Hay un mundo around the world de diferencia. 

Porque en Chile no es lo mismo decir «los huevos frescos de la gallina» que «adonde vai’, weón fresco, con esa gallina»…

Chile no se queda atrás en la vanguardia, pero en versión artesanal. Hemos ido lenta y preocupantemente instalando máquinas de autoservicio que, como bien dice, hacen que uno mismo deba auto gestionarse, realizarse, pagarse y la mayoría de las veces equivocarse. Es como transfomarse en un pequeño pyme fracasado en la vida de cada uno. Estas maquinas de auto servicio están repartidas en supermercados, aeropuertos, bombas de bencina, bancos… 

Ahora bien, si antes, de 15 cajas había dos abiertas, ahora son 15 máquinas y solo 4 funcionan bien… y dos son para pago solo en efectivo, una para el adulto mayor y otra para las mascotas que hablen gerigoncio… O sea, va quedando una para atención a público general. 

No es que el sistema antiguo fuera mejor. Igual habían solo tres señoritas atendiendo al supermercado entero, y solo dos de ella en forma presencial, porque la otra estaba mirando el celular o lidiando con el jefe de sección que le pide anunciar por micrófono con voz de Matahari que en el pasillo 14 la comida de perro esta con 15% descuento… ¡que mal utilizado los recursos! Con esa voz sexy, que la tiren a promocionar champañas o gel de baño… la comida de perro perfectamente la puede anunciar Jefferson de Costa Rica, y liberar a la señorita del micrófono para atender la caja 4… pero estamos en Tontilandia.

Hoy la mayoría de nuestros servicios presenciales son máquinas, tan ajenas al chileno. Yo prefiero lidiar con una persona de preciosas pestañas lilas y uñas verde limón antes que con una máquina. Máquina que, por lo demás, funciona como mi ortografía. 

No sé si la de acá será la misma allá. La máquina de USA u Holanda funciona bien porque la gente nació con manual aprendido en el ADN. Acá no sé si las compramos en una licitación trucha o son las que dieron de baja en Bolivia. Aquí seguimos con el cerebro en el Antiguo Testamento y el manual de cortapalos del 76. Cuando nosotros vamos por los jeans, ellos ya se hicieron los shorts.

Es cierto que en Holanda está lleno de máquinas que funcionan espléndido, pero carecen de malabaristas en las esquinas y cumbias en el metro. Francamente es una real lata. 

En el aeropuerto ya no hay mas counters y ahora hay que hacer todo en una máquina que si no tomaste clases con algún hijo o nieto, olvídate que vas a lograrlo. Te pide lo mismo que la señorita, pero de mal modo y con botones. Temo que en mi próximo viaje tenga que pilotear sola el avión mientras me preparo un Campari en la super super economic class… 

Esto de autogestionarse todo tiene sus ventajas, pero a mí me tiene francamente podrida. 

¡¡Que vuelvan las cajeras!! 

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