y aumentarla por los siglos de los siglos amén. 

Hoy tenemos a un padre de la patria, nuestro presidente, que aún no es padre biológicamente, pero tengo la esperanza que lo sea ideológicamente y cuide a estos hijos y a su país con el cariño y la mano firme en poner límites necesarios para ser un país y pueblo cada día mejor. 

Feliz día y vida papá. 

Deja un comentario

Cancelar la respuesta